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18/10/2018 07:01 CEST | Actualizado 18/10/2018 07:01 CEST

Crónicas de Megalópolis I: Nuevos tiempos

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Durante mis casi dos décadas como profesor en diferentes universidades de la CDMC las grandes constantes de esta actividad profesional son dos: la avidez de conocimiento académico de mis alumnos y el gran aprendizaje humano que yo he obtenido de ellas y ellos a lo largo de los años de las formas más raras y fortuitas que se puede a imaginar.

Y es que sin afán de parecer un viejito típico, a mis 46 años he podido constatar que los chavos de hoy en día son radicalmente distintos en su forma de abordar la vida y lo contrastantes que son para mover sus cuestionamientos acerca de la vida.

Por ejemplo, el otro día en la clase de guion para medios abordamos la tarea de hacer un perfil de un personaje que podría ser cualquiera de ellos: en la veintena, estudiante, con novia pero sin intenciones de casarse y de perfil urbano liberal.

Todas las propuestas que hice, o casi, fueron rechazadas con reacciones que iban desde la compasión de ellos por mi ignorancia

Todo iba bien hasta ahí, cuando a una de mis alumnas se le ocurrió preguntarse si vivía solo o en la casa paterna. Todos coincidimos que lo queríamos independiente para que enfrentara los problemas reales de la vida y ahí perdimos la sincronía.

Todas las propuestas que hice, o casi, fueron rechazadas con reacciones que iban desde la compasión de ellos por mi ignorancia, hasta el escándalo de alguien que te ve como si propusieras la muerte de todas las focas bebés del mundo.

El tema abarcó desde tecnología, vida personal y expectativas de alquiler que debía manejar el personaje hasta uno que nos atrapó: la ecología.

El poder de uno

Ellos no lo ven como un tema lejano, de gobiernos y grandes empresas, sino más bien como el conjunto de acciones que cada quien realiza en favor o en contra del medio ambiente. El poder de cambio de cada uno es su convicción, y se ven como los agentes de cambio que puede marcar una diferencia real.

Por ejemplo, casi todos se escandalizaron cuando les conté que mis primeras compras cuando salí a establecerme solo habían sido platos descartables y muchos limpiadores de amoniaco y quita-grasas de diversas marcas para acondicionar mi departamento.

Me acribillaron al decirme que por eso existían cosas como la gran mancha de plástico del Pacífico y se contaminaban enormemente ríos y mantos acuíferos. La combinación era poco menos que una blasfemia.

Internet, ecología e independencia individual

Una vez más, comprobé que a pesar de que Internet es cuestionada y denostada por muchos motivos, pude ser una gran herramienta. Mis alumnos me mostraron en cuestión de minutos varios sitios que ellos habían encontrado para evitar contaminar, sin sacrificar su propia comodidad.

De estos hubo dos que me capturaron mi atención, el primero fue una empresa nacional ha hecho suya la cultura de reciclaje de los jóvenes, Klin productos de limpieza es el nombre y , con sinceridad me hizo darme cuenta que del cambio que se ha generado desde que me fui a vivir solo. Entonces nadie nos fijábamos que nuestros productos de limpieza fueran orgánicos y biodegradables.

Otro servicio que me llamo la atención, tanto por su sentido ecológico como apoyo a mis empoderadas alumnas fue que existieran tantos servicios para evitar el uso de pañales desechables.

Lo que me impresión, además de mi ignorancia, fue que ellos parecían enciclopedias del tema.

En el caso de los limpiadores, me explicaron que cada litro de producto industrial tradicional podía afectar cientos y miles de litros de agua, cómo se filtraban en la tierra y la dejaban enferma. Incluso me explicaron la forma de distribución completamente novedosa y que los envases eran biodegradables y que no generaban cosas como la nociva espuma de jabón que, erróneamente, identificamos con limpieza.

25 años después por fin aprendí la lección de que si se puede tener comodidades como la limpieza sin hacer un verdadero ecocidio

En el caso de los pañales, las mamás estudiantes me enseñaron que se podía hacer uso de los pañales de tela para evitar la contaminación de los desechables y que había servicios para el lavado ecológico de los mismos.

Resultado final

Como profesor chavorruco, tengo mucho que aprender, no queda duda. Nunca me paré a pensar cuando me independicé del daño que podía hacer a la naturaleza con mis acciones inconscientes. Y ahora, 25 años después por fin aprendí la lección de que si se puede tener comodidades como la limpieza sin hacer un verdadero ecocidio.

Ah, y también aprendí que para el guionismo debo investigar más para crear mis personajes.

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