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24/04/2014 07:00 CEST | Actualizado 23/06/2014 11:12 CEST

La muerte es sólo el comienzo: reflexiones sobre Euromaidán

Saber lo que no quieres es como tallar una escultura de mármol, cortando todo lo que está de más. Ahora nosotros, por fin, empezamos a darnos cuenta de lo que no queremos aguantar. Y lo único que nos falta es saber qué es lo que de verdad queremos. ¿De verdad queremos que Ucrania sea miembro de la Unión Europea? ¿Qué poder queremos tener?

Si está esperando un análisis profundo o el informe insípido, este artículo no es para Usted. No está escrito por el empleado de oficina, ni por el funcionario del partido, ni siquiera por el periodista. Está escrito por una persona que estaba en Maidán desde el segundo día de la revolución. Le parecerá que esta persona tiene que saber mucho más sobre todo lo que tiene que ver con la palabra Euromaidán, que otros. Pero, sinceramente, no hay nadie que tenga más dudas en cuanto a todo lo que vio que esta precisa persona.

Usted va a preguntar: ¿cómo van las cosas en Ucrania?

Le contesto: como en un cuento de hadas, cuanto más se avanza más miedo da. La lucha entre el bien y el mal. Pero lo único que no podemos es sentir la diferencia entre los dos. Antes estaba más claro, teníamos enemigos de carne y hueso, el mal materializado, los que dieron las órdenes y los que las ejecutaron. Ahora tenemos que demostrar que la revolución nos hizo más sabios y sabemos separar el grano de la paja. Pero, en realidad, hacerlo no es tan fácil.

El 25 de mayo nos espera el primer examen serio, las elecciones presidenciales. Aunque ahora tenemos muchos problemas más graves, las elecciones presidenciales constituyen un acontecimiento muy simbólico para el pueblo ucraniano. Nos liberamos de un presidente y necesitamos demostrarnos a nosotros mismos que tenemos una alternativa mejor. Pero, ¿quién representa esa alternativa?

El gran favorito y probablemente el próximo presidente de Ucrania es Petró Poroshenko. Es un ejemplo de la persona que siempre sale ganando. Es uno de los padres fundadores del Partido de las Regiones (el partido del expresidente Yanukóvich). Durante la Revolución naranja (en el invierno del año 2004 -enfrentamiento entre Yanukóvich y Yúshchenko), Poroshenko emergió del equipo del ganador Yúshchenko y más tarde recibió el cargo del Jefe del Consejo de Seguridad y Defensa. Después dejó a tiempo el barco antes de que se hundiese. Apareció luego nuestro héroe durante la presidencia de Yanukóvich en el cargo del ministro de Economía. Y al cabo de un año ya estaba en el escenario de Euromaidán, criticando al mismo Yanukóvich. Efectivamente, él se sumó a último momento y en forma muy oportuna. La intuición política de Petró Poroshenko es algo que se puede envidiar. Pero si está listo para trabajar no sólo para el bienestar de su familia, es una pregunta que aún no tiene respuesta.

Por otro lado tenemos a la exprisionera política, Yulia Timoshenko. Su excarcelación fue una de las representaciones de la victoria del pueblo contra el régimen de Yanukóvich. Sin embargo, cuando Timoshenko salió al escenario de Maidán, nadie confiaba en ella. Ni en su inocencia en la conclusión de los contratos leoninos con Rusia, ni en su enfermedad duradera, ni en sus discursos, llenos de sentimientos seudo maternales.

Tras estos dos líderes sigue una cadena de candidatos engendrados por el Partido de las Regiones. Sus capacidades políticas, como su nivel intelectual provocan muchas dudas.

Entre una gran cantidad de candidatos a la Presidencia aparecen personas famosas, que por razones misteriosas para nosotros, decidieron entrar en este combate político; los activistas de la revolución, que demostraron una impotencia política increíble; y además numerosas caras desconocidas.

Un carácter especial, casi sensacional, tiene Dmytró Yarosh, el líder del Sector Derecho. La fama de este partido es tan potente, que oía muchas veces de mis propios conocidos que Ucrania estaba resbalándose a un abismo neonazi. Porque la ideología del Sector Derecho no es compatible con el orden democrático. Francamente, por ahora la organización no ha mostrado poseer un sistema de ideas coherente sobre el orden estatal, el desarrollo económico, etc. Constituyen una suma de voluntades sin unidad ideológica. Mejor dicho, ellos no tienen ninguna ideología.

Aparecieron como un grupo de combate durante la revolución. Como la resistencia a la oposición débil, que después se convirtió en un poder débil que todo lo que puede hacer es dirigir miles de ultimátum. La única ideología que tenía El Sector Derecho era defender el Maidán como el centro del poder del pueblo.

Las actividades de sus miembros después de revolución están cubiertas de enigmas. Precisamente esta aureola misteriosa le hace daño a la imagen del partido. Por ahora el Sector Derecho intenta constituirse como partido político. Pero su impacto en el sistema político no es tan grande para tenerlo en cuenta como un factor de tranformaciones. Sin embargo, es suficientemente grande como para que la Federación Rusa lo tenga en cuenta en su guerra de información.

Este artículo puede dar motivos para las preguntas sarcásticas de los escépticos en todo el mundo. ¿Qué logramos con nuestra revolución? ¿No podíamos aguantar a Yanúkovich un año más y no pagar con centenas de muertes?

Pues yo voy a hablar en nombre de todos los ucranianos activos: no nos arrepentimos de sobrevivir este invierno. Voy a hablar en nombre de todos los estudiantes revolucionarios: no nos arrepentimos de comenzar esta revolución. Voy a permitirme hablar aun en nombre de cientos de personas que perdieron sus vidas en la lucha: ellos no murieron en vano.

Nosotros vivimos, luchamos, morimos, no por los políticos. No por reemplazar a unos funcionarios por otros. Lo hacemos para cambiarnos a nosotros mismos. Porque con estas muertes nació algo muy importante: el sentido de unidad, de la comunidad consaguínea, de fraternidad. Todos estos sentimientos no pudieron ser vencidos por el fuego, por el gas, ni por las balas.

Recibimos nuestra independencia en el año 1991 por vía relativamente pacífica. Otras naciones lucharon muchos años por su derecho de autodeterminación. Y el valor de esa independencia, obtenida en una guerra sangrienta, es incomparablemente más alto que el valor de la independencia para los ucranianos.

La lucha verdadera sólo acaba de comenzar. Si ve con sus propios ojos los cuerpos de compatriotas muertos, cientos de ataudes en la plaza de su ciudad, lágrimas de las familias por sus seres queridos, y miles de personas llorando por sus héroes, usted nunca volverá a ser el mismo.

Nunca mirará a su político favorito esperando que él sea la panacea universal contra todas sus desgracias. Nunca bajará la cabeza frente a las decenas de burócratas de los cuales depende su viaje al extranjero. Nunca querrá llegar tarde a su trabajo por los cortejos de funcionarios que causan atascos.

Saber lo que no quieres es como tallar una escultura de mármol, cortando todo lo que está de más. Ahora nosotros, por fin, empezamos a darnos cuenta de lo que no queremos aguantar.

Y lo único que nos falta es saber qué es lo que de verdad queremos. ¿De verdad queremos que Ucrania sea miembro de la Unión Europea? ¿Qué poder queremos tener? ¿Qué valores podemos educar en nuestros hijos? ¿Qué podemos hacer personalmente para el bienestar del pueblo? Son sólo algunas de las miles de preguntas que debemos contestar.

Y por eso les aseguro que nada se acabó. Sin duda, nos esperan muchos errores y decisiones incorrectas. Lamentablemente, es el único modo de ganar experiencia.