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18/10/2021 12:06 CEST | Actualizado 18/10/2021 15:58 CEST

Así se gestó el regreso de Antonio Hernando y de Felipe

Hernando entra en el núcleo duro de Moncloa, para trabajar codo a codo con Óscar López.

EFE
Hernando y Sánchez.

Los teléfonos socialistas echan humo esta mañana. Antonio Hernando entra en el núcleo duro de Moncloa, para trabajar codo a codo con Óscar López. Para el “sanchismo”, el regreso encierra más simbolismo que la presencia de Felipe González en el Congreso de la reconciliación del PSOE celebrado este fin de semana. El expresidente del Grupo Parlamentario y exportavoz socialista estaba contento de regresar y recomponer el trío de hace años: Hernando, Óscar López y Pedro Sánchez. Incluso algo emocionado, porque el presidente “ha estado muy cariñoso en las palabras en la SER”, confesaba a sus amigos, antes de incorporarse a La Moncloa el miércoles. A la recomposición de este trío clave se suman los movimientos para la  asistencia de Felipe Gonzaléz, al que Sánchez citó dos veces en La Moncloa antes del Congreso, donde le dio reconocimiento y mimos.

“Durante la pandemia el presidente y Antonio recuperaron cierto contacto y se ha materializado ahora, que se buscaba un perfil capaz para completar el núcleo duro de Moncloa”, confiesan fuentes próximas a Sánchez, que no dudan en señalar a Óscar López como el hombre que ha acabado de convencer al presidente de que Hernando sería una baza importante con la que contar, además de por su valía por el mensaje que lanzaba. La reconciliación llega hasta ese punto. 

El anuncio reconciliador de Pedro Sánchez ha dejado boquiabierto al partido, desvelando que Antonio Hernando -su hermano mayor en política, su amigo como lo fue Oscar López- vuelve como director adjunto del Gabinete. Hernando fue el portavoz del PSOE que tuvo que defender la abstención para que Rajoy fuera presidente una mañana triste para los socialistas, el 28 de octubre de 2016. Aquel día, él mismo supo que se había hecho el harakiri político porque su compañero y amigo Sánchez no le perdonaría la traición. 

Sumado a la presencia de Felipe González en el Congreso de Valencia, el gesto de hoy cierra el círculo de la reconciliación en las filas socialistas. Pedro Sánchez y Antonio Hernando eran compañeros y amigos -bastante amigos- hasta que el entonces portavoz socialista del PSOE en el Congreso, rubalcabista -y fiel al desgraciadamente desaparecido Alfredo Pérez Rubalcaba, que también ha sido reivindicado-, tuvo que defender la abstención de los socialistas, en línea con la vieja guardia contra Sánchez, para que Mariano Rajoy fuera elegido presidente del Gobierno. Y Rajoy gobernó. 

Han pasado cinco años -menos diez días- desde aquella mañana. Él había estado con Sánchez en la primera etapa, fue coordinador de la comisión negociadora para intentar formar Gobierno tras las generales de 2015 y 2016, lo que fue imposible. En aquellos días, Hernando recorría los pasillos del Congreso cual alma en pena, llevaba dentro de su flaco cuerpo las dos almas del PSOE: la de Sánchez en un lado y la que encarnaban figuras tan notables como Alfredo Pérez Rubalcaba y los viejos socialistas, tenidos como guardianes de las esencias del partido de Felipe González.

Al acabar aquel discurso, con unas ojeras que le llegaban más abajo de los tobillos, Antonio Hernando confesó a gentes cercanas que era muy consciente de que  había enterrado su carrera política. Pedro Sánchez sintió que su amigo -y en momentos iniciales, hermano mayor- le había traicionado, era su Judas. Luego llegó la gestora del PSOE, la derrota de Susana Díaz, y el “sanchismo” y Hernado fue cesado. Comenzaría así una travesía del desierto que ahora acaba. En las conversaciones recuperadas estos meses atrás entre Sánchez y Hernando no ha habido reproches, solo intercambios personales, no han querido echar la vista atrás, solo mirar hacia delante. En la radio , Sanchez ha asegurado que Hernando es “una persona con capacidades, como Patxi López [en la nueva Ejecutiva], Guillermo Fernández Vara [incorporado a la cúpula de Ferraz que se ha reunido por primera vez hoy lunes], como Felipe González, como Zapatero...”.

El giro de Pedro Sánchez hacía la reconciliación con sus compañeros socialistas -tras aquel amargo y vergonzante 2 de octubre en Ferraz- es probable que no tenga una fecha concreta. En el caso de Antonio Hernando, el ex portavoz del PSOE le escribió aún en pandemia y Sánchez le respondió. Ambos se vieron en La Moncloa, y durante estos meses han continuado una serie de contactos personales, recuperando una relación tan dañada.

Es una evolución similar a la de Óscar López, el actual jefe de Gabinete, aunque lo de López y Sánchez nunca fue un alejamiento tan duro ni mucho menos. Como mucho, un distanciamiento educado de ambos amigos. López tuvo un destierro blando, en la presidencia de Paradores del Estado. Pero también durante más de un año sin contacto real con quien había sido su amigo.

Quizá la clave del asunto es cómo comenzó el acercamiento y el convencimiento a Felipe González para que acudiera al Congreso de Valencia y se cerrara el círculo. Es obvio que desde la salida de Iván Redondo de La Moncloa, las tesis de Félix Bolaños, más próximas a cerrar heridas y más  explicaciones del presidente en los medios que rompan la imagen de frialdad, han coincidido con las de López. 

Ya antes del verano, los principales miembros de la cúpula de Ferraz -en connivencia con La Moncloa- empezaron a sugerirle al presidente cómo acercarse a González para que éste acudiera a Valencia. Además, empujaban otros gestos que se han ido produciendo en el camino, como las tribunas de ex secretarios generales como Joaquín Almunia, apoyando los indultos; o el giro y apoyo de personajes de referencia en el socialismo felipista, como José María Maravall. Tanto Almunia como Maravall han respaldado con argumentos a Sánchez, frente a las intervenciones -a menudo duras y desatinadas- de González. 

Al final, las influencias confluyeron y el presidente invitó al ex presidente dos veces a La Moncloa. Allí le reconoció el trabajo, le reconoció el respeto que se debe a la tarea del felipismo, etcetera, etcetera. Es decir, respeto y reconocimiento, que es lo que se pide a determinadas edades y más si te llamas Felipe González. Así que cuando le invitó al Congreso, aceptó. 

Es cierto que a González no se le veía muy cómodo, reconocen los asistentes -por un lado se disculpaba y a la vez se reivindicaba-, y dejó algunos rastros de que su tiempo es otro, como cuando habló del feminismo “que estaba muy bien, pero como el de Carmen Alborch, amable”, reflexiona una de las diputadas presentes en Valencia. 

Da lo mismo, la foto del abrazo entre Pedro Sánchez y Felipe González cubrió las expectativas de reconciliación. Y el anuncio de hoy del regreso y perdón a Antonio Hernando -al que en el círculo más íntimo de Sánchez algunos vieron como Judas hace cinco años- cierra el círculo. 

Solo queda una incógnita que persigue a muchos socialistas ¿cómo ha sido posible que durante más de tres años el socialdemócrata Pedro Sánchez tuviera a Iván Redondo en el despacho de al lado? Quizá en la próxima entrega lo sepamos.

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