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26/05/2020 10:20 CEST | Actualizado 26/05/2020 10:20 CEST

Argentina entró en otro 'default', con el falso debate salud vs. economía a cuestas

Getty Images via Getty Images

En el país se plantea una falsa disyuntiva de la que los gobernantes y la sociedad no pueden salir. Mientras se dirime, la economía se hunde más en una crisis que sería peor que la de 2001, con otro default de deuda. 

Con una cifra de 416 muertos y unos 9.900 contagiados por coronavirus, Argentina plantea un falso debate entre la salud y un derrumbe económico nunca antes visto en la historia del país. 

El presidente, Alberto Fernández, tomó partido y esquiva las preguntas vinculadas a la economía. “Me importa la salud de los argentinos, la economía se puede recuperar”, fue una de sus tantas frases. 

El aislamiento obligatorio comenzó el 20 de marzo y se extenderá hasta el 9 de junio. Se llegará tranquilamente a los tres meses de parálisis casi total de la economía que cerró con el peor mes de marzo de la historia en términos de caída de PBI y abril -sin datos oficiales aún- será el peor mes de todos los tiempos. 

Si bien algunas actividades comerciales e industriales se liberaron bajo estricto seguimiento de protocolos sanitarios, hay importantes sectores que están completamente parados. Por ejemplo, las refinerías de petróleo del país están todas cerradas porque ya no tienen más lugar dónde guardar el combustible. Otros intentan volver a producir pero no cuentan con los insumos (sector automotriz) o no encuentran consumo porque la gente no está de ánimo para comprarse zapatos o un traje nuevo o directamente por pérdida del poder adquisitivo. 

Nadie sale de un desplome sin antecedentes como este sin pedirle prestado a otro.

En paralelo, el hartazgo de una parte de la población -en su mayoría no alineada con el Gobierno- se empieza a sentir. Son los cuentapropistas, comerciantes, pequeños empresarios, profesionales, la construcción que piden volver a trabajar. Y la economía que ya no aguanta más no trabajar porque carga en sus espaldas con la recesión de 2018 y 2019. Para peor, con otro default ahora bautizado como “negociado”, “extendido”, “responsable” a partir hoy y que complica aún más la salida de la crisis y el financiamiento para el país y sus empresas. Porque nadie sale de un desplome sin antecedentes como este sin pedirle prestado a otro. 

Del lado de la salud, están los empleados públicos, los jueces y los legisladores que no ven amenazados sus puestos de trabajo ni sus sueldos. Algunos hasta se animan a subir a sus redes sociales las recetas que hacen con éxito en su cocina y cómo disfrutan de su tiempo libre, enervando la impaciencia de los del bando opuesto.

En el plano político, todos los gobernantes (desde el presidente hasta un intendente de un pueblo de provincia) le temen al alza en el número de contagiados y muertos, que naturalmente se está dando dentro de lo que puede contener el sistema de salud, al menos por ahora. En vez de buscar una apertura razonable del trabajo -aún pagando el costo de haya una suba en los contagios- y focalizarse en identificar y aislar a los sectores más comprometidos (asilos de ancianos, barrios pobres de la Ciudad de Buenos Aires y alrededores, cárceles y hogares de menores), ante una suba en los últimos días de los contagios diarios comenzaron los pases de facturas entre el gobierno de la provincia de Buenos Aires en manos peronistas y el de la Ciudad de Buenos Aires (macristas). 

De esta manera, el dilema salud versus economía no se resuelve. El presidente se rodea de médicos infectólogos que le recomiendan mantener el encierro. No hay lugar en su entorno para sociólogos, economistas independientes, psicólogos o hasta otra especialidad médica como cardiólogos, gerontólogos o hasta pediatras que le puedan detallar los efectos colaterales que se están sufriendo por un aislamiento que no parece tener límite y que es la única herramienta para enfrentar al coronavirus.

 

Este artículo se publicó originalmente en el blog del autor.