POLÍTICA
10/03/2021 13:17 CET | Actualizado 10/03/2021 17:19 CET

Qué nos quiere decir Arrimadas con la moción en Murcia

La líder de Cs se aleja de los pactos de Rivera, huye de la OPA del PP, busca diferenciarse de Vox y centrarse tras la debacle de las catalanas.

GTRES
Imagen de archivo de Arrimadas

Inés Arrimadas llevaba un tiempo perdida, sin saber qué hacer, con la carga de una debacle electoral en su querida Cataluña, sin jugar un papel a nivel nacional, alejada del Gobierno y de la derecha… y ha decidido dar un golpe sobre la mesa política sin que nadie lo intuyera. Una jugada a escondidas con los socialistas: echar al PP del Gobierno de Murcia tras 26 años y quedarse con la Presidencia. Con consecuencias en unas horas: Ayuso rompe en Madrid y convoca elecciones.

Hoy ella es la que manda, hacía mucho tiempo que no marcaba (unas horas) el tiempo político. Murcia es una comunidad uniprovincial, no acapara grandes titulares, pero tiene una enorme carga simbólica. Ha sido el gran bastión del PP (hasta Esperanza Aguirre recordaba en las reuniones de dirección que siempre la superaba como el más votado Ramón Luis Valcárcel). Ha sido un símbolo ideológico del PP, de ayer, de hoy y de siempre. Un duro golpe en Génova 13, ya que el actual secretario general y hombre fuerte de Pablo Casado, Teodoro García Egea, es de allí.

La moción de censura en Murcia supone una ruptura a medias con el PP, con el seguidismo… y con Albert Rivera. Todos estos pactos los negoció el anterior líder ‘naranja’ con el Partido Popular (aquellas largas conversaciones entre García Egea y José Manuel Villegas, con la connivencia de Vox). Arrimadas no era la líder entonces y para algunos de los actuales dirigentes fueron el origen de la posterior caída en las generales de noviembre. A pesar de los intentos de los ‘naranjas’ por difuminarlo, a lo largo y ancho de España se constituyeron administraciones a tres bandas, con el voto de la ultraderecha.

De ahí nacieron gobiernos como el de Castilla y León o la Comunidad de Madrid, además de ayuntamientos como el de la capital. Con elecciones escandalosas, como la del alcalde de Granada, Luis Salvador, por parte de los naranjas, con apenas unos concejales y el voto de PP y de Vox.

Arrimadas se independiza de esta manera de esos pactos del pasado. Quiere dar la señal de que no es el mismo bloque, de que no tiene que ser siempre así. Y lo hace en un momento en el que el PP tiene una obsesión: engullir a los naranjas, comérselos dentro, que el partido desaparezca. Ella sigue defendiendo el papel de un Cs independiente, un partido diferente en el centro, que sirva a los ciudadanos, que sea útil y que pueda pactar a los dos lados. Lo está diciendo claramente: puede llegar a acuerdos con los socialistas. 

La relación de Arrimadas con el PSOE ha sido extraña, de bandazos. Por un lado, gracias a Cs se consiguió salvar alguna prórroga del estado de alarma en unos momentos muy difíciles para La Moncloa. Se abría un nuevo escenario y los ‘naranjas’ exploraron una vía para los presupuestos generales. Con un canal de interlocución directo con Carmen Calvo y Félix Bolaños. Pero ahí presionó Unidas Podemos para que las cuentas públicas salieran adelante con los socios de investidura (partidos progresistas, independentistas y nacionalistas).

Para este nuevo capítulo, los socialistas han estado negociando días en secreto, con un papel clave de Félix Bolaños (secretario general de Presidencia), José Luis Ábalos y Santos Cerdán. Desde Ferraz entienden que si Cs quiere salir de la irrelevancia, debe llegar a este tipo de acuerdos, ser un partido “bisagra”. Por el momento dicen también que sólo afecta a esta autonomía, pero señalan metafóricamente que cuando se lleguen a otros ríos ya se cruzarán esos puentes.

¿Está dispuesta Arrimadas a llevar esa ruptura con el PP a otras autonomías? “Sólo Murcia”, responden tajantemente fuentes de la dirección del partido. Es decir, no está sobre la mesa acabar con los gobiernos en Madrid, Castilla y León y Andalucía. Los motivos: “¿Te parece poco lo que ha pasado en Murcia?”, se preguntan irónicamente fuentes ‘naranjas’. La tensión entre los dos socios era evidente en la Región (también habrá moción en el Ayuntamiento) y dos episodios desataron los nervios y el hartazgo: la vacunación del consejero de Sanidad y el acuerdo entre PP y Vox para aprobar el pin parental a cambio de un voto favorable a los presupuestos regionales.

Vox, Vox, Vox… es la palabra que atormenta a la derecha y al centro derecha. Fue un durísimo golpe para Cs el resultado de las pasadas elecciones catalanas, en las que la ultraderecha se colocó como cuarto partido político -por encima de Cs y del PP-. Aunque dicen que no tienen nada que ver las direcciones, muchos votantes ‘naranjas’ pasaron a ser de Santiago Abascal aquel domingo. 

Arrimadas escoge el camino de la diferencia con PP y Vox. Algo que para muchos es lógico, pero para otros dentro del partido también tiene muchos riesgos. La radicalización de Cs en los últimos años hace difícil que los votantes de centro puedan volver fácilmente, y más en un momento en el que Pablo Casado también lo está intentando impregnarse de algo de Merkel tras la moción de censura de Vox.

En todos los partidos dicen aborrecer en público las encuestas, no hacerles caso, pero luego las remiran con lupa día a día. Cs no despega tampoco. Es verdad que ahora se sitúa en un 9,3% de estimación del voto, según el CIS, poco más de tres puntos por encima de las generales de 2019. Pero siguen siendo el quinto partido y las alarmas han saltado viendo cómo es Vox el que capitaliza la polarización y asciende tras el efecto de las catalanas.

El movimiento en Murcia es arriesgado también por sus reverberaciones. Aunque en Cs dicen que sólo afecta a esa autonomía, todos estaban pendientes de la Comunidad de Madrid (la gran joya de PP y Cs por su peso político, por su economía y por su poder mediático). Cs ha coqueteado en alguna ocasión con romper, pero nunca se ha atrevido. Y Ayuso ha roto la baraja: ¡convoca elecciones anticipadas!

Arrimadas hace esta jugada en un momento en el que supuestamente no había elecciones hasta finales del año que viene en Andalucía. Allí también gobierna junto al PP y con la ayuda externa de la ultraderecha. Necesita también hacer algo de cara al sur, allí las encuestas están diciendo que Vox les superará en esos comicios. El PP prepara el terreno para un gobierno con los de Abascal disimuladamente. El ‘número dos’ del PP y hombre fuerte de la Junta como consejero de Presidencia, Elías Bendodo, lo decía esta semana ante esa posibilidad: “Me preocupa bastante más un Gobierno con Podemos que con Vox”.

Son muchos riegos, pero Arrimadas necesitaba moverse. Uno de los problemas que surgirán es cómo calará entre sus votantes. Se puede vender la operación como un giro para la renovación y la transparencia quitando al PP tras años, como decían en su origen. Pero surgen también dudas sobre su coherencia, si el Gobierno valía hasta ayer, ¿por qué ya no hoy? Le hará falta un plan de comunicación para los suyos y en el mundo de la derecha. Desde la debacle de las generales del 10-N, siempre se ha achacado la situación a problemas comunicativos. Los altavoces de la derecha mediática van a estallar estas semanas.

El PP ha enfurecido esta mañana con la noticia. “Arrimadas rompe su palabra”, decían fuentes de Génova 13. Se trata de una “gran irresponsabilidad” y trae “inestabilidad” en plena pandemia, argumentan en la dirección popular. Pero toda crisis es una oportunidad y si saben jugar sus cartas, el PP habrá perdido un Gobierno regional pero puede recuperar muchos votantes si hace calar la idea de que apoyar a Cs al final significa “pactar como Iglesias”, como dicen sus dirigentes. Y Vox acaricia también esos titulares, en una comunidad en la que fue la primera fuerza en la repetición electoral de noviembre de 2019.

Enemigos fuera pero también dentro. Este mismo miércoles los críticos le han exigido a Arrimadas que convoque ya una asamblea para el próximo mes de julio con la intención de echar a Arrimadas  Carrizosa tras el 14-F. Además, hay muchos recelos por el papel en la sombra todavía de Albert Rivera, que no se despega de la política y que cada día se acerca más al PP de, Pablo Casado. La líder de Cs de esta manera demuestra que ella es la que manda.

Arrimadas ha hablado con la moción. ¿Le saldrá bien?

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