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24/05/2014 09:41 CEST | Actualizado 23/07/2014 11:12 CEST

Por qué voy a votar el domingo

Se ha puesto muy difícil contrarrestar los argumentos de la desafección, del hastío con los políticos, del alejamiento del proyecto europeo... y sin embargo, por muy básicas y obvias que puedan parecer mis razones, yo pienso ir a votar. ¿Por qué? Primero, por principio. Porque creo en la democracia.

De tanto repetirlas, las cifras de abstención en las próximas elecciones europeas van a ser un ejemplo perfecto de profecía autocumplida. Realmente, se ha puesto muy difícil contrarrestar los argumentos de la desafección, del hastío con los políticos de cualquier signo, del alejamiento del proyecto europeo... y sin embargo, por muy básicas y obvias que puedan parecer mis razones, yo pienso ir a votar. ¿Por qué?

Primero, por principio. Porque creo en la democracia. Porque, pese a todo, sigo dándole a cada uno de nuestros votos el valor que tiene como principal acto de participación política. El otro día me decía un amigo: "Por primera vez en mi vida, no voy a votar. Creo en el sistema, pero no creo en los políticos". Perfectamente comprensible, cuando cuesta ver más allá de la mediocridad y de la mezquindad política que nos rodea. Pero no podemos dejar que los que no creen en el sistema se hagan con él para destruirlo desde dentro. La Historia ha mostrado que los resultados suelen ser terribles.

Segundo, porque creo en España. Somos el quinto país, por peso económico, de la Unión. Sigo convencida de que podemos aportar mucho más que el seguidismo a las políticas que marquen otros; es cierto que la crisis nos ha dejado más que tocados, casi hundidos, en nuestra voluntad y nuestra capacidad de pensar y hacer Europa. Pero también que en la medida en que la gente sepa, opine, hable y se involucre en hacia dónde va la Unión, será más viable ir aportando una visión propia. Y el voto para la composición del Parlamento es un primer paso.

Tercero, porque creo en Europa. No sé si será parte de ese europeísmo naive que ha caracterizado a la sociedad española desde nuestra llegada a las instituciones europeas, pero sigo pensando que un proyecto conjunto nos coloca mejor frente a los nuevos desafíos. El reto inmediato es salir de la crisis, generar empleo, ocuparse de toda esa gente que ya roza la pobreza, en un país del primer mundo y en pleno siglo XXI. A todo ello puede y debe contribuir una auténtica política europea. Pero además, si no lo vemos en un contexto más amplio, no podremos participar en la definición de un mundo que se nos viene encima, y que no siempre pinta muy bien. Es posible que incluso unidos, los europeos no seamos capaces de hacer valer unos valores que considerábamos universales -el bienestar, la solidaridad, el respeto por los derechos humanos, la equidad-; pero es absolutamente claro que cada uno por su cuenta no tendrá ni la capacidad de intentarlo.

Porque no quiero que caigamos en manos de los populistas que esgrimen la bandera de la xenofobia, el proteccionismo, la exclusión como vías para alimentar los miedos de unas poblaciones que llevan ya muchos años, antes incluso de la crisis, inmersas en la incertidumbre y en busca de respuestas claras a sus preguntas. Lamentablemente, muchos de estos grupos, en toda Europa, han manejado mejor los mensajes y han apelado a las preocupaciones reales de la gente, mientras que los partidos tradicionales parecían preocupados, principalmente, por mantener su asiento. Y aunque en el fondo no sean tantos, la dejación de otros puede envalentonarles y hacer oír su voz muy por encima de su representación real. Es cierto que en España, por suerte, no hay partidos eurófobos, pero la abstención se perfila como un voto de castigo a la política nacional.

Desde luego el ambiente no acompaña. No es que nadie esperara una campaña mínimamente interesante, que tratara de devolver a los ciudadanos alguna razón de ser Europa; pero es que lo que estamos viendo, polémicas apare, es el ensalzamiento del vacío. Sigue siendo vergonzoso que apenas se hable de los temas decisivos para el presente y el futuro de la Unión. En esta ocasión, sin embargo, ya se han visto atisbos de una cierta política europea. El mismo hecho de que se haya puesto rostro a los candidatos de cada partido a presidir la Comisión y de que sus debates, aunque con poca audiencia, hayan podido verse en todos los países son pasos positivos.

No concibo no apostar por una Europa más fuerte. Por eso, voy a votar el domingo. Por cierto, que ese día votarán también a sus representantes democráticos los ciudadanos de Ucrania, Colombia, Lituania y Bélgica.

#CuandoElDescansoEsUnSueño