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01/03/2020 12:07 CET | Actualizado 01/03/2020 12:07 CET

ARCO 1 - Coronavirus 0

No es una pandemia motivo de risas, si bien estas son un buen mecanismo de defensa.

SOPA Images via Getty Images
Un visitante en ARCO. 

En un mundo que especula con mascarillas y que persigue a sus vecinos por tener rasgos asiáticos, ARCO, la feria de arte de Madrid, pudo ser un desastre que asestase al maltrecho mercado del arte español el golpe de suerte. Pudo ser el arma del pánico como fue el Mobile en Barcelona. Pudo ser también otro ridículo de administraciones nerviosas, pero ha sido un éxito: ARCO ha vencido al uso mediático con el que los gestores del virus atemorizan a un mondo desorientado. La feria madrileña ha dado una lección de seriedad, rigor y valentía que hace pensar que no todos los públicos de grandes eventos son igual de inteligentes. Con bastante orgullo debo decir que el del arte lo es más.

Esto ha ocurrido gracias al trabajo de Maribel López, la directora que se estrenaba este año. Desde la rueda de prensa el tema estuvo ahí. Puedo imaginar las presiones que ha debido recibir y hoy podemos valorar que acertó en varios puntos. El primero es celebrar la feria. Ayer sabíamos que Art Basel no está confirmada aún pero Maribel, actuando con lógica y fuerza, ha celebrado una de las mejores ediciones de que se recuerdan. No ha debido ser fácil, puedo imaginar el número de voces y disparidades sobre una amenaza incierta.

El segundo acierto ha sido normalizar la feria. El año de la gripe A yo estaba haciendo una feria en Chicago. La parafernalia de personal con mascarilla, los controles de manos, los desinfectantes en cada puerta y otros elementos preventivos generaron un desasosiego poco propicio para lo que allí ocurría, que era una feria de arte. El tiempo ha demostrado que aquello fue pura
psicosis. 

Ya en la feria había quien besaba, quien no, quien llevaba mascarilla, quien se tapaba la boca con una bufanda... normalidad entre personas ajenas al pánico exterior. Puede parecer un dato irrelevante pero nuestra resistencia al pánico habla bien de un colectivo en el que los chistes suelen ser finos. No es una pandemia motivo de risas, si bien estas son un buen mecanismo de defensa.

SOPA Images via Getty Images
Una obra expuesta en ARCO. 

Salvado el pánico la feria se encontraba al hecho mercantil, había que vender y todos sabíamos que muchos compradores extranjeros tal vez no vendrían. Pasó el miedo también en esto. El mercado ha respondido. Desconozco las cifras totales pero los coleccionistas internacionales (no todos) han estado a la altura. Maribel ha conseguido una convocatoria muy importante en su primer año y eso es destacable. Ha comenzado su andadura con el recuerdo de que Carlos Urroz estabilizó la feria en los años de la crisis. Maribel ha hecho la perfecta transición en medio de una crisis no menor que aquella aportando, además un elemento importante a la feria. ARCO 2020 era simpática en infinidad de detalles, positiva en las propuestas. Lógicamente un reflejo de su directora, cuyo sello ha sido evidente desde las primeras decisiones.

Había que recuperar algunas galerías perdidas estos año: mirar al arte español. También había que repensar la relación con la periferia. Los porcentajes no demuestran la, pluralidad de este país que no es solo Madrid y, a ratos, Barcelona. Parte de la singularidad de esta feria, distinta a todas las del mundo y que tienden cada vez más a la homogeneización, es esa mirada a otros lugares en los que, a veces, pasan cosas más interesantes que en Madrid pero casi siempre más arriesgadas. Picasso era de Málaga, Chillida de Donostia, Saura de Huesca, Gordillo es de Sevilla, Valcárcel Medina de Murcia... España no es solo Madrid.

El futuro no está escrito, pero Maribel es la persona que puede definir
líneas maestras que hagan de ARCO la gran feria que todos queremos y el
mercado español necesita.

 

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