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30/03/2021 07:08 CEST | Actualizado 30/03/2021 07:08 CEST

Atajo de descerebrados

Esa multitud de jóvenes que celebran gigantescas juergas en calles y plazas de Madrid están azuzados desde la Comunidad.

Pablo Blazquez Dominguez via Getty Images
Turistas de fiesta por las calles de Madrid

Es lo que se llama una evidencia científica que ante esta pandemia esconder la cabeza bajo el ala de la ignorancia es una actitud suicida. Esto no lo cambia una mayoría de gobierno ni el mucho pico pero poca pala de la presidenta regional Isabel Díaz Ayuso. Su discurso antisistema —Pablo Iglesias se encontró con una inesperada compañía friki— que siembra la duda en la ciudadanía ha jaleado a los que, como ella misma, confunden la libertad con el libertinaje.

Esa multitud de jóvenes que celebran gigantescas juergas en calles y plazas de Madrid están azuzados desde la Comunidad con un Ayuntamiento más discreto, pero que peca por omisión del deber de auxilio a los ignorantes. Los dos metros de distancia entre personas, la mascarilla, la higiene personal… son elementos clave en esta lucha; por lo menos hasta que llegue la vacuna. Pero de momento la inmunidad de rebaño no se ha conseguido. Su lugar lo ha ocupado la necedad de rebaño gracias al payusismo dictado desde los laboratorios de MAR.

La consecuencia es la consigna de “estas fiestas me dan la vida” que proclaman en alegre borrachería y con la botella en la mano miles de chicos y chicas. Pero están equivocados. Estas fiestas no dan la vida a nadie. Al contrario, son un pase pernocta para la UCI. Dan más sufrimiento y muerte que salud y futuro. 

Estas fiestas no dan la vida a nadie. Al contrario, son un pase pernocta para la UCI.

Además, por si éramos pocos parió la abuela. El confuso discurso político —a veces contradictorio con los hechos— toca la frontera del negacionismo y siembra la duda sobre la covid solo es una tapadera, una cortina de humo, para esconder una gestión global fracasada tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento; y muy oportuna en medio del calvario judicial por los papeles de Bárcenas’ que vuelve a atravesar el PP.

En condiciones normales de presión y temperatura social sería impensable que Díaz Ayuso convocara elecciones anticipadas para dos años de legislatura madrileña. No tiene gestión de qué presumir. El hospital Zendal fue una iniciativa interesante en el momento oportuno, aunque en la práctica haya pinchado. Es todo. El resto es bla, bla, bla. “Comunismo o libertad”, grita el ayusismo como si  zombis bolcheviques fueran a derribar el Estado y proclamar una república popular confederal bolivariana precisamente en el peor momento para la extrema izquierda y la izquierda populista.

Antes habían ensayado el “socialismo o libertad” hasta que alguien les advirtió que la Transición aún está cercana en el tiempo y que el PSOE fue clave como pata fundamental del consenso para traer la democracia y sacar la Constitución del 78. El apoyo firme de Santiago Carrillo y el PCE asentaron la pax constitucional. Los pactos de la Moncloa, a su vez, aseguraron unas nuevas reglas del juego entre la patronal y los sindicatos. Todo esto la derecha no lo puede borrar como la tiza en la pizarra con un trapo.

No es la primera vez, ni será la última, que se confunde la libertad con el libertinaje

No es la primera vez, ni será la última, que se confunde la libertad con el libertinaje, por los unos y los otros. ¿Pero de qué nueva libertad hablan en estos momentos el PP y Vox, y Podemos….? La Constitución asegura todas las libertades inherentes a una democracia. Todas. E incluso deja la puerta abierta para que pueda ser reformada y se adapte a los tiempos y a la evolución de las costumbres. Pero que haya principios y reglas de obligado cumplimiento en el entretanto, —“La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”— cualquier país las tiene, no significa ninguna antidemocrática limitación. Basta estudiar las constituciones de Alemania, Francia, Italia….

El discurso de la presidenta madrileña es esencialmente tramposo. Su libertad para callejear y para la fiesta, en plan ácrata, burlándose de la ciencia y la prudencia tiene mucho que ver con el desastre pandémico en la Comunidad. Esa juventud que considera las mascarillas una estupidez y la distancia interpersonal, una limitación de sus derechos, debiera ser advertida de que su imprudencia tiene un coste. Aparte del coste en salud y vida, está el económico. Un día de cama en un hospital público asciende “más o menos” —según datos del Servicio canario de Salud— a 986 euros al día; en UCI esta cantidad es de algo más de 1.700 euros. Medicación y pruebas aparte. “No te equivocas si pones que una estancia de 15 días cuesta como media unos 36.000 euros”, confirma un alto cargo del SCS. No sería mala idea entregarle a cada paciente junto con el alta clínica una factura informativa, minuciosamente desglosada, de su tratamiento.

Una estancia de 15 días en el hospital cuesta como media unos 36.000 euros

Ahí está yendo una parte importantísima de los impuestos, que lógicamente, deja de ir a otras partidas. La emergencia sanitaria es una prioridad absoluta. Aquí viene el gran engaño de Díaz Ayuso y Martínez Almeida y del PP salvo alguna meritoria excepción. Por una parte se fomenta el relajo y a su través los contagios (insisto, es una evidencia científica la relación causa efecto). Por la otra, la política económica es reducir aún más una presión fiscal dumping que no llega para atender las crecientes necesidades del “estado social y democrático de derecho” que establece la CE78 en su artículo primero. Para tapar los agujeros que agujerean y cuadrar las cuentas que descuadran con premeditación y altanería se pide con insolencia y aparato de distracción y fuegos artificiales más dinero a papá Estado, igual que hacen los separatistas catalanes, con un discurso victimista que crea una madeja de discordias y agravios territoriales. Ellos, los salvadores de ¡España!.

Este recurso ladino y completamente hueco a la libertad me trae a la memoria inevitablemente la famosísima frase que pronunció madame Roland, una gran defensora de la Revolución francesa, pero que criticó los excesos del Terror, cuando se arrodilló y metió la cabeza en el cepo de la guillotina el 8 de noviembre de 1703 en la Plaza de la Revolución, ahora de la Concordia: “¡Oh libertad! Cuántos crímenes se cometen en tu nombre”. RIP.

Alguien comentaba el otro día, ante los nuevos indicadores epidemiológicos de salud pública y hospitalarios si en Madrid habrá tantos ‘derechistas’ como para dar una mayoría holgada al PP y a Vox. En principio el PSOE, con el filósofo Ángel Gabilondo, fue la lista más votada en las pasadas. Pero la técnica trumpista —una modalidad o cepa más agresiva del populismo tradicional— empleada por la nueva lideresa, que ha sabido sacarle todo el jugo a su “pacto de  perdedores”, en típico lenguaje popular cuando lo hacen sus adversarios, tiene gancho, sin duda, entre la legión de desencantados. La desfachatez mientras más chula, más atractiva. C’est la vie.

Es verdad que Abraham Lincoln aseguraba, en una de sus frases más famosas, best seller indiscutible en las citas, que “se puede engañar a todo el mundo algún tiempo; puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”. Aunque a los políticos de oportunidad les da lo mismo si los engañados les proporcionan una mayoría, por flaca que sea, que ya utilizarán como palanca electoral. Eso es lo que ha hecho Díaz Ayuso bajo la dirección técnica del guion, animación, decorado, sonido e iluminación de su asesor de cámara el rasputín —cada día se le parece más— Miguel Ángel Rodríguez.

Los tiempos cambian que es una barbaridad, decía don Hilarión en la Verbena de la Paloma. Lo aprendimos de niños en el cole. Así, el mundo de la comunicación, con sus nuevos soportes (la radio, la televisión, internet, las llamadas redes sociales) ha aumentado casi hasta el infinito el poder de intoxicación y persuasión de la propaganda. Hace unos años un famoso publicitario norteamericano estableció que “ahora es posible engañar a todo el mundo todo el tiempo si hay suficiente presupuesto publicitario”.

Y parece que haberlo lo ha habido y que lo hay todavía. Basta con repasar las noticias sobre los juicios del PP y los papeles de Bárcenas. La única contramedida inteligente consiste básicamente en datos. Ahora es el tiempo de los datos. Parafraseando al asesor económico de Clinton, “ahora son los datos, estúpidos”. Jefferson pedía libertad de prensa y lectores bien informados para votar con fundamento. Ahora, en época de fake news, verdades alternativas y armas de confusión masiva. la única vacuna efectiva son las cuentas y no los cuentos. Las estadísticas desnudadas de falsas interpretaciones. La realidad real, en suma. Así que ojo al dato.

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