VIRALES
04/06/2020 15:28 CEST

La historia real tras esta emocionante foto: "Es un tratamiento y no un capricho del paciente"

Isidre Correa veía el sol después de estar casi 50 días ingresado por coronavirus en la UCI del hospital del Mar de Barcelona.

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Isidre Correa, acompañado de las enfermeras Àngela García (gorro negro) y Carla Farré (gorro azul), la médica intensivista Judith Marín (sin gorro). Óscar, el camillero, empuja la camilla en su traslado al paseo marítimo de Barcelona.

Pasaban unos minutos de las 16:30 del pasado viernes 29 de mayo cuando los trabajadores sanitarios de la UCI del hospital del Mar de Barcelona iban a dar un paso más hacia esa añorada vieja normalidad después de tres meses terribles. 

Isidre Correa, un paciente que la próxima semana cumplirá 61 años, iba a recibir por adelantado su regalo de cumpleaños. Tras casi 50 días ingresado en la UCI del hospital (llegó el pasado 14 de abril, cinco días después de estar en planta) por coronavirus, cinco sanitarios del hospital decidieron trasladarlo durante unos 30 minutos al paseo marítimo para que volviera a sentir el sol y la brisa marina. La supervisora Desirée Ruíz hizo, al salir de trabajar, una foto que comenzó a difundirse por las redes sociales. 

Este miércoles, las enfermeras Àngela García y Carla Farré, la médica intensivista Judith Marín y el camillero Óscar volvieron a repetirlo. Pero esta vez eran las 10.30 y también estaban presente Helena, su mujer, y varios representantes más del hospital. 

La estampa de Isidre disfrutando tomando el sol, con una mascarilla y los rostros de felicidad de todos los presentes hicieron que la imagen del momento, que tomó el fotógrafo David Ramos, no dejara de compartirse. Su repercusión ha sido de tal magnitud que la enfermera García asegura que están “alucinando”, ya que para ellos esos paseos con pacientes que define como crítico-crónicos eran rutinarios en la época pre-covid.

Desirée Ruíz
La primera salida de Isidre el pasado viernes con dos enfermeras, una médica intensivista, un camillero y el fisioterapeuta de la UCI.

En todo momento, esta sanitaria barcelonesa, que a sus 41 años ha trabajado de enfermera en Milán, Roma o Perpiñán (Francia) y que lleva en la UCI del hospital del Mar desde 2005, destaca la importancia de estos paseos, que no se hacen para satisfacer un deseo del paciente.

“Hace un año y medio implementamos unas medidas de humanización, entre las que se encuentran los paseos, ya que no aprovechábamos la ubicación tan maravillosa que tenemos. Esto no busca cumplir sus deseos. Es un tratamiento, como poner un antibiótico, para mejorar el estado del paciente. Sobre todo, el físico y el mental, que son igual de importantes que todo lo demás. Ven el mar, el sol, la gente, que todo sigue... Les da muchas energías”, afirma García, que cuenta que también quitaron los horarios de la UCI para familiares y que Helena ya lleva varias semanas visitando a su marido en el hospital. 

Isidre, que ha pasado un largo y complicado proceso en el que incluso necesitó estar sedado, se encuentra actualmente estabilizado tras dar negativo en la PCR y con el alta para regresar a planta. Todo ello les animó a retomar sus pequeñas excursiones: “Aunque siempre se ha mantenido animado y con energía, estamos hablando de que ha estado casi dos meses sin saber si es de día o de noche encerrado entre cuatro paredes. Ahora, como cumplía los criterios del protocolo, lo hemos podido sacar”. 

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Isidre Correa, acompañado del personal sanitario del hospital del Mar, en el paseo marítimo de Barcelona.

“El traslado lo hacemos como si fuera uno normal. Llevamos su ventilador si hace falta, sus drenajes, el monitor y todo el material correspondiente. Cruzar la calle nos cuesta cinco minutos”, añade.

García subraya que no solo sirve para romper con la rutina del paciente y liberarlo, también ayuda a los sanitarios, que no dudan en apuntarse a la excursión si la situación está tranquila. “Solemos ser cuatro y, si el servicio está muy bien, salimos alguno más porque es muy placentero para nosotras. Nunca hemos tenido ningún problema ni hemos tenido que usar el material de emergencias”, detalla.

Actualmente y con solo tres pacientes de covid-19 ingresados en la UCI del hospital del Mar de los que solo uno llegó por complicaciones de esta enfermedad, esperan ir saliendo con más frecuencia. 

Aunque la mayoría de la gente se ha emocionado con este gesto, también ha habido personas que lo han considerado como una imprudencia y han afirmado que puede llegar a ser peligroso.

“Es normal que a alguno tenga miedo. Por redes nos dijeron que cómo se nos ocurría. Es normal, pero recalcamos que es un tratamiento y no un capricho de cumplir un deseo del paciente”, se defiende.

Una queja enérgica por la sanidad pública 

Pocos minutos después de que Isidre y el equipo regresara al hospital este miércoles, se conoció la noticia de que los sanitarios españoles habían sido premiados con el galardón Princesa de Asturias de la Concordia 2020. La Generalitat también acordó por unanimidad otorgarles la Medalla de Honor.

Sin embargo, García es una de las sanitarias que pide que estos premios o reconocimientos vayan acompañados de unas mejores condiciones laborales

″Yo no quiero premios, ni Princesa de Asturias ni nada. Quiero que mi compañera que lleva doce años haciendo suplencias a golpe de teléfono tenga un contrato fijo y estable. Que nos devuelvan el porcentaje que nos quitaron con la primera crisis. No quiero que me den ahora 2.000 euros de plus, solo que me paguen los festivos en los que trabajé 12 horas correctamente, que nos los están pagando como de siete”, se queja amargamente García.

Àngela García
Àngela García, con una compañera suya de la UCI.

Ella se tuvo que quitar para esta crisis la reducción material, aceptó sin rechistar los nuevos turnos y estudió al virus en su tiempo libre: “Lo dimos todo. Queremos que no vuelva a pasar y para ello necesitamos contratos dignos y una sanidad pública digna, porque cada vez está peor”.

Además, describe cómo fueron las semanas del equipo de la UCI en la lucha contra el coronavirus: “Terroríficas. Era todo un reto, vivías en un estado de estrés permanente. No dormías por las noches, tenías y tienes pesadillas e insomnios. Ha sido agotador”.

No solo tuvieron que luchar contra el virus, también fueron la única compañía de los pacientes ingresados, las que tuvieron que avisar a familiares de los fallecidos o las que hicieron de sostén a enfermeras de otros ámbitos que fueron trasladadas de emergencia a la UCI.

Por ello y aunque solo sea la primera, esa salida con Isidre les ha servido a ellas también para ver más cerca la luz al final del túnel.

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