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Por qué todas las madres deberíamos envidiar lo que pasa en el norte de Europa

Es fundamental que mujeres y hombres disfruten de un periodo de baja idéntico para que el mercado laboral no penalice a las mujeres.

Cuando Rina Mae Acosta dio a luz el pasado invierno, sabía que podía contar con la ayuda de una kraamverzorgster. Se trata de la enfermera de maternidad que visita a todas las mujeres que acaban de dar a luz en los Países Bajos durante los ocho primeros días después del parto. Estas enfermeras se pasan hasta ocho horas al día en casa de la nueva madre haciendo lo que sea necesario para ayudarla a descansar y a formar un vínculo con su bebé, ya sea encargarse de la colada, ir de compras o entretener a los hijos mayores, además de cuidar su salud.

“Los neerlandeses creen en el enfoque pragmático de ’mimar a la madre”, explica Acosta, que tiene otros dos hijos de 3 y 7 años y escribió a cuatro manos el libro The Happiest Kids in the World: How Dutch Parents Help Their Kids by Doing Less [Los niños más felices del mundo: cómo ayudan los padres neerlandeses a sus hijos haciendo menos]. “Mi kraamverzorgster básicamente me llevó de la mano y me inculcó la filosofía de cuidar primero de mi salud y mis necesidades para cuidar mejor a mis bebés. Mi vínculo con mi enfermera de maternidad fue tan fuerte que se convirtió en una amiga y nos ha cuidado a mí y a mis tres hijos”.

Las madres neerlandesas tienen acceso a todo esto de forma total o casi totalmente subvencionada por su sistema de sanidad universal y cuentan con cuatro meses de baja por maternidad (pagada, se entiende). Esta situación contrasta mucho con la de Estados Unidos, donde las madres tienen que esperar entre cuatro y seis semanas para una primera revisión postparto que el 40% se pierde —posiblemente porque ya han tenido que volver al trabajo—, según el Colegio de Obstetras y Ginecólogos de Estados Unidos.

Rina Mae Acosta
Rina Mae Acosta

No es de extrañar que Acosta, que se mudó a los Países Bajos desde San Francisco tras enamorarse de su marido neerlandés, sienta que las madres estadounidenses estén abandonadas a su suerte.

En España la baja por maternidad dura 16 semanas, de las cuales seis deben disfrutarse justo después del nacimiento del bebé (o la adopción o una tutela), y no afecta en ningún caso a las vacaciones. En algunos casos extraordinarios se pueden ampliar.

El padre (o el “progenitor diferente de la madre biológica”) tiene derecho a ocho semanas de permiso a lo largo del año, de las cuales dos tendrán que ser inmediatamente después del parto. Este permiso irá ampliándose progresivamente hasta alcanzar las 16 semanas en 2021.

Durante este periodo de baja, ambos progenitores tienen derecho a cobrar lo correspondiente a su base de cotización para compensar los ingresos que pierden durante este periodo de inactividad laboral. Por su parte, los autónomos cuentan con una prestación y con bonificaciones del 100% en caso de que sea necesario contratar a otra persona para sustituirles durante este periodo. Aparte de las prestaciones por maternidad, una madre puede recibir en España otros tipos de ayudas.

Hace unos meses, el Gobierno reformó estos permisos para garantizar la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres en el empleo y la ocupación, aunque la entrada en vigor de todas estas reformas no será efectiva hasta 2021.

Con esta reforma se pretende lograr una equiparación real de 16 semanas intransferibles para cada progenitor, seis de las cuales deberán disfrutarse tras el nacimiento del bebé, mientras que las 10 restantes se podrán disfrutar en cualquier momento a lo largo del primer año. Se trata de una medida muy estudiada y apoyada por sociólogos como Guðný Björk Eydal, profesora de la Universidad de Islandia, que la considera una de las claves para que el mercado laboral deje de penalizar a las mujeres.

Por poner toda esta información en contexto, en Estados Unidos no existe el derecho a la baja por maternidad en 42 de los 50 estados, mientras que en Suecia garantizan hasta 16 meses de baja remunerada sumando los permisos de ambos progenitores. En Suecia, lo más cercano a la kraamverzorgster neerlandesa es el permiso que tienen los padres para tomarse hasta 30 días libres durante el primer año sin necesidad de avisar con antelación en el trabajo, de modo que pueden dejar lo que están haciendo e ir a casa con su pareja si lo necesitan. Un reciente estudio de la Universidad de Stanford (EEUU) descubrió que los médicos recetaron un 26% menos de ansiolíticos a madres después de que se introdujera esta medida en 2012.

“En Estados Unidos no existe el derecho a la baja por maternidad en 42 de los 50 estados, mientras que en Suecia garantizan hasta 16 meses de baja remunerada sumando los permisos de ambos progenitores”

En Francia, las madres que acaban de dar a luz tienen derecho a fisioterapia gratuita para rehabilitar el suelo pévico. En Japón, las mujeres se quedan en el hospital hasta 10 días después de dar a luz para recuperarse del todo.

No pasa lo mismo en Estados Unidos, donde las madres les dan el alta antes que a muchas de las madres europeas, se ven obligadas a volver antes al trabajo y afrontan la tasa de mortalidad materna más elevada del mundo desarrollado (un riesgo que afecta sobre todo a las mujeres negras). No es de extrañar que los primeros meses estén exhaustas y con ansiedad, preguntándose si de verdad es necesario que la maternidad sea tan complicada.

Lisa Ferland dio a luz a su primer hijo en Estados Unidos y al segundo, en Suecia, calificado recientemente por UNICEF como el mejor país del mundo desarrollado para criar a los hijos. España se encuentra en el 14º lugar y Estados Unidos, en último (41º). La diferencia entre Suecia y Estados Unidos, según ella, es que el sistema sueco hace que las madres se sientan “envueltas en una manta cálida, tranquilas porque saben que alguien está cuidando de ellas”.

Cuando nació su hijo Calvin hace ocho años, Ferland trabajaba en Atlanta, en una organización sin ánimo de lucro. Juntando días de vacaciones y días por enfermedad, consiguió tres meses libres. También negoció un horario de jornada reducida para su primer mes de regreso. “Me sentí muy afortunada, pero volví al trabajo antes de que mi bebé fuera capaz de pasar una noche entera dormido y creo que esto me provocó ansiedad postparto. Estaba agotada”, reconoce. Cuando a su marido, que trabaja como asesor de telecomunicaciones, le ofrecieron un trabajo en otro país, vieron la oportunidad de llevar una vida familiar diferente.

Lo primero en lo que se fijó Ferland cuando dio a luz a su hija Lucy hace 5 años en Suecia fue en el trato tranquilo de las matronas, que en este país nórdico se encargan de casi todo el proceso antenatal. “Suecia tiene la filosofía del lagom, algo así como ‘ni mucho ni poco, la cantidad necesaria’. Es muy cómodo y tranquilo”, señala.

Lisa Ferland
Lisa Ferland

Tras un parto inesperado en casa, su marido y ella se alojaron en el “hotel de maternidad” del hospital, una unidad dirigida por matronas en la que las madres que han tenido un parto sin complicaciones se pueden quedar hasta tres días para recuperarse en una habitación privada similar a la de un hotel mientras reciben ayuda para poner en marcha la lactancia y establecer un vínculo con el bebé. El servicio es gratuito para las madres, mientras que los padres (o el otro progenitor) tiene que pagar una pequeña tarifa para alojarse. “Fue muy agradable, no parecía que estuviéramos en un entorno médico”, asegura Ferland, autora de Knocked Up Abroad, una colección de historias de madres que han dado a luz en un país que no es el suyo. “Simplemente nos acurrucábamos en la cama y mirábamos a nuestro bebé, una forma perfecta de formar el vínculo. Mientras tanto, mi otro hijo estaba entretenido; lo oía chillando por el pasillo y tardaba horas en volver por lo bien que se lo pasaba”, recuerda.

Una vez que tienen el alta, las madres suecas pasan a ser responsabilidad de un cuerpo de enfermeros especializados en el bienestar de la madre y del recién nacido durante los primeros días.

“Entablas una relación con tus enfermeros porque al principio los ves semanalmente”, cuenta Jill Leckie, que se mudó de Inglaterra a Estocolmo (Suecia) cuando estaba embarazada de siete meses. Todavía estaba intentando adaptarse a su nuevo hogar cuando nació su hija Stella: “Mi enfermera me ayudó en todo lo que pudo cuando sufrí ansiedad postparto grave”.

“La cultura de Suecia logra que las madres no se sientan culpables por tomarse un tiempo de descanso antes de volver al trabajo”

Aunque la derivaron al psicólogo, Leckie argumenta que no sólo los servicios postnatales mejoran la salud mental de las madres, sino la cultura del país, que logra que las madres no se sientan culpables por tomarse un tiempo de descanso antes de volver al trabajo o por salir del trabajo por cualquier imprevisto.

“Si el colegio te llama para decirte que uno de tus hijos tiene fiebre, lo dejas todo y tus jefes te animan a ir a buscarlo”, explica Leckie, que dirige la página littlebearabroad.com, donde da consejos a familias que crían a sus hijos en el extranjero. También dirige un grupo de juegos en inglés en Estocolmo. “Es lo que más sorprende de otros países, ese presentismo, esa actitud de: ‘Oh, no, no me pueden ver teniendo familia, tengo que trabajar a todas horas’. Es una locura”, sostiene.

Las madres suecas también cuentan con una cultura igualitaria que espera de los padres que trabajen codo con codo con las madres. El marido de Ferland se cogió ocho meses de baja por paternidad, algo que ella consideró revolucionario.

“Fue una completa vuelta de tuerca a nuestra estructura social como familia que mi marido dijera: ‘Puedo hacer esto’. También fue muy positivo para nuestro matrimonio que aceptara esta inversión de roles”, señala. Esta familia también gozó de una subvención estatal para la guardería, que en algunos casos cubre hasta el 90% del coste. “Eso me permitió trabajar de autónoma y emprender, asumir riesgos. En muchos sentidos, es un entorno mucho más amable para las jóvenes emprendedoras”, sostiene Ferland, que dirige su negocio de asesoramiento de autopublicación para escritores.

Jill Leckie
Jill Leckie

La contrapartida a esta gran inversión pública son los elevados impuestos, dado que es imposible soplar y sorber al mismo tiempo. Pero, ¿hay algún otro coste oculto?

La parte negativa de la famosa solidaridad social nórdica puede ser la presión a adaptarte a las convenciones sociales. A Ferland la regañó la profesora de sus hijos por ser siempre ella quien los llevaba y recogía. Normalmente en Suecia los padres se reparten esa tarea y los colectivos feministas del país reclaman un reparto al 50% para alcanzar la igualdad laboral. En este país, no es muy frecuente recurrir a canguros en vez de a guarderías ni tampoco es habitual que una madre se quede en casa cuidando de los hijos.

El mayor argumento que existe contra unas bajas por maternidad tan prolongadas es que pueden perjudicar el progreso de las carreras profesionales de las madres al mantenerlas alejadas del mundo laboral en unos años fundamentales. Por eso es esencial que mujeres y hombres disfruten de un periodo de baja idéntico. La cultura neerlandesa de ofrecer trabajos a tiempo parcial a las madres también se ha criticado por considerarse un estorbo para alcanzar los altos cargos. La República Checa, donde los padres pueden tomarse hasta cuatro años de baja entre los dos, hace poco empezó a ofrecer incentivos a las empresas que contrataran madres por miedo a que una ausencia tan prolongada estuviera excluyendo a las mujeres del mercado laboral.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido y adaptado del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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