La culpa es vuestra: Putin recurre al victimismo ante los "nazis" para dar sentido a su guerra

El discurso del Día de la Victoria rusa sobre las tropas de Hitler se esperaba cuajado de novedades, pero no ha habido ni una. Sólo glorificación del pasado y acusaciones falsas.

Vladimir Putin debe estar riéndose a lo grande. Todo el mundo especulando con su discurso del Día de la Victoria, para nada. Las Inteligencias de referencia, bienintencionados líderes religiosos como el papa, la prensa internacional en pleno... cada cual hacía su apuesta: va a poner fin a la guerra, va a declararla formalmente, va a aumentar el reclutamiento, va a anunciar una nueva ofensiva, va a desvelar alguna conquista. Todo fue nada. El presidente ruso se ha limitado a ir de quejica y de acusica, a hacerse la víctima y a usar el pasado para justificar el presente. La culpa de que haya invadido Ucrania es eso, de Ucrania y de sus amigos de la OTAN. Rusia sólo se ha defendido “preventivamente”.

En sus 11 minutos de intervención, hizo algo previsible: paralelismos entre el momento de hace 77 años, cuando las tropas de la URSS vencieron a las de Adolf Hitler. La lucha contra el fascismo, entonces y ahora. Lo que no era tan esperado es que prácticamente fuera lo único con lo que quedarse de sus palabras. Ni una pista para el futuro ha dado. Esta noche estamos más confusos sobre el porvenir de la contienda que esta mañana. Lo que sí sabemos es que el Kremlin ni ha derrotado a Ucrania ni ha derrocado a su Ejecutivo. Eso no lo podía vender.

Básicamente, de su explicación se extrae que la “operación especial” -expresión que esta vez no ha empleado- es, simplemente, un lucha por la patria propia. A base de acusaciones falsas o infundadas sobre el nazismo del Gobierno de Volodimir Zelenski, Putin ha hecho lo que el responsable de Defensa de Reino Unido, Ben Wallace, ha denominado “una narración de cuento de hadas”, en la que ha querido meter miedo a los rusos, insistiendo en que están rodeados -aunque sólo el 6% de sus fronteras lindan con territorio OTAN- y evitaron el golpe lanzando el pasado 24 de febrero su ofensiva contra el país vecino. Precrimen, pasado glorificado, nostalgia soviética y pretendida inocencia que han dibujado una estampa de fortaleza sitiada por Occidente.

Leámoslo en sus palabras. Dice el mandatario ruso que invadir Ucrania ha sido una medida “forzada”, “necesaria”, la ”única posible”, porque no podría quedarse de brazos cruzados ante una agresión conjunta del país y la Alianza Atlántica. “Hemos visto cómo se despliegan infraestructuras militares, cómo cientos de expertos extranjeros trabajaron en Ucrania, cómo estaban suministrando armamento de la OTAN”. No ha dado pruebas de ello, como no lo ha hecho en los casi tres meses que lleva la ofensiva, como no lo hizo en la noche en que lanzó el ataque, con argumentos similares. “El peligro iba creciendo cada día”, ha enfatizado, y por eso, como país “soberano, fuerte e independiente”, asestó el primer golpe.

En Rusia, con medios intervenidos y censurados y amenazados, nadie ha escuchado a la OTAN, a EEUU, a la UE y al propio Gobierno de Kiev negar esas acusaciones, cosa que hacen a diario. Todos los movimientos que cita Putin como amenazantes no son tal, no han sido verificados independientemente, ni tampoco coinciden con los ejercicios o entrenamientos que, sí, Kiev ha tenido con personal llegado desde fuera en los últimos años, por su nueva relación de colaboración con Bruselas y con la Alianza. Eso, sin tener en cuenta que Ucrania buscaba la manera de blindarse ante quien, ya en 2014, se anexionó Crimea y azuzó la independencia de dos provincias como Donetsk y Lugansk. Su país.

Vladimir Putin, este lunes, presidiendo el desfile del Día de la Victoria en Moscú.
Vladimir Putin, este lunes, presidiendo el desfile del Día de la Victoria en Moscú.
Mikhail Metzel via AP

La supuesta mano tendida

Putin ha tratado de poner cara de bueno en su discurso. Asevera que siempre abogó “por un sistema de seguridad global e indivisible, uno que es vital para toda la comunidad mundial”. Y que está dispuesto a hacer “todo lo posible para que el horror de una guerra global no se repita”. Lo que pasa es que tampoco eso se corresponde con sus hechos: ha defendido que, en diciembre, propuso “cerrar un acuerdo de garantías de seguridad” y así es como llama a las exigencias que mandó al cuartel general de la OTAN y a Washington y que suponían remodelar la seguridad internacional de arriba a abajo. “Acuerdo” que era un “lo tomas o lo dejas”.

Va más allá. “Rusia llamó a Occidente a un diálogo sincero, a buscar soluciones y compromisos razonables por el bien común. Todo en vano. Los países de la OTAN no quisieron escucharnos, lo que significaba que de hecho tenían planes completamente diferentes y los vimos”, ha dicho. La no cesión a bloquear la expansión al este de la Alianza Atlántica fue la culpable de que todo encallara, explica, cuando se le ofrecieron por ejemplo negociar acuerdos de desarme y medidas de confianza en diferentes foros, como adelantó El País.

Hubo un momento, no más allá de enero, en que parecía posible un diálogo sobre la seguridad europea, pero resulta que todo el tiempo Putin se estaba preparando para la guerra. Eso es lo que denunciaban EEUU y Reino Unido, aún con sus socios llamándolos agoreros, incapaces de pensar que el riesgo era inminente, y eso es lo que acabó pasando.

“En Kiev anunciaron la posible adquisición de armas nucleares y el bloque de la OTAN comenzó un desarrollo militar activo de los territorios en nuestra cercanía”, añade sin más fundamento, cuando esos pasos, de ser reales, hubieran sido realmente suicidas, teniendo enfrente a un gigante militar como Rusia. Era “inevitable”, insiste, una agresión “azuzada” por “Estados Unidos y sus socios”.

Ese “lo vimos” de más arriba no es “lo vimos”, en realidad, pero a su juicio es porque su pronta actuación impidió la “operación de castigo en el Donbás, una invasión de nuestros territorios históricos, incluida Crimea” que supuestamente estaban preparando sus adversarios. Ahí está una de las claves de su argumentario: “nuestros”. “Las milicias del Donbás junto al Ejército ruso luchan en su propia tierra (...)”, ha añadido, ante varios de los uniformados que ahora están allí destinados y que han desfilado esta mañana en Moscú. Como una mayoría de la población del este de Ucrania habla ruso y tiene raíces culturales e históricas con el vecino entonces, según el razonamiento putinista, Rusia tiene derecho a reclamar dichos territorios como su zona de influencia o patio trasero. Putin pisotea así la soberanía de un país independiente, como llevaba haciendo ocho años, y entiende como suyo un territorio que internacionalmente está reconocido como ucraniano.

Y llega la segunda clave: esa “amenaza intolerable” que se estaba fraguando “apuntaba a que un enfrentamiento con los neonazis”, que es como llama a los dirigentes ucranianos. Ahí está la ligazón con el pasado, el fascismo recuperado y la necesidad de luchar contra él. Ante un público convencido y sentado junto a veteranos que aún sobreviven, ha señalado a los mandatarios de Ucrania como partidarios del líder colaboracionista Stepán Bandera, un criminal de guerra ejecutor de parte del Holocausto en Polonia que desde la ultraderecha y el nacionalismo más ciego se reivindica como un héroe nacional. Ahí saben quién es Bandera y lo que significa luchar contra él. “Que nadie olvide las lecciones de la Segunda Guerra Mundial, para que en el mundo no haya sitio para verdugos, represores y nazis”, ha remachado.

Aquel horror de contienda, la Gran Guerra Patria como la llaman en Rusia, que dejó no menos de 26 millones de muertos entre militares y civiles, le ha servido de paso para censurar los “bárbaros ataques neonazis” que ahora se acometen, supuestamente, en Ucrania. De nuevo, ha usado una referencia que duele mucho en clave interna: los “mártires de Odesa”, que “fueron quemados vivos en la Casa de los Sindicatos en mayo de 2014”. Unas 400 personas se refugiaron allí en mitad de unos enfrentamientos callejeros a favor de Ucrania y de Rusia, justo antes de los autodenominados “referendos” de Donetsk y Lugansk sobre su separación de Kiev. La televisión rusa mostró cadáveres calcinados e informó que “nazis ucranianos”, prooccidentales, que habían “quemado vivos” a ciudadanos prorrusos lanzando cócteles molotov contra el edificio.

Frente a ese comportamiento que le repugna, Putin ha enfatizado el de la madre Rusia, “que nunca dejará de lado el amor por la patria, la fe y los valores tradicionales”. “En Occidente, aparentemente, han decidido cancelar estos valores milenarios. Esta degradación moral es la base para la cínica falsificación de la historia de la Segunda Guerra Mundial, incitando a la rusofobia, aplaudiendo a traidores y burlándose de la memoria de las víctimas”, ha criticado.

Ni avances ni poderío

Putin, todo un ejemplo de ética, humanidad y saber estar, dando lecciones, cuando todo ese mundo que ha defendido no tiene el sustento, siquiera, de que la ofensiva la va ganando. Hoy está claro que nadie gana la guerra, pero desde luego Ucrania no la está perdiendo y eso es incomprensible para un presidente y unos asesores que pensaban en una incursión de 48 horas para llegar hasta Kiev. Un paseo militar, que se dice. Sólo puede afirmar, en puridad, que tiene Jersón, única ciudad ucraniana conquistada por completo. A su actual gobernador, Volodimir Salado, prorruso, lo busca el Gobierno de Kiev por traidor, informa la BBC. Disidentes, por cierto, que no han aparecido en el discurso de Putin, cuando hay medios que apuntaban a nuevas amenazas contra su disidencia interna para abran aún menos la boca. Ya bastante atados están.

Existe una evidente desconexión entre el impresionante y bien coreografiado desfile en la Plaza Roja, impresionante todos los años y también este, y la realidad en el campo de batalla de Ucrania, donde la batalla por el este tampoco avanza, dentro de la segunda fase de la guerra, pero sin una movilización general, que era lo que se esperaba que se anunciara hoy, Rusia no tiene suficientes tropas para conquistar, someter y ocupar Ucrania. Moscú ha reconocido solamente 1.321 bajas en sus tropas, que su rival eleva a 25.000.

El desfile ha mostrado el poderío de la segunda potencia defensiva del planeta, pero tampoco tanto. Ha contado con representación de los sistemas principales que ahora mismo se están usando para acatar a Ucrania, como la artillería autopropulsada, los blindados o los misiles balísticos, pero ha faltado la exhibición de fuerza aérea, esa que estaba ensayando desde hace días una Z, símbolo de la ofensiva, en los cielos de Moscú. La razón: las condiciones climatológicas, que más bien suenan a excusa, mirando el cielo de hoy. En cualquier caso, como cada año pero con más sentido, Rusia ha hecho un recordatorio de su arsenal, especialmente del nuclear, ese que quita el sueño a Occidente.

Tras este 9 de mayo que iba a ser mucho y no ha sido casi nada, al menos queda el suspiro colectivo de alivio en gran parte del mundo al confirmar que Putin no declara la guerra formalmente y sube la apuesta en Ucrania. Suspiro corto, porque tampoco ha dado señales de que el fin a las hostilidades esté cerca. Ha dicho hoy Moscú que las negociaciones no han parado, que siguen digitalmente. Quizá sea lo único positivo del día, saber que no se ha roto la baraja.

Desfile del Día de la Victoria en Moscú, 2022