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14/04/2019 09:34 CEST

"Se está hackeando directamente a los usuarios, tirando de egos y apetitos"

Entrevista con Ángel Gómez de Ágreda, autor de 'Mundo Orwell'.

CARLOS PINA / El HuffPost
Ángel Gómez de Ágreda, durante la entrevista con 'El HuffPost'.

70 años se cumplen en este 2019 de la publicación de 1984, el clásico de las distopías por antonomasia, la obra más conocida de George Orwell. Un relato que siempre ha parecido exagerado, imposible, aleccionador pero lejano, y que hoy casi estamos rozando con los dedos. La sobreexposición en las redes sociales, la falta de privacidad, el uso poco claro de nuestros datos, la manipulación informativa... Todo ello nos sitúa inquietantemente cerca del Gran Hermano. 

Ángel Gómez de Ágreda, coronel del Ejército del Aire, antiguo jefe de cooperación del Mando Conjunto de Ciberdefensa y representante español en el Centro de Excelencia de Cooperación en Ciberseguridad de la OTAN, acaba de publicar un “manual de supervivencia” para este mundo hiperconectado llamado precisamente Mundo Orwell (Ariel), en el que intenta radiografiar el nuevo tiempo y, sobre todo, dar consejos para enfrentarnos a él. Porque se puede. Hace falta, eso sí, poner de nuestra parte. 

¿Estamos ya en el mundo Orwell?

Estamos muy cerquita, con tecnologías que Orwell no se imaginó en ningún momento. Estamos muy cerca, más que de conectar todo, de controlar todo. Todo está ya prácticamente conectado, no sólo en el primer mundo, sino en casi todas partes, y de aquí a cuatro o cinco años estará conectado también hasta el último africano en la aldea más remota. Al mismo tiempo, todo estará controlado por el que lo conecta. El título del libro hace referencia al de Orwell pero quizá también estamos yendo al escenario de Aldous Huxley, aquel Un mundo feliz. Nos lo ponen todo muy fácil y nosotros vivimos muy felices renunciando a nuestra libertad y nuestra privacidad en aras de, simplemente, la comodidad.

¿El Ministerio de la Verdad de hoy es el teléfono móvil?

El móvil es uno de los instrumentos que tiene el Ministerio de la Verdad moderno, pero más bien el gran controlador son las redes sociales, que están detrás del acceso que tenemos muchas veces a la información. Por eso me parece tan trascendental el papel de los periodistas serios y de investigación, que no buscan vender titulares sino el contenido de la noticia, desmenuzarla y dar realmente información, no mensajes interesados. Las redes sociales, atribuyéndose la característica de no ser medios de comunicación, se quedan simplemente con la parte comercial, que les está dando muchísimo dinero con nuestros datos, pero no bajan a informar realmente y proporcionar elementos para ejercer la libertad por nuestra parte.

Aunque el dibujo del panorama es espeluznante, usted remarca que no quiere meter miedo, sino que busca prevenir. ¿Es buena o mala la tecnología?

No he escrito un manual de odio. La tecnología es útil y ahora mismo, sencillamente, ya no podemos renunciar a ella. Estamos teniendo una enorme cantidad de beneficios que nos están llegando día a día, en temas médicos, de movilidad, de comunicación… No seríamos capaces de aparcar todo lo que nos está dando. El problema es que nos hemos metido a utilizar esa tecnología antes de que haya una regulación y antes de que sepamos las consecuencias que tiene su uso. Dicho esto, creo que tienen un potencial tremendo. Lo peor que nos podría pasar en el ciberespacio es quedarnos fuera de él. Es la principal amenaza que tenemos, porque cualquier riesgo que podamos estar corriendo estando dentro es menor que renunciar a todas las ventajas que tiene.

Lo peor que nos podría pasar en el ciberespacio es quedarnos fuera de él. Es la principal amenaza que tenemos, porque cualquier riesgo que podamos estar corriendo estando dentro es menor que renunciar a todas las ventajas que tiene

Algoritmos, combinaciones, columnas de números… Usted defiende que eso es importante, pero avisa de que todo está, siempre, al servicio de una idea. 

Es que nos quedamos a veces con lo superficial, con el pánico a que nos roben la cuenta corriente, cuando en realidad las letras, que en código binario también se componen de números, forman palabras, y las palabras son las que mueven a pensar si eres más rico o más pobre, más que el hecho de tener más o menos dinero. Comento en la obra el cuento la camisa del hombre feliz: ese hombre que no tenía camisa, pero tampoco sabía que la necesitaba. A nosotros nos han creado la necesidad de tener una camisa o de tener un coche o el último modelo de teléfono y eso es lo que nos hace consumir y sentirnos felices o desgraciados en función de que poseamos eso o no lo poseamos. La generación de esas ideas y necesidades está ahí. Sí, los números son importantes, pero lo más importante al final es cómo pensamos y los valores que tenemos.

¿También se ha creado la necesidad de que tengamos que exponernos tanto en las redes?

En ese caso, es una necesidad que tenemos desde siempre. Lo que nos han dado es el mecanismo perfecto para que todo el mundo busque todos los días sus 15 minutos de gloria. El problema es que no sólo hay algoritmos y programas, sino que hay egoritmos que se han consolidado. Es una palabra que uso en un intento de ilustrar que, además de programas y tecnologías, hay personas. No sólo están recurriendo al hackeo de las redes, los números, las tecnologías, sino que muchas veces están hackeando directamente a los usuarios, tirando de los egos y apetitos que tenemos, del afán de comodidad que tenemos y que nos han vendido muy fácilmente con estos programas supuestamente gratuitos.

CARLOS PINA

Acuña otro concepto que da escalofríos: la guerra “en” la gente. ¿Qué es eso?

La guerra ya ha dejado de ocurrir en el campo de batalla, lejos de los ciudadanos. Preocupó mucho hace unos años cuando los terroristas trajeron la guerra entre la gente y ya no te sentías seguro en ningún sitio más que en tu casa, encerrado, donde tenías la casi seguridad de que nadie te iba a hacer daño. Ahora la guerra se desarrolla dentro de cada uno de nosotros. No van a venir a matarte -aunque queda poco también para que eso se pueda hacer por medios informáticos-, pero lo que van a hacer es venir a cambiar la forma que tienes de pensar. Al final, en la guerra de lo que se trata es de cambiar la voluntad del adversario y aquí van a venir a cambiar tu forma de pensar dentro de tu cabeza, a través de las redes sociales, los buscadores o la información que te llega. Nos hemos convertido, nosotros, en un campo de batalla en el que están luchando empresas, estados, personas… y eso nos coloca en una posición similar a la del salvaje oeste: puedes correr, pero no esconderte, porque no hay dónde hacerlo.

No sólo están recurriendo al hackeo de las redes, los números, las tecnologías, sino que muchas veces están hackeando directamente a los usuarios, tirando de los egos y apetitos que tenemos, del afán de comodidad que tenemos y que nos han vendido muy fácilmente con estos programas supuestamente gratuitos

Habla del cambio de valores, identidades y concepciones que ha traído esta revolución pero, ¿dónde está nuestra labor de ciudadanos, la responsabilidad de ser conscientes? ¿Podemos tomar las riendas o es imposible?

Nos han puesto muy fácil convertirnos en ciudadanos consumistas, nada más, de los que se dejan hacer. Lo que hemos hecho ha sido dejar de comprometernos con el funcionamiento diario de la comunidad en la que vivimos, incluso con el de la familia. Dedicamos todo nuestro esfuerzo a ir consumiendo píldoras de información que no nos llevan a nada, pero ningún esfuerzo a profundizar en esa información y en crearnos nuestras propias ideas y valores. Al final, nos convertimos en carne de cañón, en consumidores pasivos de democracia, en la que no tenemos prácticamente nada que decir ni ganas que decirlo. Gritamos mucho, pero no decimos nada, por resumir. 

¿Qué papel jugamos los medios? 

En un momento dado de este proceso, también se han ido a lo cómodo, a lo fácil. Las redes son un mecanismo estupendo para distribuir información y la apuesta es clara: “pues vamos a subirnos al carro”. Pero se ha hecho sin daros cuenta de que eso lo que hacía era poneros en manos de las plataformas que distribuían esa información, que perdíais la auctoritas que han tenido los medios de haber tenido el tiempo de informarse, dedicar los recursos para profundizar en la noticia y dar una opinión formada. Yo no digo que los medios tengan que ser neutrales, no, cada uno debe tener su ideología; el problema es cuando nos quedamos en la superficie, metiéndonos ahí en las olas, sin profundizar nunca. Ya no es que tengamos una ideología u otra, es que no tenemos ninguna. Vamos a saber la temperatura que hace, sin enterarnos realmente de qué tiempo va a hacer.

Dice el periodista Miguel Ángel Aguilar que “en las inundaciones lo que falta primero es el agua potable”...

Tal cual. Es lo que llamamos la infoxicación, una intoxicación de información, muchas veces manipulada, que no nos dice realmente nada. Tenemos información por todas partes, pero no conocimiento. Ninguno.

Ahora la guerra se desarrolla dentro de cada uno de nosotros. No van a venir a matarte -aunque queda poco también para que eso se pueda hacer por medios informáticos-, pero lo que van a hacer es venir a cambiar la forma que tienes de pensar
CARLOS PINA

 

Usted le da la vuelta a las famosas fake news, las noticias falsas, y habla de “falsas noticias”. ¿Por qué el matiz? 

Porque eso no es noticia, es otra cosa. Tiene el mismo formato que las noticias, pero al final de lo que se trata es de lanzar un mensaje interesado, de un publirreportaje al que le han quitado ese aviso obligatorio de decir que es un publirreportaje. Nos están colando una propaganda o publicidad en un formato de noticias, junto con otras noticias, para que al final nos quedemos con la credibilidad que aportan los medios y nos traguemos el relato como si fuera línea editorial.

Y también hay que hacer otra distinción esencial entre la línea editorial y las noticias. La primera refleja una postura, una opinión, mientras que las segundas deberían simplemente informar lo más asépticamente posible. Hemos desdibujado también esa separación entre opiniones y noticias, entre otras cosas porque hemos hecho que la verdad sea opinable. Hemos democratizado el concepto de verdad. Ahora ya simplemente por el hecho de tener suficientes seguidores que apoyen una visión pretendemos que algo se convierta en verdad, independientemente del grado de certeza que haya sobre el tema.

La manipulación ocupa un lugar importante en Mundo Orwell. Y surge, obviamente, el escándalo de la trama rusa en EEUU. ¿Se pueden manipular de verdad unas elecciones, se puede influir tanto en un resultado?

Todo se basa en la toma de decisiones. Sean electorales o no, los pasos se dan básicamente en función de los sentimientos. Cuando se sabe qué hilo controla qué reacción, es fácil tirar de uno o de otro para manejar la marioneta. El voto es libre y secreto en la teoría, pero en esas circunstancias se vuelve teledirigido. Estamos expuestos a la propaganda y las encuestas y a los mensajes que se mandan, por toneladas. Por ejemplo, hay equipos electorales que utilizan las llamadas granjas de trolls para dar mayor difusión a sus ideas y generar corrientes de opinión en las redes sociales, masivas. Miles de personas conectadas a distintas cuentas que pueden generar una polémica, una controversia, incitan a la confrontación y difunden bulos y rumores. El poder es enorme. 

Sean electorales o no, los pasos se dan básicamente en función de los sentimientos. Cuando se sabe qué hilo controla qué reacción, es fácil tirar de uno o de otro para manejar la marioneta. El voto es libre y secreto en la teoría, pero en esas circunstancias se vuelve teledirigido

Justo el Gobierno español ha puesto en marcha una estrategia para controlar interferencias y noticias falsas en las elecciones del 28-A. ¿Sirve?

Es muy curioso porque se ha puesto en marcha un proyecto que empieza el 1 de abril, mientras que la Unión Europea ha puesto en marcha ya un proyecto equivalente para proteger las elecciones del 26 de mayo. En la UE están ampliando bastante el plazo, si lo comparamos. Si nos dedicamos únicamente a intentar controlar las narrativas durante la campaña, vamos a dejar que previamente se construyan también muchos relatos y así se calando en la gente. Es muy difícil desmontar cada una de las mentiras y es tremendamente fácil apelar a los sentimientos, a los afectos, para condicionar nuestra forma de pensar. Entre otras cosas porque estamos metidos en una cultura en la que nosotros damos por sentadas una serie de verdades que no cuestionamos jamás y todo lo ponemos en referencia a esos prejuicios que tenemos, con lo cual somos muy fácilmente manipulables.

Hemos sabido recientemente que ha sido pirateada la red interna del Ministerio de Defensa español. ¿Cuál es el riesgo real ante la llamada guerra digital?

 Defensa evidentemente es una infraestructura crítica y estratégica, a la que quizá no hemos prestado tanta atención como a los procesos electorales, por ejemplo. El riesgo real es que en Ucrania, hace un par de años, durante unas horas, se dejó sin luz a 300.000 personas a través de un ataque informático. Y se tiene constancia de que en EEUU la mayor parte de la red eléctrica ha sufrido visitas de alguien externo para tener el mapa de cómo está construida y poder atacarla en un momento dado. Estamos viviendo en el ciberespacio tanto como en el espacio físico, tenemos que ser conscientes de eso, y que si alguien puede manipular el espacio en que vivimos, el que sea, nos va a afectar absolutamente. El riesgo es muy grande y además es muy difícil saber de dónde viene y preverlo con tiempo, porque actúa a la velocidad de la luz.

¿Y quién es “la mano que mueve el ratón”?

Yo incito a la gente a que lo mueva ella, a que sean los ciudadanos los que construyan su propia narrativa y su propia imagen. En el caso de que no muevas tú el ratón, alguien lo va a hacer por ti. Y la mano que mueve el ratón es la mano que domina el mundo, parafraseando a la película. Lo que está ocurriendo es que dedicamos mucho tiempo a nuestra imagen física, a cómo vestimos o nos peinamos o al lenguaje no verbal y muy poco a nuestra imagen lógica, que están viendo miles de personas. Algunos, además, intentando que no se corresponda con lo que hay realmente. Hemos visto recientemente campañas de difamación que aprovechan la capacidad de difusión de las redes para hundirle la reputación a cualquier persona, normalmente en el ámbito de la política. Si no eres lo suficientemente activo, si no existe una transparencia por tu parte, que desacredite cualquier declaración que pueda haber después con lo que haces, que no sea consecuente con tu línea de acción habitual, te puedes arriesgar a que en un momento dado alguien se apropie de tu imagen.

También aborda la revolución de las máquinas y la incertidumbre que genera su implantación. ¿Nos quedaremos sin trabajo? 

Si lo que pretendemos es vivir cómodamente de lo que hemos aprendido en estos años, si lo que pretendemos es convertirnos de alguna manera en una máquina que simplemente sabe hacer cosas de forma repetitiva, entonces sí, tenemos que preocuparnos mucho, porque las máquinas lo hacen muy bien, mucho mejor que nosotros, de una forma mucho más barata, sin protestar, sin descansar… Sin embargo, si lo que pretendemos es ser más humanos, más personas, aportar el valor de ser no sólo inteligentes como una máquina, sino de la empatía, las características propias las personas, no tenemos que temer nada. Al contrario: las máquinas van a liberarnos del resto del trabajo. No ahora, a lo mejor dentro de 10 o 20 años, pero van a permitir que nos centremos en la parte más creativa y humana de nuestra labor. Van a sustituir sobre todo tareas concretas, no trabajo como tal. En el caso de su oficio, por ejemplo: van a facilitarle mucho al periodista el acceso a la información, de tal manera que pueda dedicarse a profundizar en ella, relacionarla con otros temas y construir un discurso, en lugar de dedicar muchísimo tiempo a encontrar la información. El problema ha sido, es y será el periodista que siga pensando que su trabajo es encontrar la información, cuando la información está en Google ya. A ese sí le van a quitar el trabajo.

¿Estamos preparados para abordar este mundo hiperconectado, como ciudadanos y como Gobiernos?

Tenemos en Europa, y en España en particular, un talento descomunal, los mejores ingenieros, profesionales tremendamente formados, muy imaginativos, innovadores, y lo que nos falta es la estructura fiscal, organizativa, económica, incluso la mentalidad de saber aprovechar ese talento. Tenemos la materia prima, pero nos falta el liderazgo y, en parte, la financiación para poder competir. Si no, el grave problema que vamos a tener es que nos va a venir toda la tecnología de fuera. Las últimas empresas europeas del campo tecnológico han prácticamente desaparecido.

Lo que está pasando con la pelea por el 5G entre EEUU y China, en la que Europa no dice casi nada... 

Sí. Es una tecnología que va a tener muchísima más potencia, es por donde pasa la información, es donde conectas las aplicaciones. Evidentemente, el que controle eso va a tener muchísimo poder, sea quien sea. A partir de ahí, tendremos que decidir en primer lugar si vamos a ser nosotros los que ponemos el 5G en Europa o si se lo vamos a subcontratar a alguien, si vamos a dejar que alguien nos ponga el escenario. Tendremos que jugar con las reglas que nos lleguen. Después hay que decidir con quién queremos ponerlo. En cualquiera de los dos casos estaremos a merced de las tecnologías que nos hayan facilitado otros y, probablemente, perdiendo el último tren que nos permita ponernos alguna vez a su altura. Dependiendo de terceras potencias va a ser muy difícil que seamos capaces de desarrollar nosotros algo sin pasar por lo que están haciendo ellos. Tendríamos que ser nosotros los que estuviéramos en alguno de los nichos que permite el mercado en esta tecnología, al menos. En Europa, por población, cultura y muchas circunstancias más es casi imposible que podamos competir en 5G con China o EEUU, pero sí tenemos que ser capaces de identificar algunas tecnologías concretas en las que podamos ser punteros y relevantes. Que tengamos algún cromo que cambiar con los otros. 

El consejo básico es: “conoce el entorno en el que vas a vivir”

Al final de cada capítulo, en su libro ofrece consejos de supervivencia en esta jungla. ¿Nos da uno, básico, para empezar? 

Yo diría que el consejo que subyace es: “conoce el entorno en el que vas a vivir”. Ya conoces de forma natural tu entorno físico, donde resides, las calles de tu ciudad, las carreteras, cómo moverte… Para vivir en el ciberespacio tienes que conocerlo también y ser consciente de que no hay vida privada y, por lo tanto, reservar aquella parte de tu privacidad que no quieras darle a los demás, que quieras mantener para ti mismo, por cualquier cosa, por propiedad intelectual, porque necesitas tu espacio… Alguien decía que ahora vamos a aspirar a 15 minutos de intimidad, más que de gloria, en algún momento de nuestra vida. Hay que saber preservarla y no colocarla en cualquier aparato que pueda llegar a estar conectado.