INTERNACIONAL
17/11/2019 21:32 CET

Así son los otros Gobiernos de izquierdas en la Unión Europea

El preacuerdo PSOE-Unidas Podemos abre la puerta en nuestro país a un tipo de alianza poco común en un continente donde pactar es sana costumbre

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Hemos tenido que esperar 80 años, desde la Segunda República, para volver a ver algo así en España: un pacto para un Gobierno de coalición, que acaba con el monocromatismo en el que hemos vivido desde que recuperamos la democracia. Una rareza patria que contrastaba con la tendencia europea, donde los acuerdos, las sumas y las negociaciones son el pan de cada día. 

El paso raudo, inesperado, dado tras el 10-N por el líder del PSOE, Pedro Sánchez, y el de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, entra dentro de esa normalidad continental de debate y pacto, pero aún así tiene un punto de exótico, porque son pocos los países en los que es la izquierda la que se alía. Lo más parecido que hay en este momento lo encontramos en Finlandia, con ministros más a la izquierda de la socialdemocracia, pero donde también los hay liberales, centristas... Hasta cinco fuerzas. Por eso el experimento español será único en Europa y por eso puede convertirse en un referente si es exitoso, si se impone frente a todos los que quieren que vaya mal. 

Lo habitual es que las coaliciones en los 18 estados de la Unión Europea (UE) en los que ahora mismo gobierna más de un partido sean de centro o de centro-derecha. En los más progresistas, el poder lo suele tener la izquierda templada, que se alía con los liberales o centristas o que, si recurre a partidos más a la izquierda, busca en ella apoyos puntuales en tramitaciones y votaciones parlamentarias, como se aprecia en el siguiente cuadro, elaborado por el CIDOB, el Barcelona Centre for International Affairs.

CIDOB
Cuadro comparativo de los Gobiernos de la Unión Europea.

En la última década, los pactos de progreso no han tenido una vida larga en Europa -algo que la derecha recuerda de forma agorera estos días-, pero lo cierto es que la tónica habitual en el continente ha sido la alternancia, bien del bipartidismo clásico, bien con la entrada de formaciones de nuevo cuño. Nadie aguanta mucho. Nadie es en Europa el PRI mexicano. Y hasta a ellos se les pasó el tiempo.  

El analista del Real Instituto Elcano Ignacio Molina ha recopilado en un comentado hilo de Twitter la entrada de partidos a la izquierda de la socialdemocracia en Gobiernos europeos desde 2000...

... y desmonta de un plumazo la afirmación de que nunca ha habido una alianza como la que España ha firmado esta semana, como dicen quienes se llevan, horrorizados, las manos a la cabeza. Hay partidos en la línea de Unidas Podemos, pertenecientes al Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea (GUE) en el Europarlamento, que han llegado incluso a liderar Ejecutivos: es lo que ocurrió en Chipre entre los años 2008 y 2013, con la presidencia en solitario de Demetris Christofias, secretario general de AKEL (Partido Progresista del Pueblo Obrero), comunista. 

A Christofias es más complicado ponerle cara o conocer su devenir político que al griego Alexis Tsipras, líder de Syriza, que gobernó Grecia con apoyos de Griegos Independientes de 2015 a 2019, a quien vimos como el hombre que llegaba al poder contra los recortes feroces, que se enfrentaba a la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) y que luego tenía que claudicar ante tres rescates. La conexión entre su formación y Podemos, con encuentros de líderes, visitas cruzada y grupos de trabajo, ha sido evidente en estos años. 

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Alexis Tsipras y Pablo Iglesias, durante un acto de Syriza en Atenas, en enero de 2015.

Además de estos Ejecutivos (uno en solitario, otro con los radicales como primera fuerza), la izquierda ha formado coalición en la última década en Francia, Noruega, Dinamarca, Islandia y Finlandia, y ha suministrado apoyo externo al partido en el Gobierno en Suecia, Portugal, Dinamarca, la República Checa y Eslovenia. 

Sólo hay ministros en Finlandia

A día de hoy, en la UE hay siete “gobiernos de progreso”, aunque el único país en el que hay ministros más a la izquierda del socialismo sentados en un consejo, como puede pasar en España, es Finlandia. La izquierda radical forma parte de la coalición dirigida por el socialdemócrata Antti Rinne desde el pasado abril. La Alianza de Izquierda, no obstante, es un socio menor en una suma a cinco en la que están también el liberal Partido del Centro, la Liga Verde y el Partido Popular Sueco. Los morados finlandeses tienen 2 de los 19 ministerios actuales, pero son puntales de su programa: el de Asuntos Sociales y Sanidad y el de Educación. El país tiene una amplia tradición de alianzas dispares, de diverso signo político y, también, de escasa estabilidad. Al menos ahora está en una fase nueva, ya que en los últimos 20 años los Ejecutivos siempre han sido conservadores. 

En Dinamarca, por su parte, las elecciones del pasado junio las ganó la socialdemócrata Mette Frederiksen (SD) pero su gabinete se tiene que sostener sobre los social liberales (RV) en primera instancia, más los secundarios socialistas populares (SF) y los ecosocialistas de izquierda radical (la Alianza Roja-Verde), más puntuales ayudas de nacionalistas de Groenlandia y las islas Feroe. En un país donde las sumas son casi obligadas por la fragmentación parlamentaria, donde no siempre ser el candidato más votado te lleva a la presidencia (nos ponemos muy pesados con la serie Borgen, pero es que no hay mejor explicación), costó tres semanas llegar a un acuerdo. No hay un pacto de gobernabilidad, sino apoyos externos comprometidos. 

En la República Checa, el poder lo tienen dos partidos, los socialdemócratas y los liberales populistas. El primer ministro es Andrej Babis. Sin embargo, el nuevo gabinete bipartito pactado en junio de 2018 tampoco alcanzaba la mayoría absoluta, por lo que tuvieron que buscar el apoyo parlamentario del Partido Comunista de Bohemia y Moravia (KSCM), también adscrito al GUE en el Parlamento Europeo. Es la primera vez vez desde la caída del muro de Berlín que un Gobierno checo depende del apoyo de un partido comunista.

Por su parte, en Suecia, el Gobierno del primer ministro Stefan Löfven encabeza desde el pasado enero una coalición en minoría formada por dos partidos: socialdemócratas (SAP) y verdes (MP). Como solos no llegan, cuentan con el apoyo parlamentario de los diputados del Partido de Centro y los Liberales y del Partido de Izquierda, que al igual que los anteriores se inscribe en el GUE. El país, desde 2014, no hace más que encadenar alianzas que están lejos de ser firmes, lo que ha generado “extremas dificultades” para lograr la estabilidad, dice el CIDOB. 

En Eslovenia existe desde septiembre de 2018 una suma de cinco fuerzas, encabezada por la Lista de Marjan Sarec, social liberales comandados por el primer ministro de igual nombre. A él se añaden los Social Demócratas (SD); el Partido del Centro Moderno (SMC, social liberales), el Partido de Alenka Bratusek (SAB, social liberales) y el Partido Democrático de los Pensionistas (DeSUS, centristas). Cuenta con el respaldo eventual de La Izquierda (Levica) y las minorías nacionales húngara e italiana, que les ayudan a superar votaciones en el Parlamento, aunque las relaciones no son especialmente fluidas y cada negociación es angustiosa. 

Y hay otro Gobierno más, el de Portugal, que sólo desde hace un mes camina en solitario. Durante la anterior legislatura, el socialista António Costa gestionó el país sin coaliciones, pero sí con un acuerdo de legislatura, de gobernabilidad parlamentaria, con el Partido Comunista y el Bloco de Esquerda (que es el partido hermano de Podemos en el país vecino, con el que hay buena relación y con el que comparte bancada con ellos en el grupo de Bruselas y Estrasburgo).

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Pablo iglesias, de Podemos, y Marisa Matias, del Bloco, en un acto en Lisboa en enero de 2016. 

Sin embargo, tras su reelección en octubre, Costa ha decidido esta vez seguir gobernando en minoría pero sin firmar nada ni con bloquistas ni con comunistas. Irá buscando apoyos en cada ley, por lo que la llamada izquierda radical está ahora en la oposición. Ha habido un compromiso para ayudarle a superar la investidura y han dado su palabra, sin ir más allá, de intentar dar estabilidad al país para que mantenga los logros de los últimos años

Entre los Ejecutivos progresistas europeos está también, por último, el de Malta, aunque en este caso es monocolor, porque desde 2017 mandan solos los laboristas del primer ministro Joseph Muscat, en un modelo de alternancia clásica con los nacionalista. La isla no da para mucha fragmentación más.

Cómo lo ve Bruselas

Respetuosos como siempre, los líderes comunitarios sólo declaran que esperan lo mejor para España tras las elecciones del pasado domingo. No entran a valorar el preacuerdo de PSOE y Unidas Podemos anunciado el martes, aunque en las instituciones europeas ha sorprendido lo rápido que se ha cerrado, teniendo en cuenta el fracaso a la hora de entenderse tras los comicios del 28 de abril. 

La portavoz de la Comisión Europea, Mina Andreeva, se ha limitado a decir que es un “proceso nacional” ante el que no tienen que opinar. Lo que están filtrando los altos funcionarios a la prensa es que su principal preocupación es que se forme un gabinete pronto, que sea lo más estable posible y que así España pueda abordar reformas nacionales muy urgentes, en temas de deuda o paro, y participar a la vez con plenas capacidades en retos de la UE en los que tiene un peso especial: desde la inmigración a la PAC, pasando por el Brexit, y con Josep Borrell como nuevo jefe de la diplomacia común y la nueva influencia que eso implica. La entrada de los de Iglesias en La Moncloa provoca más curiosidad por ver cómo cuaja que otra cosa. 

Pese a los fantasmas que azuza la derecha, a Bruselas le daba más miedo que entrase la ultraderecha de Vox en el Gobierno que el desembarco de la izquierda más roja y, de hecho, de países radicalmente a la derecha es de donde proceden hoy sus principales dolores de cabeza: Hungría y Polonia. Justo en la dirección contraria que, parece, va a tomar nuestro país.     

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