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08/11/2020 09:45 CET | Actualizado 09/11/2020 12:03 CET

Actores y actrices, ¿para qué os quiero?

En 'Los que hablan' el espectador se encontrará una comedia surrealista y beckettiana. En 'La máquina de Turing', un producto de corte clásico y comercial.

Escena de 'Los que hablan'. 

Es raro que el público mayoritario se fije en quién escribe o dirige una obra de teatro. Habitualmente, los actores y las actrices que la protagonizan resultan ser el reclamo para verlas. Un reclamo que se suele apoyar en un éxito televisivo que los ha metido durante una o varias temporadas en la casa del público a la hora de la cena o más tarde, cuando no lo ha hecho en las series que se eternizan después de comer y que acompañan la hora de la siesta. Trabajos muchas veces alimenticios, que les harán populares, pero que no siempre les permiten mostrar su talento por las condiciones en las que tienen que producirse que piden más resolver, solucionar, que crear.

Los que hablan de Pablo Rosal en Teatro de la Abadía y La máquina de Turing de Benoit Solès en los Teatros del Canal cumplen ese requisito. Son dos autores que, por cierto, también son actores, que poco o nada dirán al común de los espectadores. Sobre todo, a los que acuden al teatro, o a cualquier ficción, como fuente de entretenimiento o como excusa para salir una tarde antes de ir a cenar ya sea con la pareja o los amigos. Un pasatiempo más, aunque les guste que esté hecho bien.

El reclamo popular de la primera es Malena Alterio, una actriz con un largo currículo que se hizo famosa con el personaje de Belén de la serie Aquí no hay quien viva. El de la segunda, es Daniel Grao, que protagoniza en la actualidad HIT, esa serie que tiene escandalizados a padres y atrapados a sus hijos adolescentes en ese instituto del que, escuchando a los profesores, existen pocos o ninguno.

Como lo buenos actores que son, y la inteligencia con la que llevan sus carreras, se han embarcado en dos proyectos que, sobre el papel, suponen una apuesta segura. Proyectos a los que ellos pueden dar venta de entradas. Y que les pueden dar a ellos, no solo el éxito que ya tienen, sino añadir el prestigio que dan los equipos artísticos de estas obras y los cosos teatrales en los que se estrenan.

Y es que Los que hablan es una producción de Teatro de la Abadía, donde se ha estrenado, y Teatro del Barrio, donde continuará representándose. Y el autor y director, Pablo Rosal, viene de la prestigiosa Sala Beckett de Barcelona donde ha dado mucho que hablar con lo que ha hecho. Además de haber contribuido con una de las obras más exitosas del teatro confinado que la Abadía desarrolló durante la primera ola de la pandemia de covid.

Obra que le permite a Malena Alterio mostrar lo buena actriz que es. Su capacidad de replica ante otro gran actor, una estrella del teatro, como es Luis Bermejo, un imán para los profesionales, los aficionados y los enterados. Una cómica, porque esto es una comedia, o, más bien, una tragedia en la que el público se ríe mucho, con recursos actorales suficientes para que, haciendo comedia, y sin perder su personalidad, el personaje televisivo desaparezca de la escena. Y a la vez sepa dar el tono, la actitud y tener la presencia escénica para que el espectador que haya ido por su Belén de Aquí no hay quien viva, se olvide y pase a disfrutar con lo que pasa sobre las tablas. Unas tablas en las que parece no pasar mucho, pues no dejan de ser dos personajes intentando aprender qué es eso de hablar, que impulsa a hacerlo, y, sin embargo, pasa de todo.

 Daniel Grao.

Daniel Grao comparte estas características profesionales con Malena Alterio. No hay que olvidar que ha sido chico Almodóvar, y que este tiene un ojo clínico para eso de la interpretación. Su personaje en La máquina de Turing nada tiene que ver con los que últimamente ha hecho en la televisión y menos con ese profesor MacGyver de HIT. Esta vez interpreta a un apocado, tartamudo y homosexual genio de las matemáticas, Alan Turing. El que descifró el código secreto de las comunicaciones nazis, éxito del que nunca pudo alardear, y puso los cimientos para que hoy se puedan disfrutar de los ordenadores. El hecho es que la forma en la que ha construido su Turing, bajo la dirección de Claudio Tolcachir, hace que se olvide su personaje televisivo actual. Incluso, que al espectador le entren dudas de si es el mismo actor el que interpreta al hombre fuerte y de carácter de HIT y sucumba a la tentación de consultarlo en el móvil.

La puntualización anterior sobre las formas que despliegan en escena ambos actores es importante, porque no están puestas sobre el escenario de la misma manera. En el caso de Los que hablan Malena es una más. Una parte del engranaje que hace funcionar esta comedia absurda que se ha definido como la enésima sobre la imposibilidad de comunicarse. Cuando parece todo lo contrario, una comedia sobre qué alienta la comunicación, el hablar al otro y con el otro y la facilidad para decir casi cualquier cosa, pero no un simple y sincero te amo, te quiero. ¿Y mientras tanto? Mientras tanto se habla, se parlotea, se cuentan cosas que activan en la mente y en el cuerpo muchos mecanismos humanos.

Malena Alterio.

Sin embargo, La máquina de Turing, resulta ser ese producto comercial al que a veces se entrega el prestigioso director Claudio Tolcachir. Una forma de trabajo más resolutiva que creativa de la que ya se han visto varias muestras en España, hechas con actores populares como son la propia Malena Alterio, Carlos Hipólito o Emilio Gutiérrez Caba. Productos basados, por un lado, en textos de éxito y reconocimiento, como este que obtuvo 4 Premios Moliére, los Max franceses. Y, por otro, en la calidad técnica teatral. Como es la calidad actoral, en la forma de interpretar y la presencia del elenco, como Carlos Serrano, el otro actor en escena, que es capaz de desdoblarse en un montón de personajes y marcarlos bien. Y como es calidad técnica del resto de elementos que hacen una obra, como puede ser la escenografía. Espectáculos en los que parece que suele faltar ese insight al que suele recurrir este director en sus productos menos comerciales y más artísticos. Sus proyectos más personales, como Próximo o el exitazo de La omisión de la familia Coleman. Obras estas, en las que el espectador no asiste a una representación, sino que es parte activa de lo que sucede en la obra, por la forma sutil en la que les facilita la reflexión y pone en duda sus convicciones de los que se sientan en una butaca.

Coinciden, pues, dos obras en la cartelera madrileña que se dirigen a un público masivo y popular. De hecho, la venta de entradas no va nada mal para ambas. En Los que hablan el espectador se encontrará una comedia surrealista y beckettiana muy bien servida por Malena Alterio y Luis Bemejo, con más sentido del divertido sinsentido que se ve en escena. 

Mientras que en La máquina de Turing se encontrará un producto de corte clásico y comercial. En el que lo contemporáneo lo pone, tal vez, la visibilización de la homosexualidad y la denuncia de cómo era tratada en la reciente historia europea, en la que una orientación sexual indecente opacaba cualquier otra cosa en las biografías.

Dos propuestas entre las muchas que tiene para elegir el público soberano de Madrid. Dependerá lo que prefiera. Tener una experiencia, como la que propone Los que hablan en el Teatro de la Abadía, o que le cuenten historias, como la que cuenta La máquina de Turing. obras escritas y dirigidas por personas que posiblemente desconozca, pero que todas las noches tienen que ser bien servidas, para lo que hacen falta, más que actores y actrices populares, buenos actores y actrices.