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30/12/2013 07:43 CET | Actualizado 28/02/2014 11:12 CET

El foco, en los emergentes

Una vez que el área euro, especialmente sus países periféricos, han dejado atrás la recesión, las previsiones anticipan que, por primera vez desde el inicio de la Gran Recesión, todos los países aportarán crecimiento a la economía mundial. Son las economías emergentes las que pueden comenzar ahora a ser foco de riesgo.

Una vez que el área euro, especialmente sus países periféricos, han dejado atrás la recesión, las previsiones anticipan que, por primera vez desde el inicio de la Gran Recesión, todos los países aportarán crecimiento a la economía mundial. Si bien no se puede descartar el riesgo de recaída en España o Italia (vinculado a una excesiva consolidación fiscal), son otras economías, como Francia y Holanda, las que pueden decepcionar. Aunque sin la magnitud suficiente como para abrir una nueva "crisis de deuda en la UME", la debilidad de estos dos países núcleo podría intensificar el debate sobre la necesidad de que el BCE se adentre en la política monetaria no convencional.

Sería muy significativo que lo hiciera en el año en el que la Reserva Federal (Fed) va a desmontar los programas de compra de activos de renta fija que inició a finales de 2008, los denominados Quantitative Easing (QE). Mediante estos, el banco central ha emitido dinero (de forma más técnica, base monetaria) con el que ha comprado bonos emitidos por agencias hipotecarias de EEUU (Fannie Mae y Freddie Mac) y por el Tesoro por un importe equivalente al 25% de PIB del país. El banco central se ha convertido así en inversor a vencimiento de instrumentos de renta fija, asumiendo en consecuencia el riesgo de impago, con la intención de condicionar el nivel de tipos de interés a largo plazo.

Con una economía creciendo a ritmos del 2%, una tasa de paro a la baja (aunque todavía en el 7%) y, sobre todo, ausencia de riesgos para la estabilidad de los precios al consumo (el IPC crece al 1% interanual), es tiempo de ir pensando en retirar la herramienta más representativa de la política monetaria no convencional. En esto consiste el tapering: en la reducción gradual de las compras mensuales de bonos por parte del banco central. Según anunció el pasado 18 de diciembre, desde los 85.000 millones de dólares mensuales que ahora adquiere hasta los 75.000 millones a partir de enero. En definitiva, la Fed seguirá aumentando el tamaño de su balance (actualmente de 4 billones de USD ), pero cada vez a menor tasa hasta dejar de hacerlo, previsiblemente, antes de que termine el año.

He aquí uno de los principales retos para 2014: el impacto que la reducción del volumen de compras mensuales tendrá sobre la economía y los mercados financieros, pero no solo los de EEUU. Cuando el pasado mes de mayo el presidente de la Reserva Federal anticipó que tarde o temprano tendría que iniciar el tapering, en los mercados de renta fija asistimos a un importante repunte de los niveles de rentabilidad: 150 puntos básicos en el tramo a 10 años de EEUU (75 puntos básicos en su homólogo alemán). Las bolsas corrigieron, aunque la mejora de los beneficios empresariales permitió una recuperación posterior que ha servido para que el año cierre con importantes revalorizaciones y con índices como el S&P 500 en máximos históricos.

Mayor impacto y menor capacidad de recuperación posterior han mostrado los activos financieros de los países emergentes, sin duda la gran decepción de 2013 y el principal riesgo para 2014. Si hace algo más de un año el foco de atención estaba en una potencial ruptura del área euro, ahora se ha desplazado hacia las economías BRIC (Brasil, Rusia, India y China). A las señales de moderación en el crecimiento mostradas por China en los últimos 4 años se ha sumado la incapacidad de reactivación de economías como la brasileña, cuyas variables financieras (especialmente la divisa) se han visto muy afectadas por la anticipación de la retirada de los estímulos monetarios de la Fed antes comentada. Pero no sólo se ha depreciado el real: la rupia de la India y de Indonesia, junto con el rand sudafricano, han perdido valor. El elemento en común de estas cuatro economías es que presentan déficit por cuenta corriente, es decir, necesitan financiación del exterior.

Hemos vuelto a comprobar, por lo tanto, los efectos de un frenazo en los flujos de inversión en activos, lo que se denomina un sudden stop. Los países periféricos de la UME también lo sufrieron, y como el euro no se depreció, el efecto sobre los tipos de interés y el PIB fue superior al que ahora hemos visto en los principales países emergentes. Pero no en el de mayor tamaño. Las variables financieras chinas han sido las que menos han sufrido por el tapering, sin duda por las abultadas reservas de su banco central. Pero aquel país no se ha librado de las tensiones, aunque centradas en su mercado interbancario, donde los problemas de liquidez han disparado los tipos de interés obligando a las autoridades a intervenir. Una señal más de que las economías emergentes podrían comenzar a ser foco de riesgo, ahora que EEUU y la UME generan señales positivas (o no tan negativas).