Acoso sexual en TikTok: el testimonio de tres adolescentes

“Vamos a difundir el #Balancetontiktokeur para denunciar a todos los tontos del culo que se aprovechan de sus seguidoras para pedir 'nudes' cuando aún son menores”.

Más de 25.000 tuits con el hashtag #BalanceTonTiktokeur (denuncia al tiktokero) en unas pocas horas. Desde el lanzamiento del hashtag el 17 de junio por la tarde, este movimiento no ha dejado de ganar visibilidad en Francia, sobre todo entre mujeres. Y tiene un objetivo: denuncias las interacciones inapropiadas de algunos influencers de la red social TikTok, que han llegado a pedir a sus seguidoras fotos de ellas desnudas.

TikTok nació en China en septiembre de 2016 y llegó a Francia a finales de 2017, casi un año antes que a España. Es una aplicación que permite crear y compartir vídeos con otras personas y se presenta como una plataforma de entretenimiento. El 41% de todos sus usuarios tiene entre 16 y 24 años. Cuenta con millones de usuarios en todo el mundo, que. pueden interactuar con sus influencers favoritos. Al ser cuentas públicas, todo el mundo puede acceder a los vídeos y no se pueden eliminar de la plataforma.

Dado que las cuentas más famosas suelen ir acompañadas del check azul que demuestra que son cuentas verificadas, es fácil presuponer que es seguro interactuar con ellas. O, al menos, lo suficientemente seguro como para que sus dueños cuente con miles o incluso millones de seguidores. Sin embargo, no es así. Son muchos los internautas que han sufrido episodios de acoso en línea por parte de algunos de estos influencers con cuentas verificadas, un problema que recuerda al que sufrieron decenas de usuarias de la red social CuriousCat.

Esta es una red social española que se creó en 2016 y que triunfó, entre otras razones, por ofrecer a sus usuarios la posibilidad de preguntar desde el anonimato y por no aceptar adultos. Ese fue su problema, ya que dio pie a que se viviese múltiples episodios de acoso.

Un mismo ‘modus operandi’

Léa, cuyo nombre real ha decidido ocultar, es usuaria de TikTok. En noviembre de 2018, empezó a ver vídeos en la red social. De vez en cuando subía los suyos propios y seguía a “muchos influencers para descubrir qué es lo que estaba de moda”.

Tenía por entonces 14 años y reaccionaba a menudo a los vídeos de uno de esos influencers, que se hacía llamar Square Weson. En poco tiempo, empezaron a hablar a través de los comentarios de los vídeos y el famoso la agregó a un grupo de fans de Instagram. “Era más práctico para hablar, ya que en TikTok tenía una cuenta pública con muchísimos seguidores y había bloqueado la opción de recibir mensajes directos”.

Algo similar sucedió con Audrey, una joven que tenía 13 años en el momento de los hechos y cuyo nombre real también se ha ocultado. La joven también seguía a Square Weson en TikTok y en Instagram. Un día el influencer invitó a sus seguidores a unirse a una historia privada con público limitado. Audrey solicitó entrar y él la aceptó.

Al principio todo marchaba correctamente, pero después Weson publicó un mensaje en el que pedía a sus seguidoras que le enviaran nudes (fotos sin ropa). Algo sorprendida, Audrey le preguntó en un chat privado si lo decía en serio.

“Me di cuenta de que lo decía en serio y que quería que le mandara fotos desnuda, así que le dije que parara, peró él empezó a preguntarme de qué color era mi ropa interior”

Léa estaba en su misma situación. El ambiente en el grupo privado era muy infantil. Las seguidoras rondaban los 14 años, mientras que él tenía 17. Hablaban de todo y de nada en concreto. “Era como estar con mis amigos, nos llevábamos bien, era un chico simpático”.

Leïla, otra joven cuyo nombre real se ha ocultado, tenía 13 años cuando creó una cuenta de fans de Square Weson en Instagram, donde subía fotos y vídeos del influencer. Este comenzó a seguirla y empezaron a hablar en un grupo con más seguidores. “Era algo normal, no pasaba nada raro al principio”.

“Solo una foto desnuda”

Una noche, de repente, todo se torció. Leïla decidió crear un grupo con su mejor amiga y con Square. “Él empezó a hacernos propuestas sexuales y nosotras le seguimos el rollo. Estábamos locas por él, queríamos que nos viera como algo más que seguidoras”. Con el tiempo, “empezó a mandarnos a todas horas fotos de sus partes íntimas e incluso vídeos masturbándose”.

Entre las dos jóvenes se lo empezaron a tomar como una competición y comenzaron a hablar en privado con el influencer. “Me pedía que le mandara fotos desnuda dos o tres veces al día. Al principio yo no quería, pero acabé cediendo. Me hice una con sujetador y otra, sin. Él hizo capturas de pantalla y me dijo que le ‘encantaban’ las fotos”.

Léa lo vivió de otra manera: “Una de las chicas del grupo me dijo que Square y ella se mandaban nudes, pero pensaba que lo decía de broma”.

En cuestión de una semana, Square empezó a hablar con Léa en privado. Las conversaciones se producían a diario a través de Instagram. “Me sorprendió, no me lo esperaba. Al principio estaba contenta, no me daba cuenta de cómo era él. Al cabo de un día solamente, me dijo: ‘Oye, mándame una foto desnuda, por favor. Solo una’. Quería fotos mías desnuda a cambio de las que me enviaría él”.

Léa no se sintió cómoda: “Le dije que no, que no quería, que era joven y que no me interesaba hacer esas cosas. Él insistió varias veces, pero al final le dije: ‘Que no, deja de insistir’, él me respondió ‘ok’ y se acabó. Estaba un poco incómoda y sorprendida, pero me lo tomé a risa porque no sabía si estaba de broma o no”.

Unos días después de que Audrey preguntase a a Square si lo de solicitar nudes iba en serio, él le mandó “varias fotos en calzoncillos”. “Me entró miedo cuando me di cuenta de que lo decía en serio y que quería que le mandara fotos desnuda, así que le dije que parara, pero él empezó a preguntarme de qué color era mi ropa interior y ese tipo de cosas”.

Por petición de las jóvenes y para garantizar su anonimato, las capturas de pantalla de sus conversaciones no pueden ser publicadas.

Unos hechos punibles por la ley

Estos hechos son susceptibles de diversas interpretaciones penales, según el abogado penalista Eric Morain. Se pueden considerar “abusos sexuales o ciberacoso en función de la frecuencia de las peticiones y, sobre todo, corrupción de menores, aunque el autor también fuera menor en el momento de los hechos”.

A petición de la edición francesa del HuffPost, el tiktokero Square Weson ha accedido sin problemas a responder unas preguntas. No obstante, ya explicó el 25 de junio su versión en Instagram Stories. “Desde hace una semana se han publicado noticias y pantallazos contra mí, me han acosado y difamado y han difundido una foto mía. No voy a ceder en ningún caso, he tenido tiempo de informarme de mis derechos y de la ilegalidad de vuestros actos”.

Square Weson señala que sus redes sociales han sido gestionadas por trabajadores externos que han guardado “todos los mensajes que pueden llevar a juicio”.

“He querido guardar silencio sobre las noticias que están saliendo y tomarme todo este tema a risa, pero al ver la gravedad de las acusaciones he decidido pasar a la acción para defenderme. Aparte de estas supuestas víctimas y de mí, nadie conoce la verdad y la justicia demostrará que tengo razón. Haré todo lo que sea necesario para que se haga justicia”.

Acoso y racismo

Al día siguiente de que Square Weson le pidiera fotos desnuda a Léa, esta les contó a sus amigos lo sucedido. Ellos también se quedaron estupefactos y pensaron que era conveniente averiguar si el influencer iba en serio. “Le dije por mensaje privado que iba a crear un grupo para mandar desnudos y le invité a ese grupo con mis amigos. No tenía intención de mandarle las fotos, pero quería saber si él las pedía de verdad”.

“Al cabo de un día solamente, me dijo: ‘Oye, mándame una foto desnuda, por favor. Solo una’”

Square Weson quería recibir fotos antes de mandar as suyas. Viendo que Léa ni las demás personas del grupo lo hacían, se enfadó. “Se dirigió de forma racista a uno de mis amigos del grupo haciendo referencia a la esclavitud por su color de piel. Amenazó con escribirle un correo a nuestro colegio y dijo que podía piratear nuestras cuentas y las cuentas bancarias de nuestros padres. Decía que podía hacer todo lo que le diera la gana, así que nos entró miedo y salimos del grupo”.

Según Morain, estos mensajes se pueden considerar “incitación al odio, injurias por origen étnico e injurias personales”, pero también “amenazas”.

La tensión aumentaba también para Audrey. “Me amenazó diciendo que si no le enviaba fotos desnuda, publicaría en su cuenta que sí que se las había enviado”, pero la joven no se dejó amedrentar: “Le advertí que iba a hacer capturas de pantalla y mostrárselas a todo el mundo si no paraba ya”.

Su advertencia surtió efecto enseguida: “Borró todos sus mensajes, me bloqueó y se acabó. Me sentía un poco perdida, aliviada pero decepcionada porque me habría gustado mostrarle a todo el mundo su verdadera cara”. Sin pruebas, se lo contó a sus amigas, que se negaron a creerla a pesar de que denunció por Snapchat el comportamiento del influencer.

Amenazas e intimidación

Para Leïla, el envío de desnudos no fue más que el comienzo de la historia. Un tiempo después de empezar a hablar con él, Leïla creó una cuenta para fans de otro influencer. Cuando se enteró, “Square me dijo que iba a dejar de hablarme, me bloqueó y dijo en otras cuentas de fans que hicieran lo mismo”.

“Intenté decirles a mis amigos que era un pervertido, que solo quería fotos de sus seguidoras desnudas, pero una de ellas se lo contó”. El influencer creó varias cuentas falsas para hablar con Leïla. “Me amenazó con exponer mis fotos en sus historias y con contarles todo a mis padres”.

Desde entonces, Leïla fue al colegio con miedo. Con ayuda de una influencer, trató de recuperar las pruebas del comportamiento de Square para hacer un vídeo y exponerlo en TikTok. “Por desgracia, una amiga mía se lo contó a quien no debía y Square se enteró. Creó una cuenta con mi nombre y apellido y una cuenta atrás para publicar los desnudos que le había enviado”. La cuenta fue bloqueada antes de que las fotos vieran la luz.

“Al principio, cuando me amenazó, lo pasé mal, pensaba que había arruinado mi vida. No quería contárselo a mis padres porque es duro decirles que su hija de 13 años ha enviado fotos de sus pechos”, explica Leïla.

A diferencia de Audrey y Leïla, aunque Léa se sorprendió mucho cuando le sucedió todo esto, al principio no le dijo nada a nadie, ni siquiera a sus amigas. “Como era algo virtual, me parecía menos real que si hubiera sido cara a cara”.

Una avalancha de testimonios

El desencadenante de todos los testimonios que están saliendo a la luz tuvo lugar cuando surgió en Twitter el hashtag #BalanceTonTikotokeur “para denunciar a todos los tontos del culo que se aprovechan de sus seguidoras para pedir nudes cuando aún son menores”. Léa se puso manos a la obra, recopiló las capturas de pantalla que había hecho y se las envió a la creadora del hashtag.

Al principio, la joven no quería exponerse directamente. “Cuando vi que la gente difundía mis capturas manteniéndome en el anonimato, me animé a contar mi historia. Me alegro de que todo el mundo pueda ver su verdadera cara ahora mismo”, explica.

Tras publicar su testimonio en Twitter, empezó a recibir decenas de mensajes de otras usuarias de TikTok, todas ellas menores de edad, que presuntamente habían sufrido el mismo tipo de acoso por parte de Square Weson.

“Si esto ayuda a otras personas a atreverse a hablar, mejor. Cuando me pasó a mí, no pensaba que fuera tan grave y creía que era la única. Conocía a otra chica con la que él intercambiaba fotos y tenía entendido que había dado su consentimiento. Además, esto podía ser algo que se le hubiera ocurrido ese día a él. Después de hablarlo con mis amigos y aún más después de encontrar el hashtag, me di cuenta de que había muchas chicas en mi situación y que sí era grave. Incluso la chica en cuestión que había conocido en el grupo de fans me envió un mensaje para decirme que era consciente que era un problema”.

Para Leïla, hablar sobre su experiencia aprovechando la publicación del hashtag era necesario. “Me creé una cuenta anónima en Twitter y lo conté todo. Vino mucha gente para decirme que sentía mucho lo que me había pasado y eso me dio la fuerza que necesitaba para dejar de esconderme. Me dije que ahora que Square tenía a todo Twitter vigilándole, no se atrevería a amenazarme”.

“Creó una cuenta con mi nombre y apellido y una cuenta atrás para publicar los desnudos que le había enviado”

La joven ha salido fortalecida de esta experiencia. “He comprendido que las redes sociales no siempre son sanas y que hay que cuidar con quien hablas. Que sea influencer no quiere decir que sea perfecto; puede ser una mala persona”.

“He comprendido que las redes sociales no siempre son sanas y que hay que cuidar con quien hablas. Que sea 'influencer' no quiere decir que sea perfecto”

Gracias a #BalanceTonTiktokeur dice sentirse mejor por saber que no está sola: “Aunque hay que soportar una presión enorme que no le deseo a nadie”.

En cambio, para Audrey no fue ningún alivio encontrar ese hashtag. “Me sentí mal cuando descubrí que no era la única en esta situación porque es horrible que alguien haya tenido este comportamiento horrible con tantas personas”, comenta.

¿Y ahora qué va a pasar?

Desde entonces, Léa no ha tenido noticia de este influencer. Solo sabe que ha cerrado su cuenta de Twitter y que sus cuentas de TikTok y de Instagram han pasado a ser privadas, de modo que no puede ver ya sus publicaciones. “Pero sus seguidores publican capturas de pantalla de sus historias en las que dice que le importa un bledo lo que se está diciendo de él. Me parece repugnante que publique esa clase de comentarios”.

Ni Léa ni Audrey se plantean presentar una denuncia formal. “Soy menor y voy al instituto, sería demasiada carga”, suspira la primera. “Mis padres no están al corriente de lo que me pasó, no porque yo no quiera que lo sepan, sino sobre todo porque no quiero verme en un jaleo así tan joven”. ”Denunciarlo no cambiaría nada en mi vida, así que no me hace falta”, justifica la segunda.

Leïla se lo ha contado recientemente a su madre. “Se lo tomó bien, pero no cree que después de dos años se pueda presentar una denuncia. Se va a informar y, si es posible, denunciaremos”.

La edición francesa del HuffPost ha entrevistado a Marlène Schiappa, Ministra de Igualdad de Francia, sobre el caso específico de Léa, y su recomendación para todo adolescente en su situación es que hable con sus padres, a no ser que no tenga buena relación con ellos, en cuyo caso conviene hablar directamente con la Policía. “Muy a menudo, los adolescentes tienen vergüenza, sienten que han hecho algo malo o una estupidez, y no lo es: han sido víctimas de ciberacoso”.

TikTok anima a todos los jóvenes que hayan sufrido comportamientos así a “ponerse en contacto con las autoridades competentes” y a “señalar estas cuentas”. “Si descubren en el departamento de moderación que su comportamiento se ha repetido, la cuenta será bloqueada”, promete esta red social. Sin embargo, por su parte no pueden hacer nada si estos comportamientos se dan a través de otras plataformas, que suele ser lo más habitual.

Lo importante es que gracias al hashtag #BalanceTonTiktokeur, Léa está recibiendo la visibilidad que merecen tanto ella como las demás jóvenes que sufrieron acoso por parte de influencers esta red social. “En otras circunstancias, no me habría atrevido a compartir mi historia, me habría reprimido”.

Hoy esta joven sigue viendo y compartiendo vídeos en TikTok a diario. “Pero solo con amigos, ya no hablo con desconocidos”.

Este artículo fue publicado en el ‘HuffPost’ Francia y ha sido traducido del francés por Daniel Templeman Sauco.