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06/08/2018 15:10 CEST | Actualizado 09/08/2018 07:36 CEST

Por qué me hice un tatuaje en vez de un lifting por mi 80 cumpleaños

Tengo a Graciela en mi bíceps derecho. Es un caballito de mar del tamaño de la palma de mi mano. Tiene un ojo con grandes pestañas, una cola rosa que se girahacia la izquierda y una corona de flechas con forma de remolinos. Tres veces al día, lavo con cuidado mi nuevo tatuaje con desinfectante y después lo seco. Sonrío mientras lo hago, como si fuera una madre después del parto cuidando a su hijo recién nacido.

Courtesy of Elaine Soloway
Elaine Soloway se hizo su segundo tatuaje, un caballito de mar llamado Graciela, justo antes de cumplir 80 años.

El tatuaje es un autorregalo que me hice porque dentro de nada cumplo 80 años, el 10 de agosto. También es un premio que me di a mí misma por aprender a nadar hace justo un año.

Uno puede pensar que con la cara arrugada y el pelo canoso, en vez de eso, habría preferido la cirugía estética como regalo de cumpleaños: ¿eso me haría más joven, no? Y un lifting ayudaría a atraer a un yogurín. Pero tras un primer matrimonio que acabó en divorcio y un segundo del que soy viuda (por no mencionar la satisfacción personal que siento a día de hoy), he decidido no ir por ese camino. Y si las muecas de los hombres de mi edad son una verdadera muestra de lo que piensan sobre los tatuajes, estaré soltera y feliz siempre.

Nunca he sentido envidia de los amigos que querían estirarse la frente, levantarse los párpados o realzar sus mejillas. Es su decisión. Es la parte "opcional" de estos procedimientos opcionales que nunca he entendido. "¿Por qué ir a un hospital voluntariamente?", creo yo. Esperaré hasta que haya algo grave.

La ansiedad de hacer esto sin anestesia disminuyó porque Graciela es mi segundo tatuaje. Como admiradora del arte y la valentía que tienen los demás con los tatuajes, decidí celebrar mi 60 cumpleaños homenajeando a mis dos hijas. Entonces, me hicieron en el bíceps izquierdo un corazón con notas musicales y sus nombres, Faith y Jill. Lo vi como una forma de honrarlas, y sigo valorándolas por su talento y coraje.

Courtesy of Elaine Soloway
El primer tatuaje de Soloway, que se hizo para celebrar su 60 cumpleaños, es un homenaje a sus hijas, Faith y Jill.

En ese momento, vi mi tatuaje como una muestra de rebeldía hacia la sociedad. Aunque esa actitud de "¿a quién le importa lo que piense la gente?" sigue siendo cierta, hay varias razones adicionales por las que me he hecho este segundo tatuaje.

Con mi metro y medio y mis 45 kilos, me pierdo entre la multitud fácilmente. Y cuando no, mi altura junto con mi edad a menudo atraen comentarios como "¡Eres tan mona!". Aunque mis aduladores creen que me están haciendo cumplidos, yo lo veo como algo que me reduce aún más, como si yo fuera un gatito o un cachorro en lugar de una mujer inteligente, capaz e independiente.

Así que ahora, a mis 80 años, en lugar de honrar a mis hijas tatuándome su nombre, intento utilizar mi tatuaje para visivilizar la discriminación por la edad y cómo se trata a las mujeres de mi edad. Me preocupa que algunas mujeres de mi edad sean a veces las más culpables. ¿Por qué no dicen su edad cuando les preguntan? ¿Por qué sienten que tienen que cambiar físicamente? ¿Qué dice eso sobre nosotras mismos? ¿Por qué tanta gente prefiere cambiar, en lugar de estar orgullosos de nuestra edad?

Courtesy of Elaine Soloway
Un primer plano del caballito de mar.

Por supuesto, me doy cuenta de que al solicitar un trabajo, rellenar un perfil en un web de citas online o en muchas otras situaciones, los más jóvenes (o los que lo parecen) tienen más oportunidades y eso puede provocar que muchas personas mayores cambien su edad y apariencia. Pero en vez de aceptar esas barreras, ¿por qué no trabajamos para demolerlas?

Tal vez mi nuevo tatuaje también ayude a contar la historia de mi vida. Cuando me preguntan su significado, explico que el caballito de mar simboliza que "nunca es demasiado tarde para alcanzar tus metas", un mensaje que creo vital para las personas mayores. La natación no ha sido mi única ambición; hay otras dos que me han llevado el mismo tiempo, maestros y perseverancia para lograrlo: ahora sé hablar español fluido (de ahí que haya elegido el nombre de Graciela, que viene de la palabra en español "gracia"), y sé tocar canciones de Rodgers y Hart en el piano.

¿Por qué no dicen su edad cuando les preguntan? ¿Por qué tanta gente prefiere cambiar, en lugar de estar orgullosas de nuestra edad?

Es cierto que estas tres cosas requieren práctica diaria, lo que hago de buena gana. Mi objetivo no es ser una experta; estoy satisfecha con lo que sé. Nunca competiré en las Olimpiadas Senior ni dominaré nada más que el crol, pero me satisface poder nadar y respirar de un lado sin que el agua me tape la cabeza. También es verdad que, en conversaciones con personas de habla hispana, a menudo tengo que decir "por favor repita lentamente" o "¿puedes repetírmelo otra vez?". Y cuando estoy tocando el piano, no dejo que nadie me escuche; soy solo yo tocando lo de siempre en mi ritmo golpe a golpe con mi pausada voz como acompañamiento.

Pero lo maravilloso de todas estas actividades es que un lifting no las mejoraría. Mi piscina, queridas amigas, y mi piano me aceptan tal y como soy: con arrugas, canosa, vieja, con tatuajes y agradecida.

Elaine Soloway es autora de varios libros, tiene cuatro blogs y es madre de Jill y Faith Soloway, creadoras de la serie 'Transparent'.

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' EE UU y ha sido traducido del inglés por Lucía Manchón Mora

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