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10/09/2019 07:22 CEST | Actualizado 10/09/2019 07:22 CEST

Análisis, opinión y propaganda

En estos tiempos la propaganda se disfraza de opinión y análisis, despojándolos de su esencia.

Bet_Noire via Getty Images

Son tiempos plagados de propaganda, de esa forma de colonización del otro que busca sumar borregos-zombis a un determinado curso de acción, legitimar una línea discursiva o sencillamente promover la inmovilidad. Son tiempos con pocas opiniones o manifestaciones de una determinada posición sobre las realidades que experimentamos, es decir de opinión. Y tristemente es una época con escasos análisis. En estos tiempos la propaganda se disfraza de opinión y análisis, despojándolos de su esencia y esterilizando el campo del debate social.

Los actores sociales, políticos y económicos que operan en la sociedad disponen de bastas maquinarias de propaganda y promueven eventos significativos en determinadas coyunturas para echarlas a andar. Se promueve la homogeneidad, por lo tanto la opinión se valora en función de su apego a las tendencias, de lo contrario su portador es estigmatizado o excluido de los circuitos de interés hegemónicos. Así que muchos piensan que hay opinar con tino, cerca del fuego, pero no tanto para quemarse en la hoguera. Los análisis se manejan en los círculos de la dirigencia de los factores en disputa, se ocultan del vulgo: para ellos propaganda, solo para citar un ejemplo me referiré a la situación eléctrica.

La propaganda, la opinión y el análisis son inherentes a las sociedades contemporáneas, en particular para la primera los  grupos de interés experimentan en un nuevo campo acción, las redes sociales, que ponen a su disposición todo un entramado para llegar a lo que se denominan públicos objetivos. 

En estos tiempos la propaganda se disfraza de opinión y análisis, despojándolos de su esencia.

Quienes participamos o queremos participar en la construcción de un proyecto de país con una propuesta alternativa al capital, debemos afectar la preeminencia de la propaganda y privilegiar del análisis de las realidades que vivimos, en diferentes planos; colocando en su justo lugar el aporte de saber científico y el saber popular, es decir que no ignore el conocimiento colectivo. En este proceso el análisis debe permitirnos fundamentar nuestras posiciones políticas como trabajadores y trabajadoras y los cursos de acción necesarios y coherentes con nuestros intereses, afectando fuertemente esa idea engañosa proveniente de la propaganda que postula “Ya todos saben lo que pasa”, solo falta alguien que nos diga que hacer o hacia donde debemos ir. En este camino debe haber lugar para todas las opiniones, como expresión de la libertad  individual y colectiva. ¡Ah! ¿y la propaganda?, pues que circule por ahí, huérfana.

 

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