¡Adopta un gato callejero!

En la calle en raras ocasiones viven más de 5 años, mientras que en un hogar pueden triplicar e incluso cuadriplicar esta edad.

Alfonso era un gato joven, gris, al que alguien había abandonado en una colonia felina hacía algunos años. Poco después de llegar Alfonso apareció en la colonia otro gato también joven, naranja, víctima igualmente del abandono, al que se bautizó como Tigerinno.

Alfonso y Tigerinno se hicieron amigos, y durante unos dos años vivieron juntos. Ambos padecieron la misma enfermedad crónica e incurable, la temida inmunodeficiencia felina —no transmisible a las personas—.

Un día Tigerinno, después de años padeciendo las inclemencias y peligros de la calle, perdió el interés por la vida y dejó de comer. Se quedó muy delgado y a punto estuvo de fallecer, ya que cuando un gato decide dejarse morir, suele llevarlo hasta sus últimas consecuencias; solo un milagro puede hacer que la muerte no lo visite.

En este caso no ocurrió así, ocurrió el milagro. Y es que, una persona que pasó un día por delante de la colonia se enamoró de él y se lo llevó con ella a casa, proporcionándole nuevamente el amor y el calor de hogar que un día tuvo y perdió.

Tigerinno se adaptó rápidamente a su nueva vida y recuperó las ganas de comer y de vivir. Hoy en día es un gato feliz y agradecido, que sabe que la vida le ha dado una segunda oportunidad y no la quiere dejar escapar.

Alfonso no corrió su misma suerte. Pese a ser tremendamente sociable, nadie reparó en él, nadie le dio esa segunda oportunidad. Pese a ser dos años más joven que Tigerinno, murió este martes, víctima de la enfermedad que ambos padecían.

La mayoría de las personas que deciden adoptar un animal buscan que sea joven —si es posible, cachorro de no más de un mes—, de raza y de color claro, o blanco. Los gatos sin raza, en colores grises y, especialmente, las gatas carey y los gatos negros no suelen tener salida. Si además el gato es de edad avanzada, es un milagro que alguien decida adoptarlo. Y si a ello se le suma el que se trate de un ejemplar que vive en alguna colonia felina sus posibilidades de ser adoptado son prácticamente nulas.

Es un error pensar que un gato, por el mero hecho de vivir en la calle, nunca se adaptará a convivir en un hogar; o que será fuente de numerosas enfermedades contagiosas para el ser humano; que arañará, morderá y romperá todo cuanto encuentre a su alcance; y que estará esperando el momento de poder escapar para volver a la calle.

Realmente las cosas no son así. Para empezar, los gatos que viven en colonias no son salvajes, sino ferales, es decir, gatos que se han acostumbrado a la vida en la calle. Solo algunos han nacido en ella. La mayoría proceden de la comodidad de un hogar del que se han visto privados tras ser abandonados por sus dueños, y no les ha quedado otra salida que amoldarse a la vida en el exterior.

Por ello, aunque en algunos casos puede resultar imposible su adaptación a la vida en una casa, muchos de estos gatos pueden hacerlo perfectamente, de manera rápida y sin complicaciones; algo que, como sucedió en el caso de Tigerinno, les lleva a redescubrir el calor de un hogar y el amor incondicional de un ser humano y que siempre nos agradecerán.

¿Qué hacer si queremos adoptar un gato de colonia?

Lo primero que debemos hacer es contactar con la asociación responsable de la gestión de la colonia; en caso de no ser gestionada por ninguna asociación, hacerlo con los alimentadores. Ellos nos podrán informar y aconsejar acerca de qué gatos son los más idóneos para ser adoptados y cuáles no.

Antes de introducir al gato en casa es necesario realizarle previamente una revisión de salud en el veterinario, así como desparasitarlo.

¿Qué ventajas tiene adoptar un gato de calle y adulto?

La primera será, sin duda, el prolongar sus años de vida: en la calle un gato en raras ocasiones vivirá más de 5 años. Por el contrario, aquellos que lo hacen en un hogar en el que tienen cubiertas sus necesidades alimenticias y sanitarias pueden triplicar e incluso cuadriplicar esta edad.

La segunda ventaja es que al hacerlo contribuiremos a que disminuya el número de gatos que viven en las calles.

Y la tercera, el gato al que un humano da una segunda oportunidad quedará agradecido a este de por vida, y nos lo hará saber con todos los medios a su alcance.

Adoptemos gatos callejeros, démosles una segunda oportunidad. ¡Cambia la muerte segura en la calle por una vida feliz en un hogar!

Para quien desee acompañar la lectura de este artículo con la música que sonaba de fondo mientras lo escribía, os dejo a continuación el vídeo:

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