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13/04/2019 09:18 CEST

10 mitos sexuales que muchos adultos todavía se creen

1. Si te masturbas mientras estás en una relación significa que no te excita sexualmente tu pareja.

ILLUSTRATION BY ISABELLA CARAPELLA FOR HUFFPOST

Échale la culpa a la pésima educación sexual, a una visión cultural anticuada, a las creencias religiosas, al porno o simplemente a la ignorancia, pero muchos adultos todavía siguen mal informados en lo referente al sexo.

Por eso, la edición estadounidense del HuffPost se ha puesto en contacto con expertos para aclarar los mitos sexuales que muchos adultos todavía no saben que son falsos.

MITO: Si te masturbas mientras estás en una relación significa que tu pareja no te excita sexualmente.

REALIDAD: Da igual si estás sin pareja, en una relación monógama o de poliamor: “La masturbación es algo sano, normal y es una parte de un ser sexual”, asegura la terapeuta Janet Brito.

Descubrir a tu pareja masturbándose en la ducha no significa que no esté conforme con su vida sexual, de modo que no hay que tomárselo a pecho.

“Muchas personas piensan que si su pareja se masturba es porque ya no les encuentra sexualmente excitantes, lo que provoca inseguridad en la relación y dudas”, comenta la sexóloga clínica Gigi Engle. “En realidad, la masturbación es una forma completamente normal de expresión sexual tanto para quienes tienen pareja como para quienes no”.

De hecho, la masturbación mejora (no perjudica) la intimidad con tu pareja.

“La masturbación puede ser reconfortante y relajante, además de que te permite conocer mejor tu cuerpo, concretamente lo que te excita”, añade Brito. “Saber cómo te gusta que te toquen mejorará tu bienestar sexual e incluso las relaciones sexuales con tu pareja”.

Cuando la masturbación se convierte en una obsesión o sustituye al sexo, sí que merece la pena abordar el tema en pareja o con un profesional de la salud mental.

MITO: Vagina y vulva es lo mismo.

REALIDAD: En un registro informal, mucha gente habla de vaginas para referirse a toda el área genital femenina (o tradicionalmente considerada femenina), pero es un uso impreciso.

La educadora sexual Ericka Hart aclara: “La parte exterior es la vulva y lo que no se ve es el canal vaginal o simplemente vagina”.

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Así pues, la abertura vaginal no es más que una parte de la vulva; la vagina une las partes externas de la anatomía (la vulva) con las internas, como el útero (aquí tienes un esquema aclaratorio). Algunos expertos consideran que detrás de este uso incorrecto o malentendido hay motivos patriarcales arraigados.

“Hay un análisis feminista que explica por qué es importante, y es que al denominar ‘vagina’ a toda la anatomía de una mujer, se designa a nuestro órgano sexual por la parte que más placer les da a los hombres heterosexuales”, expuso hace un tiempo Laurie Mintz, autora de Becoming Cliterate: Why Orgasm Equality Matters—And How to Get It.

MITO: El clítoris es un bultito pequeñín.

REALIDAD: El clítoris es mucho más de lo que se ve. Ese bulto externo es el glande del clítoris y es una parte pequeña de dicho órgano, que se encuentra en su mayoría en el interior del cuerpo.

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Representación de un clítoris completo.

“La mayoría de la gente no sabe que el clítoris va mucho más allá de ese bultito en la parte superior de la vulva, pero lo cierto es que se extiende por el interior de los labios y del abdomen”, aclara Engle. “El de algunas mujeres llega a medir hasta 13 cm, que es aproximadamente el tamaño medio de un pene”.

MITO: El sexo es tal y como se ve en el porno.

REALIDAD: Para muchos jóvenes, el porno es su primera introducción al sexo. Esos cuerpos suaves y depilados y esos orgasmos a los que llegan las mujeres sin problemas se convierten en la base de lo que consideran que debe ser el sexo con otra persona, aunque conscientes de que el porno no es real.

Según una encuesta realizada en 2016 por la Universidad de Middlesex (Londres), el 39% de los jóvenes de entre 13 y 14 años afirman querer imitar lo que ven en el porno.

“El sexo en la vida real va mucho más allá de divertirse y hacer realidad las fantasías. Implica comunicación, conocer tu cuerpo, volverse vulnerable y asumir riesgos. No es perfecto y no se centra en el hombre. En la realidad, dudas, necesitas descansar, te entra sed y hasta te puedes caer de la cama mientras practicas sexo. No llega a ser perfecto, que es lo que se ve en la pantalla”, asegura Brito.

MITO: A los hombres no les gusta practicar sexo oral a las mujeres.

REALIDAD: Ni caso a DJ Khaled, que se niega a practicarle sexo oral a su mujer. Eso de que los hombres no disfrutan del sexo oral a las mujeres no es cierto, señala el terapeuta sexual y escritor Ian Kerner.

“Desde que publiqué el libro She Comes First en 2004, he hablado con miles de hombres sobre su opinión del cunnilingus y, por lo general, les encanta. Es cierto que a algunos hombres aún les faltan algunas destrezas básicas con el clítoris o se preocupan por sus habilidades, pero a la mayoría de los hombres el cunnilingus les parece una experiencia muy íntima y excitante y, si tuvieran que escoger (aunque claro, ¿quién va a querer escoger una cosa o la otra?), preferirían dar a recibir”, apunta.

Un sondeo de 2016 realizado a 900 universitarios canadienses heterosexuales parece confirmar esa afirmación: el 93% de los jóvenes aseguran que dar sexo oral es bastante o muy placentero. Son buenas noticias, ya que el 95% de las mujeres afirman que recibir sexo oral también es bastante o muy placentero.

MITO: A las mujeres no les preocupan tanto los orgasmos como a los hombres.

REALIDAD: La brecha del orgasmo entre las mujeres (sobre todo heterosexuales) es real. Una encuesta de 2017 con 52.000 adultos de diversas identidades sexuales descubrió que las mujeres heterosexuales tienen menos orgasmos durante el sexo en pareja que cualquier otro grupo. El 65% de ellas respondieron que “normalmente o siempre” llegan al orgasmo durante el sexo, frente al 95% de los hombres heterosexuales, el 89% de los gays y el 86% de las lesbianas.

Esa diferencia no se debe a que las mujeres no quieran tener orgasmos (¡claro que quieren!). Son varios los factores que influyen en esta disparidad, como la falta de preliminares, la poca estimulación del clítoris (algo que necesitan muchas mujeres para llegar al orgasmo) o la mala comunicación con su pareja sexual, entre otros, por no mencionar que vivimos en una sociedad que prioriza el placer del hombre

“Muchas veces se dice que los hombres buscan más que las mujeres el orgasmo durante el sexo y que las mujeres no necesitan tanto los orgasmos como los hombres. No me meto en lo de ‘necesitar’ (es decir, nadie necesita los orgasmos), pero la falta de orgasmos es una de las quejas más habituales que me cuentan las mujeres en terapia”, comenta Kerner.

“Tal vez el orgasmo femenino sea más esquivo durante el sexo, sobre todo en el sexo penetrativo, en el que se tiende a olvidar la estimulación directa del clítoris, y es el motivo por el que tantas mujeres se han acostumbrado a la idea de no llegar siempre al orgasmo. Pero no pienso ni por un segundo que esto signifique que las mujeres valoren los orgasmos menos que los hombres”, añade. 

MITO: El sexo solo es “satisfactorio” si termina en un orgasmo.

REALIDAD: Sí, un orgasmo hace que te retuerzas de placer, pero no es ni mucho menos el único aspecto placentero de una relación sexual. Aunque el sexo no termine en clímax, puede resultar delicioso para ambos miembros.

“El sexo funciona en muchas dimensiones más allá de lo físico o en un binomio único con la faceta física”, sostiene la terapeuta Liz Afton, de Gender & Sexuality Therapy Collective. “A menudo se subestima el profundo potencial curativo a nivel espiritual y emocional del sexo y de la sexualidad, como mediante la respiración tántrica, con prácticas BDSM, con sustitutos sexuales o con fetiches”. 

MITO: Los hombres que disfrutan con el sexo anal o quieren practicarlo en realidad son gays.

REALIDAD: El sexo anal lo pueden disfrutar personas de cualquier orientación sexual (homosexuales, heterosexuales, bisexuales...), y cualquier otro acto sexual, de hecho, y eso no les fuerza a replantearse su identidad sexual. Tu conducta sexual no indica tu identidad sexual, según Hart.

“El origen de este mito surge de la idea de que la conducta equivale a la identidad”, explica. “Es importante que la gente se dé cuenta de que la conducta y la identidad no se construyen mutuamente. La forma en que te identificas (tu identidad sexual) es personal y cierta para ti, así como lo que le resulta placentero a tu cuerpo. He conocido a mujeres que pensaban que no eran ‘lesbianas de verdad’ porque les gustaba el sexo penetrativo”.

MITO: El porno provoca disfunción eréctil entre los jóvenes.

REALIDAD: “Hay mucha histeria contra el porno en nuestra cultura y lo cierto es que ahora los hombres se masturban más con el porno que en el pasado, pero todavía no se ha publicado ningún estudio válido que demuestre que el porno afecta de algún modo a la neuroquímica para provocar disfunción eréctil”, asegura Kerner.

La disfunción eréctil puede ser de naturaleza psicológica o fisiológica. Entre los hombres jóvenes suele ser psicológica.

“Cuando sucede esto, muchos chicos se preguntan si tiene que ver con haber visto demasiado porno, y esa ansiedad está alimentada por unos medios de comunicación que muestran una actitud negativa hacia el porno promoviendo la idea de la adicción”, expone Kerner.

Sin embargo, la culpa la suele tener la ansiedad.

“La ansiedad es enemiga de las erecciones de muchos hombres y hay muchas causas de ansiedad: falta de experiencia, los nervios de la primera vez con una persona, poca autoestima por su pene, el recuerdo traumático de una mala experiencia de disfunción eréctil, los nervios por hacerlo bien y sí, quizás también la presión de hacerlo como los actores porno”, enumera. “Pero, ¿está causando disfunción eréctil el porno? No. ¿Está influyendo el porno en la química cerebral? No. La ansiedad sí. Eliminar el porno no elimina la ansiedad”.

MITO: Tener vicios sexuales te vuelve sexualmente anormal o degenerado.

REALIDAD: Si la gran popularidad de 50 sombras de Grey sirve como indicador (pese a ser una obra problemática en ciertos aspectos), los vicios ya no son cosa de una minoría relegada a los rincones oscuros de internet. Los azotes, los juegos sexuales de rol, los juegos de dominación y sumisión son vicios habituales que se apartan de los gustos tradicionales (léase aburridos).

“El gusto por los vicios se está volviendo cada vez más habitual, lo que alivia la vergüenza y el aislamiento que puedan haber sufrido en el pasado”, argumenta el terapeuta Jesse Kahn, director de The Gender & Sexuality Therapy Collective. “No solo hay más gente con vicios, sino que todo el mundo se empieza a dar cuenta de que su vida sexual ya incluía vicios”.

 

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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