POLÍTICA
04/05/2021 22:32 CEST | Actualizado 04/05/2021 22:45 CEST

Ayuso, la nueva Thatcher madrileña, gana a Pedro Sánchez y a Casado a la vez

La lideresa indiscutible celebra su triunfo en Génova, con la dirección nacional inquieta y tratando de colocar el mensaje de que Casado ha sido vital para la victoria. “Hemos ganado al sanchismo”, la frase que se ha repetido en la sede del PP.

PIERRE-PHILIPPE MARCOU via Getty Images
Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado saludan desde el balcón de su sede de Génova la victoria del PP en las elecciones del 4-M para la Comunidad de Madrid.

Coincidencia o no, hoy 4 de mayo hace 42 años que Thatcher asumió el cargo de primera ministra del Reino Unido. Solo 15 meses ha necesitado Miguel Ángel Rodríguez para dar forma a su ‘criatura’ hasta convertirla en la líder ultraliberal que encierra su exitoso slogan ‘Libertad’. A ver quién va a parar ahora a Ayuso cuando tantos votos la respaldan. El PP ha sido una fiesta desde antes que cerraran los colegios electorales. Nada que ver con la noche electoral de hace dos años, cuando Ayuso se impuso por sorpresa, sin casi ningún dirigente a su alrededor tal y como ha recordado Casado desde el balcón de Génova. Entre gritos de ‘Oa, oa, oa, Ayuso a la Moncloa’, el líder popular hablaba de “moción de censura al sanchismo”.

“Para un día que ganamos como nos lo vamos a perder”, respondía con cinismo uno de los miembros del núcleo duro de Casado al entrar en Génova. Efectivamente, había overbooking. Y también una alegría agridulce entre la dirección nacional, que se esforzaba por colocar a los periodistas el mensaje de que este triunfo es gracias a Pablo Casado, porque gana su apuesta por el centro derecha. Cierta desazón se ha instalado en el equipo del líder. Saben bien que Miguel Ángel Rodríguez no va a parar aquí, su objetivo es Moncloa. Y nada se le pondrá por delante. “Muchas gracias España y a todos los rincones del mundo que nos miran con ilusión”, ha dicho Ayuso nada más comenzar a hablar. Madrid se les queda pequeño y hoy arrancaba claramente la campaña nacional.

Pablo Casado ha cogido el micro antes que la refrendada presidenta de la comunidad, como si le otorgarán un minuto de gloria antes de lo que vendrá.

En la calle, los cachorros del PP no cabían en sí de gozo. Tampoco los apoderados de más edad que comentan orgullosos como en las mesas de Retiro o el barrio de Salamanca habían arrasado. Hoy no ha faltado detalle. Con la calle Génova cortada, se han montado sillas para controlar mejor el aforo y evitar fotos de adeptos demasiado juntos. Inútil, porque los fans bailaban como posesos esperando a Ayuso. El Pulpo ejerce de Dj, no hay celebración popular que se precie en la que no ponga la música, toda española con Alaska como opción recurrente, aunque también hay hueco para La Casa Azul. Escenario y cuatro potentes focos para iluminar el momento. Había mucho que celebrar porque Ayuso ha ganado algo más que una comunidad, ha vencido a Pedro Sánchez.

El presidente del Gobierno es el principal perdedor de estas elecciones a la madrileña. Así lo ha querido Pedro Sánchez, absolutamente convencido de que la estrategia de confrontar con Isabel Díaz Ayuso iba a funcionar. A Iván Redondo le ha dado un repaso MAR. Esta noche en la sede de Génova algunos se preguntan con ironía si el spin doctor de Moncloa no trabaja en realidad para el PP, partido en el que fue mano derecha de Basagoiti, García Albiol y Monago antes de convertirse en gurú de Sánchez. Tampoco el efecto Iglesias ha provocado grandes cambios. En la sede popular nadie se acordaba de nombrarlo. “Hemos ganado a Sánchez”, era la frase más repetida.

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Dentro de la sede del PP todo era tranquilidad, con todo el pescado vendido lo único de lo que se hablaba era del batacazo del PSOE y de la división de las tres izquierdas. “Es el peor resultado histórico de los socialistas en Madrid. Un fracaso de Moncloa”, insistían en la sede popular los responsables de prensa tanto de Ayuso como de Casado. Hasta los feudos históricos de la izquierda, como Fuenlabrada, Parla o Vallecas, han sucumbido.

La errática campaña de Gabilondo dirigida directamente desde el núcleo duro del presidente, debería pasar factura. En el PSOE todos recuerdan el día en que el presidente entro al trapo: el 21 de septiembre de 2020 cuando se reunió con Ayuso en la sede de la comunidad de Madrid, situándola a su mismo nivel. Fue la gran victoria de Miguel Ángel Rodríguez. “Aceptar la reunión con la parafernalia que quería Ayuso, le dio el control de la narrativa. Gabilondo tiene la responsabilidad de no hacer él oposición, pero porque estaba destinado a ser defensor del pueblo. Le ha pasado lo mismo que a Arrimadas en Cataluña, ganas las elecciones pero abandonas aunque sigues estando allí. Eso no es gratis”, explica un destacado diputado socialista.

La victoria en Madrid se interpretaba como una señal. La oportunidad de volver a gobernar libre de cargas.

Los ‘pollos’, que en palabras de asesores de su entorno, ha estado montando el apacible Gabilondo durante la campaña evidenciaban su desacuerdo con el rumbo cambiante que le imponía Moncloa. Primero le hicieron jugar a ocupar el lugar de Ciudadanos. Al ver que no funcionaba quisieron repetir el abrazo de Sánchez e Iglesias después de la cagada de las segundas elecciones, en las que tanto el PSOE como Podemos perdieron escaños y Vox entró a saco en el Congreso. Pero resulta que Iglesias generaba más rechazo que atracción y volvieron a dar un giro, agitando las cartas con balas dirigidas a miembros del Gobierno para convertir su campaña en una cruzada antifascista. Siguiendo así en todo momento el papel que Miguel Ángel Rodríguez habría escrito para ellos.

Nada de eso se analizaba hoy en Génova. La victoria en Madrid se interpretaba como una señal. La oportunidad de volver a gobernar libre de cargas.

Cómo máxima expresión del arribismo, Toni Cantó, que se ha presentado antes que comenzara el recuento en la sala de prensa de Génova para que se le viera sin atisbo de vergüenza. Al final, han tenido que venir a sacarlo elegantemente. A pesar de que eso es la libertad que predican en el PP. Bueno, eso y como ha dicho Ayuso desde el balcón, “libertad es llevar una pulsera que pone libertad”. 

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