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24/11/2018 09:33 CET | Actualizado 24/11/2018 09:33 CET

Los presupuestos generales del modelo ibérico en el momento autoritario global

La Comisión Europea lo ha vuelto a hacer. Bruselas considera que los Presupuestos Generales presentados por España y Portugal ponen en riesgo el cumplimiento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento debido a que sus déficits estructurales no garantizan la consolidación fiscal. No importa que el año pasado los informes técnicos de la Comisión fueran menos acertados que las estimaciones del gobierno portugués. Las críticas de António Costa a Pierre Moscovici no le preocupan, hasta reconoce que estaría "encantado" si las previsiones europeas vuelvan a fallar. Lo que parece que sí que importa es la capacidad de ejercer presión y control sobre las economías para llevar a cabo más ajustes o en el caso español que el Gobierno desista definitivamente en presentar los presupuestos.

Este comportamiento "clásico", como definió Costa después de recibir este nuevo aviso, ha ido fragmentado la hegemonía neoliberal de la Unión Europea en el Sur de Europa. Un malestar que el Bloco de Esquerda y Podemos han canalizado a través de la idea del europeísmo de izquierdas que tiene como principal valor la soberanía democrática. Por contra, el rechazo histórico de la Comisión Europea a los presupuestos italianos es un caso paradigmático de cómo la extrema derecha refuerza el euroescepticismo a través de su propuesta nacional-popular fundamentada en la lepenización de los espíritus. Dos modelos políticos antagónicos en plena construcción que en las próximas elecciones disputarán el futuro de la democracia y del proyecto de la Unión Europea.

Por tanto, desde una perspectiva progresista cabría formular la siguiente pregunta: ¿están emergiendo en España y Portugal acuerdos políticos de largo recorrido, que permitan construir un modelo progresista para hacer frente al neoliberalismo y su reverso autoritario en la Unión Europea? Los tiempos de transición exigen respuestas con la misma intensidad que las denominadas preguntas fuertes. De lo contrario, el viejo mundo no termina de desaparecer y se cosifica con las posiciones continuistas o en el peor de los casos con aquellos que pretenden un regreso al pasado.

El reciente ascenso del ultraderechista Jair Bolsonaro, en una democracia que parecía haber dejado atrás las pulsiones autoritarias, representa otro ejemplo más de la capacidad de mutación de las fuerzas reaccionarias para envolverse con el programa neoliberal e instaurar una nueva era global posdemocrática.

La composición del próximo Parlamento Europeo y los propios grupos parlamentarios serán muy diferentes en la próxima legislatura.

Comparto con Pepe Mujica cuando responde en una entrevista periodística durante su última visita al viejo continente, revelando su deseo de disponer de un sistema como la Unión Europea para América Latina. Porque a pesar del dominio tecnocrático de sus instituciones y su neoliberalización, la Unión Europea sigue siendo hasta ahora el espacio geopolítico con más garantías para el ejercicio de los derechos fundamentales, el modelo social y la democracia.

Los acuerdos de gobierno entre las izquierdas portuguesas representan una de las experiencias políticas más significativas para responder al desafío de recuperar la democracia. Por un lado, esta solución de gobierno pone fin en Portugal al "arco de gobernabilidad", el sistema político que excluye sistemáticamente a los partidos a la izquierda del Partido Socialista para alcanzar grandes acuerdos, un límite que ha tendido a favorecer los pactos de gran coalición y que supone una clara merma para la construcción de alternativas de cambio. Por otro lado, en el plano europeo, se confirma que se puede gobernar dentro de la Unión Europea sin aplicar las políticas de austeridad. Y aunque en política, no se ha de considerar nada por cerrado hasta su aprobación, el cuarto presupuesto de la legislatura cuenta con la disposición favorable de las izquierdas.

Los presupuestos en Portugal han sido el eje estratégico para que funcione la denominada geringonça. Las subidas progresivas del SMI en estos años y la previsión de superar el acuerdo que fija en 600 euros en el año 2019 -el Gobierno ya habla de esta cifra como punto de partida- refleja cual es el camino alternativo a las políticas de austeridad. Porque para que este modelo haya sido posible se han tenido que rebasar las metas de consolidación fiscal en 2016 en 300 millones de euros, 1.250 millones de euros en 2017 y 600 millones de euros en 2018. No obstante, si no se consiguieron más avances, fue precisamente porque este límite sigue estando en el horizonte del Gobierno, que prefirió contener la inversión pública en algunos sectores. En este ejercicio el déficit se aproximará a cero (0,2) y la deuda pública descenderá diez puntos respecto al año anterior hasta situarse en 118,5%. Esto no significa que alcanzar el déficit cero sea en sí una meta, porque en este caso se ha dejado de invertir un montante económico que estaba dentro de los objetivos, pero desmonta el mito de los ajustes y su correspondencia con el crecimiento. Respecto a la deuda, el Gobierno perdió la oportunidad de elevar a las instituciones europeas las conclusiones del grupo de trabajo parlamentario (en el que participó el Partido Socialista) para avanzar en una propuesta de reestructuración. En ambas cuestiones, la socialdemocracia sigue sin cuestionar de forma contundente el Pacto Fiscal que condiciona su propio programa. Esta es la parte débil de la respuesta de la unidad de las izquierdas que es preciso desbordar desde las fuerzas emancipatorias.

En este sentido, el fundador del Bloco de Esquerda Francisco Louçã defendía esta vía para priorizar medidas concretas calendarizadas en el corto plazo frente a una estrategia que anteponga el programa de máximos sobre el futuro de la Unión Europea, una cuestión marcada actualmente por su incertidumbre, en la que, a pesar de los acercamientos en el diagnóstico, las soluciones duraderas se irán dirimiendo en la disyuntiva entre la austeridad o las personas.

La unidad de las izquierdas no es un punto de partida como estructura el pensamiento moderno, es un punto de encuentro que está en construcción para la emancipación del Sur.

La propuesta conceptual de Boaventura de Sousa Santos de las pluralidades despolarizadas para articular la diversidad característica de las izquierdas y superar sus elementos de polarización se enfoca también desde una mirada pragmática que permita el avance de las fuerzas emancipatorias a través de programas de mínimos (no minimalistas) y acuerdos amplios a diferentes escalas. En ese espacio temporal, se puede fraguar la idea que propone el sociólogo portugués de revolucionar la democracia y democratizar la revolución, sin que las diferencias entre las posiciones reformistas o rupturistas colapsen en la dinámica tradicional de las izquierdas de generar divisiones que polaricen entre sí mismas.

El acuerdo presupuestario entre el Gobierno y Unidos Podemos es la primera traducción política en España del gobierno a la portuguesa que desde las elecciones del 20-D de 2015 ha permanecido como un espejo. La primera piedra en el camino que fue el techo de gasto ha sido sorteada a través de los acuerdos. El PSOE prefirió asegurar este límite buscando la abstención del Partido Popular, que en su afán de debilitar al Gobierno votó en contra, quedando el PSOE en la minoría absoluta. Había margen sobre los ingresos fiscales y opciones de negociar el déficit. Este fue el argumento para que Unidos Podemos votara en contra, pero a diferencia del PP, con el objetivo constructivo de postergar una segunda revisión que finalmente se ha materializado en los acuerdos. Al igual que en Portugal, la subida del SMI hasta los 900 euros ha sido la medida más significativa.

Necesitamos una internacional democrática que sea capaz de revertir los diferentes procesos del neoliberalismo que vacían la democracia y generan una versión autoritaria que todavía no sabemos si pretende destruirla o controlarla desde su ideario. ¿Podemos imaginar, ahora que Alemania y Francia quieren impulsar un presupuesto común europeo, que se establezcan alianzas entre las diferentes fuerzas progresistas en torno a las cuentas públicas? Esta escala sigue sin materializarse. El presupuesto común es una demanda histórica de las izquierdas que la gestión de la crisis ha reforzado en la agenda política. La composición del próximo Parlamento Europeo y los propios grupos parlamentarios serán muy diferentes en la próxima legislatura. El acuerdo de la Declaración de Lisboa que firmaron el Bloco de Esquerda, Podemos y la France Insoumise impulsa un nuevo movimiento político europeo frente a un orden caduco. Sin embargo, la reconstrucción neoliberal progresista que propone Macron limita la capacidad de la socialdemocracia, pero por ahora tanto los socialistas españoles y portugueses no se han sumado a diferencia de su homólogo italiano. El modelo ibérico tiene unos presupuestos, que no son económicos, sino que se fundamentan en los acuerdos de la unidad de las izquierdas. La unidad de las izquierdas no es un punto de partida como estructura el pensamiento moderno, es un punto de encuentro que está en construcción para la emancipación del Sur.

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