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12/08/2019 08:19 CEST

7 cosas que la gente con ansiedad social quiere que sepas

“Cuando la gente me propone salir a tomar aunque sea una copa no tiene ni idea del compromiso en el que me pone”.

Estar en un lugar abarrotado de gente es incómodo para muchas personas, pero para quienes padecen ansiedad social es aterrador. Algunos se ven obligados a huir, mientras que otros permanecen quietos, incapaces de hacer o decir nada.

No se sabe exactamente cuánta gente padece ansiedad social (también se conoce como fobia social), pero se estima que es uno de los trastornos de ansiedad más comunes.

La ansiedad social se caracteriza por un intenso miedo que no remite y que afecta a las actividades del día a día, a la confianza, a las relaciones y a la vida laboral o escolar. Quienes sufren este tipo de ansiedad a menudo abandonan sus círculos sociales y se aíslan.

Mucha gente piensa que la ansiedad social “no es más que timidez”, que las personas con ansiedad social no tienen palabra porque cancelan muchas quedadas o que son maleducadas porque no hablan. Para tratar de concienciar a la gente, la edición británica del HuffPost se ha puesto en contacto con varias personas que viven con este problema para descubrir qué les gustaría que supiera la gente.

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1.- Es mucho más que timidez

Andrea Murphy lleva desde niña sufriendo ansiedad social. Ahora tiene 30 años y asegura que muchas personas piensan que solo es tímida, pero es mucho más que eso. “Os juro que tener ansiedad social es muy distinto de ser tímida, introvertida o estar nerviosa. Es mucho más que sentirse un poco agitada antes de una entrevista o tener miedo de hablar en público. Es algo que te paraliza, te arrebata tu personalidad e impide que algunas personas alcancen todo su potencial”, escribió en un post para el HuffPost.

2.- No somos maleducados, tenemos miedo

Las personas con ansiedad social a menudo tienen miedo de que otras personas las consideren maleducadas. Fiona Thomas, de 32 años, asegura que se pone tan tensa que no puede moverse ni hablar. “Me hace parecer muy maleducada”, se lamenta la autora de Depression In A Digital Age. “En ocasiones no puedo hablar mi mirar a alguien a los ojos y me siento muy culpable por ello. Muchas veces mando mensajes a la gente cuando ya ha pasado todo y pido disculpas por mi comportamiento”.

Tom Dunning, de 27 años, asegura que se le queda la mente en blanco en situaciones sociales. Cuando le sucede, pierde el control y su mente entra en bucle: ”¿Qué habría pasado si hubiera dicho esto?”. Cuando se le ocurre una buena respuesta, ya es tarde y la gente le mira con cara de: “Pues vale”.

3.- No hay un botón de apagar

Ellie Pool, de 19 años, dice que la ansiedad social ataca en cualquier momento, y que cuando sucede, ya no hay marcha atrás, no es posible apagarla. Más de una vez ha tenido que abandonar una reunión por ello. “Cuando empieza, ya no hay forma de pararla. Antes me costaba mucho explicarles a mis seres queridos que no era decisión mía evitar una situación por la ansiedad, sino que físicamente no me quedaba más opción”.

4.- Es físicamente debilitante

Los efectos físicos de la ansiedad social son tan terribles como los mentales. “La ansiedad social se manifiesta en forma de falta de aliento, mareos, desorientación, lágrimas e hipersensibilidad sensorial. Cuando una situación social te está provocando ansiedad, no eres tú quien toma la decisión de marcharte, sino que simplemente tienes que hacerlo para que tu organismo se tranquilice”. Los síntomas físicos incluyen malestar, sudores, temblores, palpitaciones fuertes e incluso ataques de pánico.

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5.- Prepararse para eventos sociales es igual de debilitante que asistir al propio evento

“La ansiedad social no solo afecta durante el tiempo que dura el evento, también antes de ir te estresa. Piensas en formas de que pase de la forma más rápida y fácil posible. Sin darte cuenta, empiezas a buscar excusas para no ir, y si te sales con la tuya, te preocupa lo que piense la gente de ti por estar siempre cancelando planes o rechazando invitaciones”, comenta Chris Smith.

Alison, que prefiere ocultar su apellido, dice que le cuesta tres días mentalizarse para salir una noche, lo cual implica muchas noches en vela. Esta mujer de 36 años asegura que cuando termina la situación social, se pasa varias noches analizando todas las conversaciones que ha mantenido para saber si alguien ha malinterpretado sus palabras o se ha sentido ofendido. “Cuando la gente me propone salir a tomar aunque sea una copa no tiene ni idea del compromiso en el que me pone”, cuenta.

6.- Tenemos la sensación de que nadie quiere que estemos ahí

Tom explica que cuando está en un grupo, aunque sean amigos suyos, no se siente bienvenido. “Me fuerzo a estar en el grupo, pero me quedo callado porque tengo la impresión de que no tendría que estar ahí, de que nadie quiere que esté ahí”.

Chris se siente igual. “Te pasas todo el tato preguntándote qué opinará la gente del tío rarito, callado e incómodo que eres. Si en algún momento te quedas solo en el grupo, tienes la certeza de que todos los que hay en la sala te miran con lástima, risa o recelo”. Para Chris, lo peor es cuando solo está con dos o tres conocidos. “Aunque es de las situaciones sociales más tranquilas que puedes tener, también estás convencido de que les estás chafando la diversión y que si no te tuvieran que soportar a ti, se lo estarían pasando genial”.

7.- Hablar sobre ello ayuda

Phil Merrison, de 50 años, ha tenido ansiedad varias veces a lo largo de los años y reconoce que en ocasiones ha derivado en fobia social. En el trabajo, se sentía como si sus compañeros le estuvieran poniendo a prueba y supervisándole. Le gustaría haber hablado abiertamente sobre su problema antes. “En mi trabajo, casi todos mis compañeros eran hombres y no se hablaba de estas cosas. Me parecía una debilidad que me repercutiría negativamente si se enteraban de que no era capaz de gestionar mis problemas. Mi estrategia de afrontación era trabajar más duro y más tiempo”.

Tom hizo acopio de valor para contarles a sus mejores amigos que sufre ansiedad social y sostiene que le ha ayudado muchísimo. “Les conté que a veces puedo quedarme sentado sin decir nada, pero que no es nada personal contra ellos, que es cosa mía. Fue un gran paso adelante. Ahora, cuando tengo la incómoda sensación de que no debería estar ahí o de que molesto, sé que ellos lo saben y me resulta más sencillo unirme a ellos”.

 

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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