Atrapados por el pescado "insostenible" que nos ocultan las etiquetas

Dos tercios de las harinas y aceites de pescado con las que se alimentan los peces de cría proceden de capturas de peces salvajes.
Compraventa de pescado en una pescadería. 
Compraventa de pescado en una pescadería. 

Cada vez son más los consumidores concienciados que al ir a comprar se fijan en las etiquetas. Aún pocos, pero cada vez más. El mensaje de que la Tierra ya no da más de sí está calando, aunque lentamente, y quienes se esfuerzan en llenar su cesta de la compra de forma sostenible se encuentran con no pocos impedimentos. Ahora, una investigación realizada por la Changing Markets Foundation, organización holandesa que visibiliza productos, empresas o sectores insostenibles para que cambien sus prácticas, ha puesto el ojo sobre la venta en España del pescado procedente de la acuicultura, y revela que, contrariamente a lo que parte de la población piensa, no es tan ambientalmente responsable como se cree con los océanos.

El informe que nos presenta, titulado Atrapados: Cómo los supermercados españoles abordan el empleo de pescado salvaje en su cadena de suministro acuícola, se sumerge en 10 grandes cadenas de distribución de alimentación en España, por las que cada año pasan millones de personas, para ver cómo se reflejan su apuesta por la sostenibilidad en sus ventas de pescado procedente de la acuicultura. En estos días, en los que las compras de alimentación se disparan, no es mal momento para hacer una parada en las pescaderías, habida cuenta de que según la FAO (Organización Mundial de la Alimentación) el 93,8% de las especies de los mares están con sus poblaciones al límite o sobreexplotadas. Si a eso añadidos el problema del cambio climático y la contaminación, la situación pinta realmente mal.

Frente a este vaciamiento oceánico, España se presenta como uno de los grandes consumidores de pescado a nivel global, el cuarto del planeta pese a tener sólo 47 millones de habitantes, un puesto que ostenta con ese millón de toneladas de peces que acaban en nuestros platos. Si en el mundo más de la mitad del pescado consumido ya es de piscifactoría, en este país sabemos que en 2019 se produjeron en estas instalaciones más de 348.000 toneladas, según sus datos. ¿Es buena noticia que no sean capturas directas? Pues no parece, a tenor de la investigación de la fundación holandesa Changing Markets, que nos revela que dos tercios de las harinas y aceites de pescado con las que se alimentan los peces de cría proceden de capturas de peces salvajes. En definitiva, se siguen esquilmando los mares. Otra cosa es que, tal como parece, nadie nos lo cuente en las etiquetas que están a la vista del público en los supermercados. Es más, ninguna de las 10 grandes cadenas analizadas en esta investigación han facilitado ni uno solo de los datos que se les requirieron sobre cómo monitorean la alimentación del pescado de cría que les llega, una falta de transparencia que las sitúa muy por detrás de cadenas analizadas en Reino Unido y Alemania, incluso las que son de la misma matriz, como Lidl. En España, ni una sola compañía supera un 12,5% de puntuación de su sostenibilidad en este asunto, mientras que en esos países comunitarios las hay que alcanzan el 50% con la misma metodología.

“Dos tercios de las harinas y aceites de pescado con las que se alimentan los peces de cría proceden de capturas de peces salvajes”

Esta falta de transparencia hacia los consumidores españoles y de control interno de lo que se vende tiene detrás un sector, el de la acuicultura, que podría haber sido una solución al exceso de capturas, y de hecho así se ha vendido a la opinión pública, si no se basara en capturas de especies salvajes que, igual no son muy apreciadas por nuestro mercado, pero que forman parte de ecosistemas marinos y son proteínas que alimentan a millones de personas en otros lugares del planeta.

El informe de Changing Markets recoge, por ejemplo, el caso de las sardinelas capturadas en las costas de África Occidental y utilizadas por una empresa noruega llamada Mowi para hacer piensos para acuicultura (el llamado FMFO, por sus siglas en inglés). Mowi, que suministra salmón de cría a Lidl en España, obtuvo 10.000 toneladas de aceite de pescado procedente de Mauritania en 2019, especie que la FAO considera sobreexplotada en toda la región. También se menciona el caso de Perú, donde trabaja otra empresa noruega, Lerøy, a la que compra Mercadona el salmón: la fundación ha investigado en otro informe reciente que en ese país el mercado de aceites y harina de pescado está plagado de corrupción y de prácticas insostenibles, como por ejemplo la captura de ejemplares juveniles y un sub-registro sistemático de las capturas, es decir, que informan de menos cantidades de las que pescan.

Los datos recabados por la fundación reflejan cómo el expolio de los océanos pone en riesgo el equilibrio de los hábitats oceánicos y también la supervivencia de comunidades que dependen de ellos en el Sur global. Muchas de las pateras que llegan a nuestras costas eran antes ‘pinazas’ de pescadores en las mismas costas africanas que ahora salen rumbo a Europa abarrotadas de jóvenes. Y parece que las lubinas, salmones o doradas de piscifactoría que compramos no son ajenas a ellos. “En momentos como estos, con una pandemia que está generando un aumento de la pobreza a nivel global, es urgente que los consumidores sepamos que hay comunidades que sienten los impactos negativos de esta industria mientras que no estamos siendo informados adecuadamente sobre lo que estamos comprando”, explica Juan-Felipe Carrasco, portavoz del informe sobre España.

“Los supermercados tienen un enorme poder para moldear los gustos de los clientes hacia ese consumo sostenible”

Produce mucha desazón que las empresas españolas hayan participado tan pobremente en un estudio que sus correligionarias europeas han contestado con más interés, algunas aportando medidas para reducir el consumo de una acuicultura insostenible y poner en marcha medidas que la corrijan. Aquí todas suspenden. Ni siquiera se habla de cómo reducir esa cantidad de presencia de ‘peces salvajes para pienso’ en horizonte cercano, según se refleja en Atrapados.

En todo caso, el objetivo de Changing Markets es poner en evidencia estos fallos para que comiencen a ponerse soluciones. Para empezar, informarnos a los consumidores de los que estamos comiendo, pero también a tomar medidas para eliminar de los suministros de nuestros supermercados a los productores que no tienen en cuenta la sostenibilidad en toda la cadena alimentaria, también en la acuicultura. Es un ámbito en el que falta investigación, pero ya hay alternativas.

Con un modelo más responsable, el cultivo de pescados y mariscos podría algún día aliviar la presión sobre las poblaciones marinas y los supermercados tienen un enorme poder para moldear los gustos de los clientes hacia ese consumo sostenible. El primer paso sería estar informados y poder tener opciones para elegir lo que no afecte a la salud de la tan amenazada vida oceánica.

Si alguien quiere más información de esta campaña, en este link la pueden encontrar: https://www.fishingthefeed.com/