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02/08/2020 11:51 CEST | Actualizado 02/08/2020 11:51 CEST

Ajedrez y rastreadores de la COVID-19

Nos encontramos en un momento crucial de la partida, ha llegado la hora de desarrollar todas las piezas y acorralar al rey enemigo.

ClaudioVentrella via Getty Images

Una de las aperturas más populares de ajedrez es la llamada “apertura española” o de Ruy López, debido a que este sacerdote fue el que la popularizó allá por el siglo XVI. No vamos a describirla, no es el lugar más apropiado, pero consiste básicamente en sacar el alfil blanco de rey muy al principio de la partida para conseguir el enroque.

Si utilizamos la metáfora ajedrecística, la estrategia sanitaria actual consiste en movilizar a centenares de los llamados rastreadores de la COVID –alfil– para proteger al grupo más frágil de la población, las personas con enfermedades crónicas y de mayor edad –el rey–. 

No está de más recordar que las epidemias se pierden o se ganan en las trincheras de las enfermedades crónicas.

En estas últimas semanas estamos asistiendo a brotes epidémicos de la COVID-19 repartidos por toda la geografía española que, incluso, nos hace recelar que ya estemos imbuidos en una segunda oleada. 

El papel de los rastreadores se antoja esencial en estos momentos, para evitar la propagación indiscriminada.

Nos encontramos en un momento crucial de la partida, ha llegado la hora de desarrollar todas las piezas y acorralar al rey enemigo. Para ello es preciso detectar precozmente los nuevos contagios y realizar el seguimiento telefónico de los contactos, únicamente de esta forma podremos minimizar la expansión de los fuegos epidemiológicos

A través de la llamada telefónica los “detectives sanitarios” explican al sospechoso, que ha estado en contacto con una persona que ha dado positivo en el test de la PCR del coronavirus y le realizan un breve cuestionario encaminado a conocer la existencia de algún síntoma relacionado con la enfermedad (fiebre, tos, dolor en el pecho…).

En el supuesto de que alguna de las respuestas sea afirmativa, el rastreador solicita una PCR para ese contacto, así como el aislamiento preventivo durante catorce días, hasta conocer el resultado de la prueba. Durante los siguientes días el rastreador se volverá a poner en contacto con el sospechoso para conocer si en ese intervalo de tiempo ha aparecido algún tipo de sintomatología.

Centrándonos ya en los pacientes. Desde el punto de vista asistencial estamos observando una serie de diferencias cualitativas en relación a la primera oleada, afecta a grupos más jóvenes, hay un elevado número de asintomáticos y la enorme mayoría, afortunadamente, no precisa ingreso en unidades de cuidados intensivos. 

Para dar jaque mate al coronavirus necesitamos la colaboración de toda la sociedad.

Pero este cambio de paradigma no debe hacer que nos relajemos en nuestras medidas preventivas y que sigamos las recomendaciones que nos dictan las autoridades sanitarias.

El papel de los rastreadores se antoja esencial en estos momentos, para evitar la propagación indiscriminada, el colapso de las urgencias sanitarias y la infección de la población más vulnerable. 

La estrategia más ortodoxa y pragmática se basa en testar, localizar y rastrear. Las tres “tes” si usamos la nomenclatura anglosajona: test, track and trace.

Para dar jaque mate al coronavirus necesitamos la colaboración de toda la sociedad, los alfiles precisan del concurso de caballos, torres y peones, sin ellos cualquier medida que lleven a cabo será infructuosa. 

A pesar de que las recomendaciones nos puedan parecer muchas veces antipáticas o incómodas no debemos olvidar que esta partida la ganamos todos.

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