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19/01/2021 08:10 CET | Actualizado 19/01/2021 10:46 CET

Awa, la niña que contempló cómo arrojaban a su hermano Alhassane al mar tras morir en la patera

El relato aterrador de una niña de Guinea que llegó a Canarias el fin de semana, junto a su madre, y perdió a su mellizo de 9 años en el Atlántico.

Ángel Medina / EFE
La menor, a su llegada a puerto.

Las primeras personas que la atendieron pensaron que tenía unos 12 años, pero solo ha cumplido nueve, se llama Awa D. y el sueño de sus padres de ofrecerles a ella y a su hermano mellizo Alhassane un futuro mejor que la vida que les aguardaba en Guinea se ha roto. Se quebró en una patera a la deriva entre la costa del Sahara y Canarias.

La noticia de que la noche previa había llegado una patera al muelle de Arguineguín (Gran Canaria), en la que faltaba uno de los cuatro menores que partieron en ella desde Dajla, no solo estremeció a numerosas personas en España este sábado, sino que rápidamente se extendió entre las comunidades de inmigrantes subsaharianos asentadas en Marruecos, donde vive parte de la familia de Awa.

Los mellizos Awa y Alhassane se embarcaron con su madre y 33 personas más en una patera de unos seis metros de eslora el martes 12 de enero de madrugada, sobre las 2.00, en algún lugar de la costa de Dajla, uno de los puntos calientes en el mapa de los lugares de salida más frecuentes de los africanos que emigran hacia Europa.

20 mujeres, 11 varones y cuatro menores compartieron durante cuatro días el escaso espacio de la patera, todos procedentes de Guinea Conakri, Costa de Marfil y países del África Subsahariana, salvo dos hombres de tez oscura, pero de aspecto asiático.

El rescate

El grupo estaba en búsqueda desde las 8.00 horas del miércoles, cuando varios familiares contactaron con la ONG Caminando Fronteras y esta transmitió el aviso a la Guardia Civil y a Salvamento Marítimo, que movilizó al Sasemar 101, el avión que les acabaría encontrando dos días después a la deriva, en océano abierto, a unos 164 kilómetros al suroeste del puerto de Arguineguín y casi la misma distancia al oeste del cabo Bojador (Sahara).

Sus coordenadas eran 26º 20.20′N, 16º 7.68′W. Desde que el avión facilitó esa posición hasta que seis horas más tarde llegó el barco de rescate desde Gran Canaria, cuidó de ellos el UAL Texas, un carguero holandés que, por sus dimensiones (127 metros de eslora), no pudo hacer más que permanecer a su lado hasta que apareciera Salvamento Marítimo, darles agua y vigilar que no volcaran.

A las 14.35 horas del viernes, los 34 ocupantes de la patera estaban en la cubierta de la Guardamar Talía, cuyos tripulantes están más que acostumbrados a atender situaciones límite -llevan decenas de rescates a sus espaldas en los últimos meses-.

Pero esta vez pidieron por radio que las asistencias en tierra se prepararan para personas que llegaban en “muy, muy mal estado”, ha confirmado a Efe una portavoz de ese servicio público del Estado.

Y, además, transmitieron un mensaje terrible: los rescatados decían que faltaba uno de sus compañeros de travesía, al que habían arrojado al mar tras perecer en la patera en algún momento entre el miércoles y el jueves.

Aunque es esta una tragedia que se repite con frecuencia entre quienes se aventuran al océano con barcas y medios de navegación siempre insuficientes para las condiciones que les esperan en el Atlántico, esta vez la víctima era un niño.

La identificación

En Arguineguín se vieron las dimensiones del drama: la mayoría de los inmigrantes necesitó que lo bajaran al muelle casi en volandas entre los voluntarios de Cruz Roja y los marineros de la Talía, varios salieron directamente en camilla y una mujer precisó que la sedaran, porque presentaba una grave crisis de ansiedad.

Le acompañaba Awa, su hija; fue ella la que contó a la Cruz Roja lo ocurrido. El niño fallecido era su hermano, Alhassane.

A la mañana siguiente, las familias de tres menores telefonearon a la activista Helena Maleno, de Caminando Fronteras, angustiadas por saber si el que había fallecido era uno de los suyos, porque nadie de los rescatados había podido llamar todavía a casa y la ONG había publicado la noticia en sus redes sociales, pero sin revelar si el fallecido era niño o niña. En realidad, solo iba un niño a bordo.

Una de las familias preguntó por dos hermanos, niño y niña, que viajaban acompañados por la madre. Dio dos nombres que coinciden con los que tienen los servicios de emergencia y la Dirección de Protección del Menor del Gobierno de Canarias, y facilitó los pocos detalles que se conocen por ahora de su historia: Awa y Alhassane eran mellizos, su padre está en Bélgica y ellos llevaban ya tiempo en Marruecos con algunos parientes y con su madre, que quizás creyó una patera le ofrecía la oportunidad de reunir a la familia.

Este viernes, la madre lloraba y gritaba desesperada en el muelle, apenas podía hablar. En estos momentos está ingresada bajo supervisión psiquiátrica, porque los equipos que la atendieron en el muelle dudaban de su estabilidad, han señalado fuentes de la Cruz Roja. La situación impactó tanto a las personas allí presentes, que algunos voluntarios de la ONG volvieron a casa llorando.

No es lugar para niños

Casi todos los ocupantes de la patera acabaron esa misma noche en el campamento de Barranco Seco, en Las Palmas de Gran Canaria, incluidas las tres niñas, ha confirmado a Efe el pediatra del Servicio Canario de Salud que las asistió en cuanto llegaron allí y que las derivó de inmediato al Hospital Materno Infantil.

Este sanitario explica que, aunque solo una de las niñas presentaba síntomas que requirieran cuidados sanitarios, sus compañeros y él tomaron la decisión de enviarlas al hospital porque Barranco Seco “no es un lugar adecuado para nadie, y menos para un niño”.

“Es verdad que la Policía procura darles el mejor trato posible y que Barranco Seco no es Arguineguín, pero es que cualquier cosa es mejor que el campamento de Arguineguín”, enfatiza este pediatra.

“Sin embargo, en Barranco Seco la gente está pasando mucho frío y humedad, solo tienen una manta cada uno para abrigarse, la que les dio Cruz Roja, algunas tiendas tienen goteras, se acumula la basura y no hay agua corriente ni duchas para asearse, a pesar de que estas personas llegan tras muchos días en el mar, a veces diez o más”, añade.

Ni Awa ni las otras dos niñas de su patera volverán al campamento de Barranco Seco. La Dirección General de Protección del Menor del Gobierno de Canarias ya ha dado instrucciones para que queden en espacios bajo su tutela en cuanto reciban el alta hospitalaria.

Esa misma noche, los sanitarios del Servicio Canario de Salud enviaron al hospital desde Barranco Seco a otros seis ocupantes de la misma barquilla, adultos, dos de ellos en muy mala situación, con cuadros de deshidratación, dolor abdominal agudo e hipotensión. 

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