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23/02/2018 07:24 CET | Actualizado 23/02/2018 07:27 CET

Las andanzas de un policía tecnológico

Prólogo de mi libro Las andanzas de un policía tecnológico (Ed. Palabras de agua, 2017)

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Los policías, como otras profesiones que tienen contacto con el público, atesoramos anécdotas. Además, muchas personas nos tienen en un cierto hálito de misterio o heroicidad al que contribuyen mucho las películas y series. También, de otra forma, los medios informativos. «La policía ha liberado...», «la policía ha detenido...». La vida real de los agentes es mucho menos estresante, más prosaica, pero, desde luego, llena de sucesos peculiares desde que empecé a recorrer esta senda hace más de quince años.

En cada destino que he pisado, siempre había un compañero que, en algún momento, decía «tendríamos que escribir un libro con esto que nos pasa». Es posible que yo mismo lo haya dicho en alguna ocasión. Desde que llegué a la Unidad de Investigación Tecnológica —entonces Brigada— en aquel ya lejano 2004, las historietas vividas se empezaron a acumular. No había comida entre policías que no se animase con ellas.

Por eso, ya con dos novelas publicadas y una pasión por la escritura que me acompaña desde niño, decidí iniciar un blog en el que ir contando algunas de las más graciosas, sin un orden concreto, a medida que me venían a la cabeza. Un día hablaba de un abogado que en realidad no lo era —pero muy educado, eso sí—; otro, de cuando estaba en la Escuela Nacional de Policía, en Ávila, y alguien se tomó muy a pecho el papel encomendado; un tercero, la sorpresa que nos llevamos al buscar a una banda de ladrones que acababan de dar un golpe y escaparon por un descampado lleno de maleza hasta la cintura.

Recordaré siempre una madre diciéndonos, con la frialdad de sus ochenta años, que ve que a su hijo no le queda mucha vida

Mi trabajo me lleva también a situaciones emocionalmente duras. Por eso también recordé mis primeros cadáveres y, sobre todo, las reacciones de los vivos. Recordaré siempre una madre diciéndonos, con la frialdad de sus ochenta años, que ve que a su hijo no le queda mucha vida. O dos padres preocupados por la pedofilia rampante de su hijo adolescente, que ignora todos los esfuerzos por reconducirlo. Ese blog también sirvió de catarsis, para liberar ese dolor que mi empatía me obligaba a sentir.

Así, entre narraciones divertidas y algunas duras, en 2016 se pone en contacto conmigo la editorial Palabras de Agua porque las han leído y quieren publicarlas, siempre que sea capaz de aumentar las que ya están contadas. Conseguí duplicarlas y, de paso, ponerlas en orden cronológico.

Poco después, La Esfera de los Libros quiso que les escribiera «La Red Oscura» sobre lo que se mueve en la parte más oculta de Internet —¡y cómo le vas a decir que no a La Esfera!—. Los plazos se juntaron y, aunque acabé antes «Las Andanzas de un Policía Tecnológico», se imprimió diez meses después.

El libro lo han definido algunos lectores como «ideal para viajar en Metro al trabajo», porque las historias son independientes y no es necesario mantener una atención continuada.

Opositores que quieren dedicar su vida el servicio policial me han dicho que lo encuentran no solo entretenido, sino «motivador», porque les pone en la piel de lo que desean ser en poco tiempo.

En general, sirve para darle a cualquier persona interesada en la vida de un agente de la ley una visión desmitificadora y casi siempre optimista —porque lo soy y las vivencias no me han cambiado— de lo que tenemos que enfrentar. Si, además, consigo arrancar media docena de sonrisas, me doy más que por satisfecho.

Las andanzas de un policía tecnológico (Ed. Palabras de agua, 2017)

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