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21/09/2020 19:03 CEST | Actualizado 21/09/2020 19:03 CEST

Armisticio en el rompeolas de la pandemia

El Gobierno madrileño ha adoptado in extremis una decisión tardía e insuficiente, contradictoria e inconsistente.

Anadolu Agency via Getty Images
Una protesta conta las medidas impuestas por el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso. 

La Comunidad de Madrid, al borde del descontrol y después de semanas sin capacidad de reacción, ha optado por restricciones horarias y de movilidad, según su consejero de Sanidad, para evitar el estado de alarma. A vueltas entre la salud pública y la recuperación de la economía, en pleno colapso de la atención primaria, de la sanidad pública y con la ficción de los hospitales covid. Desde el prejuicio y la contaminación clasista, que todo lo degrada. De la frustración a la indignación ciudadanas. Ante el armisticio político. 

Un Gobierno, el de la Comunidad de Madrid, sobrepasado y dividido, con continuos anuncios y rectificaciones entre sus autoridades políticas y sanitarias. Hasta ahora, tan solo unido frente al Gobierno socialcomunista y en el tabú sobre el estado de alarma y el confinamiento. En torno a las acusaciones de autoritarismo y con la de dejación de funciones ahora. Hoy sumido en la confusión y la duda. Entre la llamada de auxilio, la cooperación y la oportunidad para una nueva elusión de responsabilidades. La cabeza de puente conservadora para la confrontación con el Gobierno central, que ahora firma el armisticio. 

Todo ello precisamente el momento en que, en el marco del primer congreso sobre la covid-19, un buen número de sociedades científicas españolas han emplazado a los poderes públicos a apoyarse en la evidencia científica y a cooperar mediante un protocolo común ante la ya galopante segunda ola de la pandemia que afecta a España y se extiende también por toda Europa. 

El Gobierno madrileño ha adoptado in extremis una decisión tardía e insuficiente, contradictoria e inconsistente, consistente en la restricción de movilidad, la limitación de horarios y un incomprensible cierre de parques. En definitiva, un reflejo de la distribución asimétrica de la pandemia en la geografía madrileña de la desigualdad. 

Una decisión basada en la incongruencia de las zonas básicas de salud como unidad de intervención, lo que es incompatible con una trasmisión de la covid-19 ya casi generalizada y con el abandono, sino cierre, de los equipos de atención primaria y de la salud pública que les darían sentido. Ni nuevos contratos ni rastreo ni reorganizacion ni cobertura para las cuarentenas. 

Madrid como modelo de gobierno del autoritarismo de consumo y de la política de la soberbia y el otro supremacismo.

Como consecuencia, el aumento de las listas de espera por el doble circuito y la discontinuidad en los centros de atención primaria, y con ello el retraso en la atención a los pacientes de riesgo y que también pueden padecer covid-19, como diabéticos, hipertensos o a aquellos con patologías cardiovasculares y respiratorias. 

Entre tanto, los barrios populares viven bajo el clasismo, la frustración y la contestación de un sur que también existe. De nuevo la excusa de siempre para el norte. Sin más frecuencias en el transporte público, sin burbujas en los centros de trabajo y sin recursos en los barrios. Al final, el anuncio tan solo del control policial. 

En el trasfondo, el desmantelamiento de la medicina social en favor del hospital como centro de sus negocios y de las urgencias como sucedáneo de la medicina primaria. La primacía de la reparación de la enfermedad y las consiguientes carencias de la prevención y de una salud pública bajo mínimos. 

En definitiva, Madrid como modelo de gobierno del autoritarismo de consumo y de la política de la soberbia y el otro supremacismo. De la economía como deslegitimación de los técnicos y sanitarios. Con los símbolos de la nueva rebaja de impuestos anunciada, de la estigmatización de los barrios populares y la forma de vida de los inmigrantes. 

El Gobierno central, emplazado también a dar una respuesta. Entre la coordinación y el desgaste mutuo, entre la vuelta a las primeras fases de la desescalada o al propio estado de alarma, entre el respaldo al Gobierno de la Comunidad y la lealtad para con los ciudadanos madrileños. 

Todavía seguimos en el malentendido de la nueva normalidad como vuelta a la normalidad y la revitalización de la misma a la espera de las vacunas como panacea. O si por contra, asumimos la incertidumbre y la construcción del cogobierno de la salud pública. Finalmente, en el dilema del confinamiento selectivo y el retroceso a las primeras fases de desescalada antes de que sea demasiado tarde. En resumen: en la disyuntiva de mantener la coordinación y el reparto de competencias o buscar un acuerdo sobre la estrategia, los indicadores y las medidas, asumiendo asimismo el liderazgo. 

Mientras tanto, Casado y el PP siguen en su laberinto anti estado de alarma, y vuelven con la teoría de las pandemias nacionales, precisamente en plena segunda ola global y al borde del colapso del modelo de gestión de su laboratorio neoliberal. Su único y verdadero plan B frente al estado de alarma. 

Antes era el rechazo del confinamiento como golpe a la libertad. Con protestas notablemente motorizadas. Luego fue la presión contra las prórrogas y al final la precipitación y el salto de fase al final de la desescalada. Era el debate hipócrita de la eutanasia y la eugenesia y la ética mercantil, implícita en la gestión de las residencias de ancianos. En definitiva, la estrategia de la inmunidad de rebaño ha sido el problema que late en el fondo. Ante todo la economía. 

Es preciso asumir la realidad: la de la incertidumbre y la anormalidad que viviremos todavía durante meses, y además explicarlas con empatía y participación de los ciudadanos.

Más recientemente, han llegado las acusaciones al Ministerio de Sanidad de lavarse las manos. Con ello, de nuevo el rechazo a inmigración y la exigencia del fielato de los test como nuevos visados en el aeropuerto de Barajas. 

Ahora parece que llega la recuperación de la unidad de la política, de las administraciones y la cooperación frente a la pandemia. Ese es el medio y el mensaje. Se pone en marcha la comisión bilateral para elaborar el plan de refuerzo frente a la pandemia en Madrid. En definitiva, la oposición, con la pandemia como objeto, ha sido derrotada. Estamos ante el armisticio de una guerra política, en torno a la pandemia de la covid-19, que nunca debió haber tenido lugar. Se trata de ver si ahora avanzamos hacia la paz definitiva y la colaboración. 

Por eso, como premisa, es preciso asumir la realidad: la de la incertidumbre y la anormalidad que viviremos todavía durante meses, y además explicarlas con empatía y participación de los ciudadanos. En el marco de una respuesta cívica basada en la convivencia y la corresponsabilidad. También el reconocimiento efectivo de la legitimidad, las competencias y la capacidad de cada administración, sin que sirvan de excusa para la coordinación, la cooperación y la cogobernanza. 

Además del plan comprometido con Madrid, necesitamos un plan de choque consensuado frente a la segunda ola para reanimar la atención primaria, los rastreadores, la salud pública y los servicios sociosanitarios en los barrios y en las residencias de ancianos. 

Junto a todo ello, también las medidas para hacer frente a los determinantes sociales en las empresas los transportes públicos y la garantía de confinamiento en los barrios. 

En definitiva, del armisticio en la oposición en la gestión de la pandemia, debemos pasar a la cooperación entre las administraciones y la cogobernanza de la pandemia.