INTERNACIONAL
14/06/2019 10:58 CEST

Así va a luchar Japón para combatir el plástico en los mares

En la actualidad en el país nipón se recicla sólo el 25% de la basura plástica consumida, frente al 45% que es la media europea.

EFE

TOKIO.- El Gobierno de Japón se ha propuesto que el tema de la basura plástica marina sea un tema de referencia en la próxima cumbre del G-20 y con este fin reunirá, los próximos 15 y 16 de junio, en la ciudad de Karuizawa, a los ministros y responsables de medio ambiente. Su objetivo es conseguir que salga algún documento, consenso o compromiso de acciones internacionales, en un encuentro que tratará sobre la “La Transición energética y un medio ambiente global para el Crecimiento Sostenible”. Según fuentes oficiales, aquí podrían darse los primeros pasos para que se establezca una reducción de plásticos en los mares al estilo del Acuerdo de París sobre emisiones contaminantes.

Las autoridades de este país de casi 127 millones de habitantes, que son los segundos consumidores per cápita de plásticos del planeta -sólo por detrás de
Estados Unidos- han diseñado una estrategia que se basa en las 3 R (reducir,
reciclar y reutilizar). En estos momentos, en Japón se recicla sólo el 25% de la basura plástica consumida, frente al 45% que es la media europea. Según datos oficiales, el 57% es incinerado en unas de las 120 plantas de quemar residuos existentes, convirtiéndose en energía eléctrica, pero conscientes de que no es el camino de una economía circular.

Al mismo tiempo, la preocupación aumenta porque estudios realizados por
investigadores japoneses muestran que en sus costas hay una auténtica epidemia plástica, no sólo de botellas de PET que llegan de Rusia, China y Corea, a las que se suman las propias, sino de microplásticos, las insidiosas partículas de menos de 0,5 milímetros. Una investigación publicada en Nature predice que para 2060, en el área de Japón y norte del Pacífico habrá un kilo de plástico flotante por metro cúbico si no se toman medidas drásticas para evitarlo.

Una investigación publicada en 'Nature' predice que para 2060, en el área de Japón y norte del Pacífico habrá un kilo de plástico flotante por metro cúbico si no se toman medidas drásticas para evitarlo

Una primera medida es la retirada directa de los plásticos del mar, de los que se
recogen cada año 40.000 toneladas como iniciativa pública y las que se añaden
campañas con gran participación ciudadana en limpieza de playas. En la última,
más de 500.000 personas. También se busca la complicidad de los pescadores para que lleven a puerto todo lo que cae en sus redes.

Pero no basta con recoger material para luego quemarlo y con las cenizas crear la llamada ‘tierra de la basura’ (wasteland), sino que hay que reducir, si bien es la parte menos ambiciosa de la estrategia. Una medida anunciada hace unos días por el ministro japonés de Medio Ambiente, Yoshiaki Harara, es la decisión de cobrar en un futuro las bolsas de plástico en las grandes superficies, aunque no afectará a tiendas pequeñas y medianas. Es un paso hacia el objetivo propuesto de reducir el 25% de los plásticos de un solo uso para el 2030, meta que pudiera parecer poco ambiciosa desde la perspectiva europea (recientemente el Parlamento Europeo aprobó su eliminación total para 2021) pero que para los responsables japoneses se considera “una meta realista” en una sociedad que genera cada año entre 20.000 y 60.000 toneladas de basura plástica, en gran parte debida a los envases de la comida.

Para dentro de 11 años, también se espera reciclar y reutilizar el 60% de los envases y embalajes y haber doblado las actuales tasas de reciclaje (hasta el 50%), para lo cual este mismo año ya se cuenta con un presupuesto de unos 80 millones de euros destinado a crear nuevas instalaciones que así lo permitan.

Nuevos materiales 

Otra apuesta firme del Gobierno de Japón es la introducción de nuevos materiales, como los bio-plásticos, realizados con material vegetal, de los que quiere introducir hasta dos millones de toneladas en el mercado. Algunos ya apuntan cómo ello podría afectar a la agricultura, después de lo ocurrido con el biodiesel. Y, además, quiere promover la investigación para conocer exactamente qué está pasando con la basura que flota por los oceános, cómo son los flujos y cómo se comporta, dado que, apuntan en el Ministerio de Medio Ambiente, aún hay muy poca información científica al respecto. De hecho, invertirán cerca de un millón de euros en investigar qué pasa con lo que vierten lo ríos Mekong (China) y Ganges (India) al Pacífico.

REUTERS
Un vertedero cerca del lago Taihu, en la provincia china de Jiangsu, el 4 de julio del 2016. 

Además, el problema de la gestión de la basura en Japón, como a nivel global, se ha incrementado desde que en 2017 China restringiera la importación de basura, cuando cada año enviaba casi un millón y medio de toneladas. En un año, han reducido estas exportaciones a un millón de toneladas, que van a Tailandia, Indonesia, Nyamar o India, pero otros países también están comenzado a rechazar desperdicios ajenos y es urgente tener alternativas porque espacio no tienen para acumular residuos.

De hecho, este mismo año se van a invertir en Japón unos 160 millones de euros de inversión púbica y privada (al 50%) en nuevas instalaciones para el reciclaje plástico, de forma que se exporte menos y también se acabe quemando menos, si bien no se descarta esta última opción ni tampoco la de los rellenos sanitarios en un país que lo practica desde hace siglos. Asimismo, se apoyan iniciativas tecnológicas, como la conversión de plásticos usados en amoniaco o hidrógeno usado como combustible.

En todo caso, los próximos días, los ministros ambientales del G-20 reunidos en Karuizawa tienen la oportunidad para tomarse este problema en serio, tal como les ha planteado el país anfitrión. Seguramente, la cumbre a finales de mes de presidentes y primeros ministros en Osaka tendrá otros asuntos en la cartera, habida cuenta de la serie de conflictos que ha desatado la presidencia de Donald Trump en el mundo, pero el primer ministro japonés Shinzo Abe está empeñado en que este asunto no pase desapercibido para alejar el día en el que “haya más plásticos que peces en los oceános”, como ha augurado el Foro Económico Mundial en un informe reciente.

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