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12/05/2020 10:57 CEST | Actualizado 12/05/2020 14:08 CEST

Arrimadas se mueve, y se arma

La sucesora de Rivera no ha tardado en declarar su independencia, que su antecesor ha acogido con una patética rabieta infantiloide.

Europa Press News via Getty Images
Imagen de archivo de Inés Arrimadas. 

En política la mejor improvisación es la que se piensa mucho, incluso cuando uno imagina las consecuencias de cada acción y de cada circunstancia en un tablero de ajedrez, y cuando se acuesta da vueltas y más vueltas en la cama desvelado por los pros y los contras de esa idea que se le ha ocurrido como un chispazo. Hay un viejo dicho que previene que “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”. Por mucho que algún líder carismático, o solo suertudo, crea que sus herederos van a seguir ciegamente su doctrina, se equivoca. Sobre todo si lo que deja es un negocio en quiebra técnica: Albert Rivera dimitió cuando pasó de 57 escaños y poder ser una decisiva bisagra política de corte centrista y liberal con unas gotas de socialdemocracia fundacional, luego renegada, a una barquichuela a la deriva con solo diez diputados. Inés Arrimadas tardó poco tiempo en ver que si se mantenía tercamente el rumbo serían inevitablemente fagocitados por el PP. Ninguna encuesta anunciaba remontada, sino estancamiento. Y la brújula se había vuelto loca. 

Todas las circunstancias le eran adversas; no solo las probabilidades de futuro, sino el mismo presente. En la Comunidad de Madrid la presidenta Díaz Ayuso visiblemente los menospreciaba. Bah, son calderilla, debía pensar, aunque eso no esté probado a ‘ciencia cierta’. El PP y Vox monopolizaban a dúo ¿bipolizaban? la voz de la derecha. Cada vez más, Ciudadanos era un apéndice que podía acabar como acaban los apéndices molestos. 

Mientras, la política se radicalizaba en dos bloques irreconciliables a la vez que en todos los sondeos la gente, harta de peleas y crispación en un callejón sin salida, reflejaba ya desde la primera repetición electoral sus deseos de un gran acuerdo o pacto nacional.

Si eso era importante en condiciones más o menos normales, con la pandemia del coronavirus y sus estragos se hizo urgente e imprescindible una reconciliación, aunque fuera temporal. La estrategia del no porque no del PP llevaba al desastre. El momento no era ni es el apropiado para el enfrentamiento partidista compulsivo obsesivo y para poner al Gobierno contra las cuerdas y “que se hunda España que ya la salvaremos nosotros”, como en el furor de la batalla para echar a Zapatero, dijo un candidato a ministro. Ya llegará el tiempo de examinar lo hecho a la luz de los datos y los resultados, pero no los de los sondeos. La prensa internacional, aunque criticaba a todos los líderes, mostraba su asombro por el encono de una oposición dirigida más o menos espiritualmente, o sentimentalmente, o de lo que hubo siempre queda, por la extrema derecha. 

Solo con una ficha, apoyar a Sánchez para la cuarta prórroga y anunciar su voluntad de seguir dialogando, Arrimadas ha revolucionado todo el tablero político.

Poco a poco, pero rápidamente, además, fueron desmontándose algunas falacias por comparación. No era solo el Gobierno español el estafado por intermediarios, corsarios o industriales chinos; también los demás países europeos. No era solo el Gobierno de la nación el engañado, también comunidades autónomas, como la madrileña, que fue a por lana y salió trasquilada, o empresarios serios que adquirían material sanitario para sus empresas. Los miles de ancianos muertos en residencias no eran algo único de España; también caían a docenas en geriátricos de Francia, Italia y Reino Unido. Las competencias sanitarias de prevención y gestión no eran solo de la Autoridad Única para la emergencia; eran una responsabilidad de las 17 autonomías… Todas tratan de escurrir el bulto; pero solo las del PP y los separatistas catalanes concentran el fuego graneado en La Moncloa, como en las fiestas de pueblo el tiro al patito con escopetas de balines… que no se acierta sino de casualidad, porque el punto de mira suele estar desajustado.

El panorama, encima, era el de una creciente radicalización, tanto en el segmento de  la izquierda (consecuencia de que en su momento Ciudadanos no trabajó por un gobierno de centroizquierda) con un PSOE lastrado por el populismo de la dirección de Podemos; y en la derecha, con un PP desnortado que competía con Vox para un electorado limítrofe. Pero en las situaciones críticas el voto de la crispación tiene fecha de caducidad, de ahí los nervios: la situación cambia cuando se restablece la normalidad. Y los hechos vuelven a ser los hechos. 

Fue en este clima y en esta situación tan llena de oportunidades estratégicas  cuando se le presenta a Arrimadas la gran ocasión. Pedro Sánchez propuso otra nueva prórroga del estado de alarma, aconsejada por el comité técnico y respaldada por la gran mayoría de la comunidad científica. No de la patronal. Pablo Casado, dijo que de entrada NO, que tenía que pensarlo, que ya lo vería… en paralelo a sus habituales acusaciones trufadas con una ristra de insultos y aliñadas con salsa de altanería y desdén. 

En la otra banda, la nacionalista, los apoyos separatistas de Sánchez, aprovechaban para enseñar los colmillos. En los momentos de debilidad siempre los chantajistas aumentan la presión; aunque Sánchez los hubiera llamado en su auxilio sabiendo los riesgos, supongo, pero confiado en que con el paso del tiempo se produjera una desinflamación del procés y una relativa desactivación de Podemos, sometido a fuertes disensiones internas; pero tales fracturas del esqueleto se pegan de maravilla con sueldos públicos. Pero ERC decidió aumentar la presión, como la abigarrada tropa de Puigdemont, Torra y compañía.

Solo con una ficha, apoyar a Sánchez para la cuarta prórroga y anunciar su voluntad de seguir dialogando, Inés Arrimadas –y no me adentro en el futuro, porque es muy oscuro– ha revolucionado todo el tablero con una reacción en cadena: ha ocupado el espacio centrista abandonado por la derecha, echada al monte; ha roto amarras, visibles o invisibles, con los abascalianos; ha reducido el valor de los votos de los separatistas; ha puesto nervioso al PP casadista porque hay comunidades autónomas en las que la cohabitación con los populares está sometida a continuos desencuentros y crisis; ha puesto nerviosos a los podemitas, no tanto por el hoy como por el mañana…Con su anuncio de que explorará  un apoyo a los primeros presupuestos de Sánchez, indica que su objetivo es explotar las posibilidades de un pragmático bisagreo. No es ningún invento: ya lo hacen los partidos regionalistas que cambian votos por favores… presupuestarios, que tienen una buena plusvalía en su mercado electoral.

La sucesora de Rivera no ha tardado en declarar su independencia, que su antecesor ha acogido con una patética rabieta infantiloide.

Así como Juan Carlos Girauta, representante emérito del ariete derechista, prefiere seguir rumbo hacia los arrecifes de la realidad, “no hemos hecho este trabajo para ser una bisagra”, Luis Garicano, eurodiputado, vicepresidente del partido político europeo Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa, da muestras de un posibilismo centrista en el que no hay malos eternos ni buenos de por vida. “Vamos a ir dando pasitos hacia los presupuestos pactando medidas concretas”. O sea, la clásica doctrina de que “muchos poquitos hacen un muchito” y que ha sido la receta del éxito de multitud de ahorradores y millonarios. 

Nada está escrito de antemano en esta historia. Solo parece real, porque hay muchos síntomas clásicos, que algo se mueve en el centro. Que los extremismos crean agujeros negros devoradores de energía. En ese intento de recuperar el centro no se mueve solamente Inés Arrimadas. También numerosos socialistas históricos, como Felipe González, Alfonso Guerra, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Jerónimo Saavedra, José Bono… y otros muchos apuestan por la recuperación del centro-izquierda donde la socialdemocracia ha hecho grandes cosas en España. La ‘carta’ a ‘Ruba’ (Rubalcaba) de Felipe González en El País está repleta de claves de la razón práctica y de sabrosas indirectas educadamente directas al hígado de mesías y profetas.

Sí. Con el movimiento de Ciudadanos muchas cosas dadas por seguras de hace poco hasta ahora se han vuelto de repente inseguras e ignotas. Fuera de la zona de confort. La sucesora de Rivera no ha tardado en declarar su independencia, que su antecesor ha acogido con una patética rabieta infantiloide. Y el PP con otro recuso habitual: el misticismo victimista. Las fotos de Díaz Ayuso en El Mundo valen para hacer escapularios. Hay coincidencia en cierto parecido con la Virgen de los Dolores. 

No es menor en cuanto al manejo de la emergencia y sus resultados finales el ‘cogobierno’ de la crisis de la Covid-19 con las comunidades autónomas, según el modelo alemán, forzado por Urkullu y la ‘nueva’ Arrimadas, que introducirá nuevos elementos de corresponsabilidad, confianza y pacificación en una crisis que entrará con muchas páginas en los libros de historia y de economía. 

Insisto. Eppur si muove. Sin remedio.