Arte con bolsas de plástico: la técnica del ganchillo para tener parasoles en el verano

Justa, protagonista de un tuit viral, explica cómo se hace 'Tejiendo la calle', una actividad en el pueblo cacereño de Valverde de la Vera. Unas simples bolsas de plástico acaban en parasoles con dibujos y diferentes temáticas.
David y Justa, con uno de los parasoles hechos.
David y Justa, con uno de los parasoles hechos.
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El pueblo de Valverde de la Vera, en el norte de la provincia de Cáceres, es uno de tantos esos pueblos dentro de la denominada España vaciada en los que cada iniciativa que se hace es una fuerza más para dar vida a tantos lugares de España amenazados por la despoblación.

Ahí, en la comarca de La Vera, llevan una década realizando ‘Tejiendo la calle’, una actividad en la que se confecciona a mano parasoles mediante la técnica del ganchillo XXL que después son instalados en las calles del municipio para aportar sombra durante el verano.

Un tuit de David García, jefe de Comunicación del Hospital Gregorio Marañón, dio a conocer lo que aquí se hace donde una de las protagonistas es su madre. “Se tejen parasoles y las calles se convierten en una exposición además de tener esa funcionalidad de dar sombra”, explica David, que añade cómo se “fue animando la gente” y ahora se hacen talleres también para niños.

Son unas 25-30 personas las que tejen reutilizando bolsas de plástico en un pueblo que no llega a los 500 habitantes. Una de ellas es Justa, una mujer a la que hacer esta actividad le ha dado vida. Con 77 años es una de las fijas de ‘Tejiendo la calle’, una actividad que dura todo el año.

Y es que Justa se dedica a tejer y hacer auténticas obras de arte. Este año ha hecho a una familia que viene de trabajar en el campo, con todo tipo de detalles.

“Llevo toda la vida haciéndolo”, cuenta Justa, ya que el ganchillo es una de esas técnicas que se han ido heredando en pueblos como Valverde. Actualmente está seis horas cada día, “desde las tres hasta las nueve” y hacer este tipo de parasoles tienen muchísimo trabajo.

Hay gente que proporciona esas bolsas de plástico que son la herramienta utilizada y Justa va después haciendo sus proyectos. A veces tiene un boceto, pero normalmente trabaja por su propia experiencia. “Voy haciendo cosas que me van saliendo, otras me las invento, otras veces con libros que tenía desde pequeña...”, explica Justa. Hace unos años hizo el castillo del pueblo, símbolo de la localidad. Y es que para esta extremeña “hay que ser creativos”.

El grupo de 'Tejiendo la calle' de Valverde de la Vera.
El grupo de 'Tejiendo la calle' de Valverde de la Vera.
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Estas obras de arte duran unos tres años, ya que “el plástico en cuanto le da mucho el sol se quema”. Se reutiliza después, también con talleres en el pueblo para ello. Normalmente los trabajos se hacen en casa y “cuando viene el mejor tiempo se reúnen en la plaza, vida social la imagen de los corrillos”, especifica su hijo.

Durante varios meses previos a la instalación cada participante va tejiendo sus piezas de manera individual. Una vez al mes se reúnen en talleres de producción que sirven para compartir las experiencias que llevan haciendo y donde unos enseñan a otros.

Los plásticos, una vez que ya están agotados, se recogen y se los llevan para después el año recuperarlos y así restaurar los que están más rotos. A Justa le encanta hacer este trabajo que, eso sí, lleva un gran esfuerzo detrás: cortar bolsas, organizarlas, hacer los dibujos. “Yo me meto en unos complicados...”, cuenta con ilusión.

El reconocimiento es unánime y todo aquél que va a Valverde de la Vera en verano sale encantado por disfrutar del gran trabajo que hay detrás. Los parasoles se han llegado a exponer en exposiciones de Berlín o Perú. Todo ello potenciado por la Asociación Cultural ‘La Chorrera’ y la arquitecta Marina Fernández.

Uno de los parasoles, en la plaza del pueblo.
Uno de los parasoles, en la plaza del pueblo.
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Las piezas funcionan como protectores solares durante el día y llevan incorporada luz por la noche, mostrando el camino a la plaza del pueblo, centro principal de encuentro durante las fiestas. Esto ha provocado además un boom turístico en este pueblo, perfecta definición de lo que podría ser la España vaciada.

Entre algunos objetivos de esta actividad está la del impulso del turismo rural y cultural así como la de reactivar el conocimiento artesanal que va vinculado a la memoria de ese pueblo.

También se fomenta el encuentro en el espacio público, la ayuda de unos a otros y compartir experiencias entre los más veteranos y jóvenes. Una cohesión social en la España vaciada con la que además adornar un pueblo y desarrollar una actividad que propicia un turismo diferente y muy sostenible.

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