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07/06/2018 07:35 CEST | Actualizado 07/06/2018 13:54 CEST

La traducción de un Gobierno a la portuguesa: la geringonça española

Dani Gago

La primera moción de censura que sale adelante en la democracia española ha reactivado el debate del cambio progresista. Las expectativas son altas para revertir las políticas de austeridad y la legislación conservadora que ha impulsado el Partido Popular en estos últimos siete años. Pero, al mismo tiempo, se percibe cierta desconfianza ante la posible crónica de otro desengaño. Porque como señala Boaventura de Sousa Santos, los partidos de izquierda cuando llegan al Gobierno, ya sea por no tocar los privilegios de las élites o por condicionar las políticas sociales al crecimiento económico, suelen truncar sus promesas de cambio. Hay muchos ejemplos en todos los continentes y la gente, al contrario de lo que se cree, tiene memoria. Sin embargo, la geringonça funciona a contracorriente del diktat y representa un paradigma para la unidad de las izquierdas.

La izquierda, como describe Antón Losada, está acostumbrada a hacer autocrítica cuando la derecha le marca el ritmo, porque a diferencia de ésta no ha nacido para mandar. Esta autocrítica descarnada se caracteriza en numerosas ocasiones por tirar piedras sobre el propio tejado y en ocasiones sobre el del vecino. Los desencuentros de las izquierdas en 2016 terminaron por producir una fragmentación total en sus relaciones. El punto de inflexión fue el pacto de gobierno entre el PSOE y Ciudadanos que, tal y como reconoció posteriormente Pedro Sánchez en una entrevista televisiva, fue su principal error. La propuesta estaba cimentada en un acuerdo programático que podríamos definir como una propuesta "neoliberal progresista".

El abrazo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias confirmaría el esperado encuentro entre los líderes de las izquierdas

Durante este tiempo ha habido cambios en ambas formaciones, Podemos ha ido madurando en su paso por las instituciones y el PSOE, después de una larga travesía, llevó a cabo el giro a la izquierda que le reclamaban sus bases. No obstante, lo que realmente ha pasado es el tiempo, que suele ser el mejor cicatrizante, puesto que la cuestión catalana actuó como congelante de los primeros pasos que se estaban dando en la formación socialista al respecto. Así pues, el gesto del abrazo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias confirmaría el esperado encuentro entre los líderes de las izquierdas y su objetivo común de desalojar al PP de la Moncloa.

Los acontecimientos de la última semana han desembocado en que algunas voces reconocidas hayan puesto como ejemplo el modelo portugués. Iñaki Gabilondo abogaba en su columna por el entendimiento a la portuguesa y en cómo se ha pasado de la inicial connotación negativa de la palabra "geringonça" a poner en valor su complejidad. También hay quienes prefieren enfocarse en los aspectos negativos, considerando que la mayoría parlamentaria que aprobó la moción de censura ha sido fruto de una "coalición del rechazo", o, como utiliza en sus argumentarios la derecha, un gobierno Frankenstein. Esta última posición no alberga ninguna esperanza.

Una vez conseguida la prueba contra la inevitabilidad de la austeridad, la "nueva geringonça" será más exigente en las futuras negociaciones

El balance que hacen las izquierdas portuguesas sobre la geringonça es positivo, si bien es cierto que varía su grado de satisfacción y su futura forma en cada una de las formaciones políticas. El Partido Socialista (PS) es el más optimista. António Costa defiende la continuidad de esta alianza más allá de los próximos resultados electorales, incluso con una hipotética mayoría absoluta, dejando abierta la puerta para otras evoluciones, aunque prefiere seguir con la misma relación. El Partido Comunista (PCP) es el más distante, su posición en contra de firmar un acuerdo equivalente en el Ayuntamiento de Lisboa respondió a una lectura crítica de sus malos resultados en las elecciones municipales. No obstante, su líder, Jerônimo de Sousa, valoraba la posibilidad de formar algo parecido, mostrándose escéptico con la reedición idéntica de la geringonça una vez superado el momento coyuntural de los ajustes de la troika.

El Bloco de Esquerda (BE) mantiene una relación dialéctica y prefiere articular su estrategia política en acuerdos programáticos y calendarizados. Catarina Martins reconoce las conquistas sociales y sobre todo las líneas rojas a los recortes gracias a la vigilancia de las izquierdas; mientras, su crítica se focaliza en la falta de avances legislativos en las áreas de salud y trabajo, así como la mínima inversión en vivienda. Por tanto, queda claro que, una vez conseguida la prueba contra la inevitabilidad de la austeridad, la "nueva geringonça" será más exigente en las futuras negociaciones.

Es ahora cuando llega otro momento político más estratégico si cabe: los acuerdos entre las izquierdas

En toda esta experiencia, el arte de la política, es decir la negociación, ha sido una constante como demuestran las más de mil reuniones parlamentarias celebradas desde 2015, tal y como reconoce una de las figuras más destacadas del Gobierno, Pedro Nuno Santos. El PCP dejó de lado su desconfianza histórica con el PS y apostó por una estrategia política del "cuanto mejor, mejor". El BE pasó de su confrontación con el PS por la aplicación de las políticas de austeridad a una política programática de acuerdos concretos. Y el PS abdicó de su programa liberal económico con el que se presentó a las elecciones generales y una vez en el Gobierno ha promovido la construcción de la cuarta vía de la socialdemocracia, refrendada en los dos últimos congresos (2016 y 2018).

La dicotomía planteada por Pedro Sánchez para aprobar la moción de censura se enmarca en la lógica bipartidista. Y, aunque el interés general de echar de las instituciones públicas al Gobierno de Rajoy ha sido prioritario, la segunda moción de censura anunciada por Pablo Iglesias fue definitiva para presionar al PNV. Es ahora cuando llega otro momento político más estratégico si cabe: los acuerdos entre las izquierdas. A medida que se ha ido conociendo el equipo de ministros y la falta de diálogo entre el PSOE y Podemos, se va despejando la hipótesis conservadora.

En el horizonte existe la posibilidad de construir un nuevo socialismo del Sur de Europa

La ausencia de cualquier pacto ya sea para formar una coalición dentro el ejecutivo o con apoyos desde fuera mediante acuerdos programáticos, significa una oportunidad perdida para crear experiencias que permitan a largo plazo acuerdos más duraderos. La izquierda no está tan mal como algunos han pronosticado, el PP ya no tiñe el mapa político de azul, pero el miedo se respira en el aire, nunca se ha gobernado con 84 diputados y con apoyos puntuales.

Por tanto, no se trata de extrapolar la realidad portuguesa a la española, pues difiere tanto en la cuestión plurinacional como en la correlación de fuerzas de las izquierdas. Lo que se trata es de traducirla políticamente. En el horizonte existe la posibilidad de construir un nuevo socialismo del Sur de Europa fundamentado en la unidad de las izquierdas. La era de los pactos cambió los sistemas políticos de las democracias liberales y por ende las relaciones entre los partidos-movimientos emancipatorios, la izquierda clásica y la socialdemocracia progresista.

LA NATURALEZA SÍ QUE SABE