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04/07/2021 10:34 CEST | Actualizado 04/07/2021 10:34 CEST

Acordes y desacuerdos

El Gobierno la ha fastidiado con la Ley Trans.

EFE
Pedro Sánchez en Bruselas.

El título de la divertida película de Allen viene al caso. Los acordes desajustados que nos brindan sus señorías suenan a comedia bufa, que no del arte, y sus constantes desacuerdos les sirven a ellos, enamorados de sus libertades y no de las nuestras, y de sus poltronas hoy gelatinosas.

El único acorde tocado con cierto magisterio por el Gobierno ha sido la ley de la Eutanasia, garantista al igual que nuestra Constitución. La que no concede garantías democráticas es la Comisión Europea, a la que solo puede interponer la moción de censura el parlamento europeo, un imposible a causa de la infinidad de grupos que lo componen. Europa está obligada a buscar herramientas viables que controlen a la Comisión. A tal efecto, una lectura a sugerir sería El siglo de Pericles, de Arturo Masriera. Los parlamentarios europeos comprenderían el sentido de la democracia y el destrozo inadmisible que se cometió con Grecia en 2010. Alguien alegaría que nuestra ley de leyes precisa los mismos instrumentos que la Comisión, pero se equivocaría. Resulta imposible comparar una nación con un organismo supranacional; las identificaciones son mínimas.

Tenemos una de las constituciones más garantistas del planeta, pese a que Sánchez la vulnere, lo que no sucede con la Comisión Europea, que comete una tropelía al imponer a sus miembros criterios que no se pueden discutir bajo ningún prisma. Desde el europeísmo entiendo que sería acertado forjar una Constitución Europea, con leyes consensuadas que afecten en lo indispensable a los países miembros. Un paso importante que, junto con otros a muy pero que muy larguísimo plazo, terminaría en los Estados Unidos de Europa. No nos equivoquemos de nuevo con el acuerdo de Biden con Europa a fin de detener a China. Son precisamente Estados Unidos, China y Rusia, las potencias que desean y trabajan para la desaparición de la UE, el mercado que les hace frente. 

Siguiendo con Europa, por descontado hay que censurar al gobierno húngaro por su ley homofóbica, y abundar en las restricciones a semejante majadero. La toda poderosa Comisión cometería un error garrafal al intentar expulsar a Hungría de la UE, y al conseguirlo. Si se puede echar a una patria, se pueden admitir nuevas naciones dentro de las adscritas, el sueño imberbe de los independentistas. Lo que me lleva a la siguiente pregunta: ¿Si Sánchez, mediante aprobación colegiada del consejo de ministros, puede indultar a cualquiera, también puede meter en la cárcel a quien quiera?

Leí en un artículo de El País que por supuesto el presidente, como todos, aspira a perpetuarse en el poder, escrito al hilo de los indultos. Un argumento epidérmico y peregrino en referencia a Sánchez. Ningún presidente, hasta ahora, ha permanecido en el poder malbaratando las reglas de juego y la separación de poderes.

El Gobierno la ha fastidiado con la Ley Trans. Ni Sánchez ni sus piratas comprenden que los derechos de los transexuales conciernen a las libertades privadas o derechos individuales, y no a los colectivos, algo que sabe cualquier socialdemócrata liberal. Sánchez y sus amiguetes con patente de corso no son socialdemócratas ni liberales. Ellos y ellas, no el absurdo elles, a partir de los 16 años, de manera libre, cambian de sexo, un error que afecta a los varones. Las mujeres, a los 16 años, con el ciclo biológico sexual completo, tienen capacidad intelectual para decidir mudar de sexo. Los varones, sin embargo, a los 16, todavía están hormonando, lo que afecta al pensamiento. Que no están de acuerdo, lean algunos de los cientos de estudios escritos por científicos de izquierdas y de derechas. Carente de tutela psicológica, el varón, a los 16, podría equivocarse en una decisión de compleja reversibilidad. La Ley Trans deja a los pies de los caballos a los varones. A mi juicio, tamaña y más que legitima y plausible decisión, en el ámbito de las libertades individuales, se tendría que tomar a los 18, la mayoría de edad, y antes siempre con tutela. 

Prosiguiendo con el monotema, leí un artículo en El Mundo de Cayetana Álvarez de Toledo donde aseguraba que, frente a los voceros sanchistas del Gobierno, el PP tiene un plan para Cataluña. He de reconocer que Álvarez de Toledo se me antoja de los escasos parlamentarios con una cabeza política amueblada y pensamiento crítico. Huelga escribir que yo de sanchista tengo nada, así que no me sentí increpado. Las soluciones de la articulista, bien desarrolladas, se cimentaban en tres puntos, todos de una lógica aplastante y de fácil implementación mediante las leyes aprobadas que no se aplican en Cataluña, mientras la judicatura, en parte secuestrada por el Gobierno, mira a otro lado.

El plan del PP está ideado para el poco más del 50% de catalanes que se sienten españoles. El plan hace aguas, no plantea ideas para el resto, los independentistas. Un plan que solo afecta a la mitad de los inmersos en el problema no es un plan, es un chaleco salva vidas al que barre un golpe violento de mar, lo típico del PP. Aquí propuse, pensando en los independentistas, que la mesa bilateral se sustituyese por otra donde estuviesen los partidos de ambos gobiernos con tal de no ningunear a las demás Comunidades Autónomas. Además, hay que tener en cuenta a las asociaciones ciudadanas catalanas anti independentistas y moderadas. Hay que dotarlas de recursos y convencerlas a resultas de que se sienten a dialogar con las asociaciones independentistas, a discutir, discrepar y alcanzar acuerdos. La polaridad brutal, inclusive en las familias, con lo anterior, tiempo y paciencia, se iría disipando. Al cabo, una cita de Spinoza se ajusta a lo tratado: “La amistad es lo único que une a los hombres libres”. Libertad que no se da en Cataluña y Euskadi. Paseen ustedes por San Sebastián y las ciudades y municipios vascos. No escucharán hablar en ninguna mesa de ETA y de Bildu, salvo a los militantes de Bildu. La ley del silencio, su miedo, es exacta a los tiempos en que ETA asesinaba

Vuelven a fallar, costumbre, el PP, VOX, UP, el PSOE y los independentistas al creer que el remedio pasa únicamente por los políticos. Las soluciones, a los grandes problemas, se comparten con la ciudadanía o las turbulencias están abocadas a repetirse. Existen excepciones, las justas, tomar medidas en contra de la opinión de la mayoría. Recuerdo una significativa. Entonces era obligatorio que estuviésemos en la OTAN; al presente albergo dudas. Entonces, en oposición a la mayoría de los ciudadanos y de los miembros de su propia ejecutiva, tirando casi en solitario del carro, el gigante Felipe González ganó el referéndum de sí a la OTAN. Muchos echamos de menos a esa generación. Tendremos que reinventarnos y, en la nuestra, estar a la altura, porque España duele en el corazón al verla descender en el sumidero de la historia.

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