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10/05/2018 07:30 CEST | Actualizado 10/05/2018 07:30 CEST

Cinco motivos por los que hay que estar loco para tener hijos

freemixer via Getty Images

Es hora de esclarecer la verdad, de mostrar al mundo entero que hay que estar loco para tener hijos. He de advertir a esas pobres parejas ingenuas, esclavas de un oscuro instinto de reproducción, de que ser padres no es teletransportarse a un mundo paralelo poblado de osos y de unicornios que hacen caca arcoíris con aroma a golosina de fresa. No. La verdad es mucho peor que eso. Aquí tenéis cinco pruebas:

1. Sacrificas tu sueño (pero cuando el bebé se queda sobado, tú entras en éxtasis)

Antes de la llegada del bebé, ya te imaginas que tu santo sueño —eso tan preciado— va a tener problemas para sobrevivir. Pero crees que la cosa se calmará en el momento en que al niño se le ajuste el sueño. Falso. Ya puedes tachar la casilla de "sueño profundo y reparador" de aquí a dentro de cuatro o cinco años (mínimo). Porque cuando consiga hacer las noches del tirón, seguirá habiendo constipados, fiebres, pis/sed/pesadillas, etcétera. Ni siquiera tendrás la posibilidad de adelantar sueño para una pequeña salida nocturna. Tampoco podrás compensarlo luego y pensar: "No pasa nada, ya dormiré más la semana que viene". No, tener hijos es aprender a dormir menos, teniendo que afrontar la siguiente jornada con una sonrisa (tampoco es cuestión de echarles en cara que son pequeños y necesitan aprender).

LO BUENO

Tener hijos es aprender a levantarse temprano, a gestionar las posibilidades de descanso a lo largo de la semana, a organizarse mejor para acoplar en una misma jornada trabajo, niños, pareja y tu propia persona. Al final, con los años me he dado cuenta de que la paternidad nos ha enseñado a orquestar nuestra jornada y a hacer más cosas. Así que no hay mal que por bien no venga.

2. Gastas una fortuna en comida

Cuando Melissa estaba embarazada, mi madre me dijo una frase que se me quedó en la cabeza y pervive hasta ahora, cinco años después: "Si querías ser rico no tenías que tener hijos". Efectivamente, nuestro presupuesto se ha disparado, y más con la diversificación alimentaria. Tengo que decir que nuestros hijos son más bien glotones. No están gordos, pero comen bien. Nada de menú infantil en el restaurante. No, no, los nuestros quieren platos "de grandes". Con filete, patatas fritas y postre, claro. No hace falta decir que si esperabas ajustarte el cinturón con el presupuesto mensual de las compras, claramente has metido la pata.

LO BUENO

La recompensa es ese sentimiento de satisfacción absoluta de verles llenarse la panza. Verles comer, engordar y disfrutar de la comida es una felicidad indescriptible. La prueba es que si un niño come poco o mal suele preocupar mucho a sus padres. A un bebé rollizo da gusto verlo. Dan más ganas de achucharlos.

3. Se olvidan las salidas de antes

Es un cliché, pero es cierto. En lugar de hacer el tour de pubs por la región en busca de una buena noche entre amigos, te ves organizando un fin de semana en Disneyland. Algunos dirán que con un niño no se pueden elegir las actividades con total libertad. Lo peor de todo es que volver a la infancia ¡encima mola!

LO BUENO

La felicidad que se siente al ver fascinación en los ojos de nuestros hijos no tiene nombre, es aún más potente que la que podríamos sentir por nosotros mismos. Creo que ver eso mismo en los ojos de tus amigos es más bien raro.

4. Nunca más volverás a aburrirte

No es que antes de tener hijos te aburrieras, pero digamos que había momentos en los que teníamos tiempo para algunas actividades no indispensables, como hacer zapping o pasearse toda una tarde por el Leroy Merlin (cada uno tiene sus cosas). Con un hijo, te conviertes en experto de la organización. Pero, sobre todo, no hay lugar para el retraimiento en la casa. Hasta el punto de que a veces nos preguntamos cómo hacíamos para reírnos antes de tenerlos, ya que desde que están aquí es un ataque de risa tras otro. Nos sorprenden con sus ideas absurdas, sus disfraces y bailes improvisados, sus expresiones sacadas de ningún sitio, su irresistible espontaneidad. Siempre hay algo que no te esperas.

LO BUENO

¿Conoces a muchos niños desganados? Ser padre es un poco la garantía absoluta de tener al menos un buen motivo para reírte todos los días.

5. Mi nivel de tolerancia a la mugre ha sido revisado (muy) al alza

No es que fuera un maníaco, pero entre mis hermanas y yo casi había una competición para ver quién tenía la habitación más limpia y ordenada. En este sentido, ser padre me ha cambiado radicalmente. Y no hablo solamente de los pañales más o menos repugnantes que he tenido que cambiar los primeros meses. Eso tiene un límite y al final te lo esperas, no es tan sorprendente. Pero no, la cosa empeora con el tiempo. Ya no siento náuseas cuando tengo que limpiarle el culete embadurnado de caca porque antes ha querido limpiarse él "solito", ni cuando tengo que quitar un hilo de mocos que ha aterrizado sobre el sofá porque el mayor no tiene muy integrado el concepto de pañuelo...

LO BUENO

Esto te hace tomar distancia y relativizar tu nivel de higiene. Cuando tienes hijos, no sólo desarrollas una sorprendente tolerancia a las migajas/olores dudosos/fluidos y materia fecal de todo tipo/mocos secos, etcétera, sino que además te conviertes en un profesional de la limpieza del hogar y en un especialista de la limpieza de caritas y culetes. ¡Con eso se puede rellenar bien un currículum!

Bueno, tengo la sensación de que este artículo no acabará de disuadirte de tener hijos. Si esperabas encontrar datos para poner en tu lista de "contras", creo que al final habrás añadido los mismos "pros". Porque ser padre es cambiar mil y una cosas en tu vida, pero lo guay es que te da tantos motivos para reír, sonreír y relativizar que, a fin de cuentas, vale la pena. En fin, piénsalo y haz lo que sientas. Por mi parte, no cambiaría todo esto por nada del mundo (ni siquiera los mocos secos).

¿Y tú? ¿Tienes argumentos a favor o en contra?

Este post se publicó originalmente en el blog Golden Daddy.

Denis B.

(El nombre del autor se ha modificado a petición suya)

Este artículo fue publicado anteriormente en el 'HuffPost' Francia y ha sido traducido del francés por Marina Velasco Serrano

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