BLOGS
02/10/2021 09:59 CEST | Actualizado 02/10/2021 09:59 CEST

Al hilo de la visita de Díaz Ayuso a Estados Unidos

La Comunidad de Madrid debe aspirar a ser reconocida internacionalmente, a estar presente en foros globales

EFE
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en Washington.

La visita de la presidenta Isabel Díaz Ayuso a Estados Unidos me da pie a escribir esta tribuna sobre una política pública olvidada en la Comunidad de Madrid, la cooperación internacional para el desarrollo.

A estas horas lo que más ha trascendido de esta visita son las declaraciones sobre el “indigenismo” en un alarde de arrogancia y supremacismo a partes iguales y su crítica a la petición de perdón que el Papa Francisco ha hecho a México rescatando el hispanismo más casposo y menos edificante.

Hispanismo que nada tiene que ver con una de las principales señas de identidad de la Cooperación Española, el respeto a la diversidad cultural, el reconocimiento del otro en igualdad de condiciones, el compromiso con la construcción de la comunidad iberoamericana de la que tenemos la suerte de formar parte.

Si bien la política exterior es una competencia estatal, el resto de las administraciones sí tienen competencias para hacer acción exterior y es en el marco de ésta donde se justifica la existencia de la cooperación para el desarrollo. No en vano el 20% de la Ayuda Oficial al Desarrollo de España procede de comunidades autónomas y entidades locales.

Las regiones son un actor clave en el desempeño de agendas globales como el acuerdo por el clima o la agenda 2030 y la pandemia ha reforzado precisamente su papel en la provisión de bienes públicos globales. En esta línea en mayo de 2020 las 17 comunidades autónomas y otros actores de la cooperación descentralizada publicaron la declaración “De la crisis se sale cooperando” en la que reivindican la cooperación para el desarrollo como política clave y su papel para implementarla.

Reivindicación que en el caso de la Comunidad de Madrid se concreta en ser la tercera región por la cola en recursos destinados a cooperación para el desarrollo. 4.567.238€ en 2020 frente a los 47.234.466€ de Euskadi, los 26.942.000€ de Andalucía o los 6.978.818€ de Galicia.

Sin duda la comparativa que mejor muestra el esfuerzo en solidaridad internacional son los 0,67€ por habitante que destina Madrid frente a los 7,84€ de Extremadura, con una renta media un 38% inferior a la madrileña. 

Quienes vivimos en Madrid ya sabemos que para Díaz-Ayuso las desigualdades y sus causas son un mantra de la izquierda, idea que trasladada a la esfera global nos lleva a que la solidaridad internacional ni esté ni se la espere.

Años de abandono han colocado la cooperación donde el gobierno regional quería, en la parte baja de la agenda política madrileña. No parece haber motivos para la esperanza, pero no debería suponer que se dejara de insistir en ello. 

La Comunidad de Madrid debe aspirar a ser reconocida internacionalmente, a estar presente en foros globales, y la cooperación para el desarrollo ofrece una oportunidad excelente para colocarse en el lado bueno de la historia y hacerlo con empatía y humildad.

NUEVOS TIEMPOS