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26/09/2018 07:19 CEST | Actualizado 26/09/2018 07:19 CEST

1918. Un año que aterrorizó al mundo

Getty Images
Cementerio en el que reposan los restos de soldados muertos en la Batalla de Verdún durante la Primera Guerra Mundial.

Hace muchos años que me dedico a la enseñanza de la Historia en secundaria y bachillerato. Los mismos que llevo insistiendo en la importancia de lo acontecido cien años atrás, en 1918. Históricamente es un año crucial, uno de aquellos periodos en los que se decide la suerte de millones de personas.

Por una parte, a finales del asfixiante verano de 1918 el ejército alemán da muestras de agotamiento y las primeras voces vaticinan una derrota que no será definitiva hasta que en noviembre el mando militar alemán solicite un armisticio. La guerra acaba formalmente el 11 de noviembre (mes número 11 del calendario) a las 11 de la mañana. Semanas después se iniciarán las largas reuniones celebradas entre las tropas vencedoras para decidir las condiciones a imponer a los países derrotados. Reuniones que concluirán con la firma del fatídico Tratado de Versalles, entre otros.

Paralelamente a una guerra que duraba ya más de cuatro años y que sembró el mundo de muertos, mutilados y enfermos mentales y que dejó a su paso miles de huérfanos y viudas; un desastre de proporciones inimaginables se abatía sobre el planeta en su fatídica oleada del otoño-invierno de 1918: la mal llamada "gripe española" o "spanish lady".

Una epidemia atípica que, según cálculos aproximados, dejó unos 50 millones de víctimas mortales repartidas por todas las latitudes

Unas aterradoras líneas de Anthony Burgess, conocido en nuestro país por ser el autor de La naranja mecánica, me hicieron pensar en una población castigada hasta la extenuación por una guerra que mermó toda una generación de hombres jóvenes y por una epidemia atípica que, según cálculos aproximados, dejó unos 50 millones de víctimas mortales repartidas por todas las latitudes. Las palabras de Burgess eran estas: " A principios de 1919 mi padre, aún no licenciado, llegó a Carisbrook Street en uno de sus permisos, probablemente irregular, y encontró muertas a mi madre y a mi hermana. La pandemia de gripe había atacado Harpurhey. No cabía duda sobre la existencia de un Dios: solo el ser supremo podía inventar un sainete tan ingenioso después de cuatro años de sufrimiento y devastación sin precedentes. Por lo visto yo cloqueaba en la cuna mientras mi madre y mi hermana yacían muertas en una cama en la misma habitación. No debía cloquear, sino gritar de hambre...".

Como consecuencia indirecta de la guerra a principios de 1918, en Barcelona, las mujeres más humildes salieron a la calle y protagonizaron protestas que se saldaron con altercados violentos. Se enfrentaron durante dos semanas a los comerciantes y a las fuerzas del orden. Exigían a las autoridades que hiciesen respetar los precios pactados para los productos básicos que habían empezado a escasear dado que eran exportados a los países en guerra con elevados beneficios. Mujeres que se negaban a incluir a los hombres en sus acciones de protesta para no ver cómo estos les arrebataban la iniciativa.

El año 1918 no solo resulta históricamente apasionante, literariamente constituye, sin la menor duda, un periodo fascinante

Meses más tarde, cercano ya el otoño de 1918, Josep Pla recogía en El quadern gris los devastadores efectos de la gripe -ya conocida también en aquellos momentos como "influenza"- en la ciudad de Barcelona a la que el escritor había llegado para seguir clases en la universidad.

Como los lectores habrán podido comprobar el año 1918 no solo resulta históricamente apasionante, literariamente constituye, sin la menor duda, un periodo fascinante. La epidemia de la primavera es el intento de novelar el año 1918 a través de sus dos personajes protagonistas: una muchacha recién llegada a Barcelona, Gracia Ballesteros, y el joven soldado norteamericano Carter Irvine.

La epidemia de la primavera