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01/01/2020 13:27 CET | Actualizado 01/01/2020 13:27 CET

Barceloneando

Qué gozo ir a la plaza Sant Jaume y poner la oreja al peculiar dejarse llevar barcelonés.

stefanopolitimarkovina via Getty Images
Una calle de Barcelona. 

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Qué alegría ir a ver el pesebre de la plaza Sant Jaume y constatar un año más la devoción tan barcelonesa por opinar, la veneración por la discusión diletante, el eterno discrepar sobre gustos y estética.

Este año el belén lo ha realizado la escenógrafa Paula Bosch y se ha inspirado en las cajas que en lo alto de los armarios o en el altillo custodian hasta el año que viene las figuras del pesebre y corchos y casetas, bolas y guirnaldas, adornos y árboles... se permite licencias poéticas e incluye canelones y capones; plantas efímeras como el muérdago o el acebo. Lleno de detalles, es entretenidísimo de mirar; y entrañable: es fácil encontrar pedazos de infancia que han quedado atrás para siempre.

(Es recomendable que quien sea amante de las tradiciones pretendidamente inamovibles, en lugar de ir a la plaza del Ayuntamiento a hacerse mala sangre, se acerque al pesebre del museo Frederic Marès o al de la Catedral —por citar dos que están justo al lado— o se deleite con la exposición de dioramas de la parroquia de Betlem.)

Qué gozo ir a la plaza Sant Jaume y poner la oreja al peculiar dejarse llevar barcelonés. Constatar una vez más que, si se trata de su ciudad, gente que no se conoce y que en otras ocasiones no hablaría entre sí, espontáneamente dialoga y opina. Este año, el belén no ha despertado reacciones tan furibundas como otros años desde que Ada Colau es la alcaldesa. Por lo que pude escuchar, era más la gente a quien el pesebre gustaba que a la que no, tanto si era personal indígena como foráneo.

Lo resumió muy bien una señora que decía a las amigas con quien había ido a verlo y discutirlo: «No es un pesebre, pero me gusta». Un espontáneo que iba con su mujer al escucharla intervino: «Estoy totalmente de acuerdo con usted». Y sin solución de continuidad (¡como me gusta colocar esta expresión!): «Aunque siento estar de acuerdo con una mujer en algo». Algunas risas por parte de algunas de las mujeres.

Este año, el belén no ha despertado reacciones tan furibundas como otros años desde que Ada Colau es la alcaldesa.

Aplicaremos la regla de la inversión e imaginaremos que una señora le dice a un señor: «Estoy totalmente de acuerdo con usted, aunque siento estar de acuerdo con un hombre en algo». No sé si habría habido risas.

Aunque no tan popular, otro tema clásico es la iluminación navideña. Sobre todo opinan, y mucho, los comercios. Voraces y ávidos, nunca tienen suficiente y siempre reclaman más y más (¡Compre, compre como si no hubiera un mañana!). Es un ejemplo perfecto de por qué la crisis climática se enconará y agravará, de que el derroche energético y monetario no interesa a casi nadie, de que la polución importa un bledo. Este año a lo largo y ancho del Estado el gasto en luminarias ha subido un total de 17,15 millones de euros. Madrid se ha pateado más de 3,1 millones de euros; Vigo le sigue y dilapida más de 1,1 millones.

Estoy francamente contenta de que Barcelona ocupe la posición 39ª por mucho que haya comerciantes y otra gente que piensen que la ciudad se ve triste y oscura y no luce ni deslumbra y proclamen que es un signo más de una supuesta decadencia. (Se parece peligrosamente a las alarmas que saltan cuando se fabrican algunos coches menos, a pesar de saber que su número es insostenible, que debería potenciarse el transporte público y reducir el número de coches privados. Esta es la más profunda y auténtica miseria de la política al uso.)

Este año hay tema nuevo: las tarjetas de autobús. Empezamos mal ya con los nombres. La T-Mes pasa a llamarse T-Usual; mira que es práctico e inequívoco que si dura un mes se llame T-Mes (no deben encontrarlo suficientemente frívolo). Y a la T-10 le han encasquetado el nombre de T-Casual (les parecerá una denominación más «moderna»). Hay que hacer constar que la T-10 —la más utilizada— no tenía fecha de caducidad y podía usarla más de una persona; su sustituta sólo es válida durante un mes y además es unipersonal.

A raíz de las protestas, han rectificado y se han sacado de la manga la T-Familiar, no es unipersonal pero es más cara que la T-Casual y sólo es válida durante un mes. En fin que hemos hecho un gran negocio.

Barcelona, una ciudad con gravísimos déficits de zonas verdes, hace de la necesidad virtud.

Lo más grave es que lo planteen como una lucha entre personas que usaban la T-10 y la T-Mes. Como si bajar un poco de precio la antigua T-Mes, sólo se pudiera hacer encareciendo y penalizando a la gente que usaba la antigua T-10. ¡Que bajen la T-Mes y dejen tal como está la T-10!

Qué maravilloso sería que todo funcionara tan bien como el arbolado. Barcelona, una ciudad con gravísimos déficits de zonas verdes, hace de la necesidad virtud, se espabiló y se las ingenia para plantar árboles y más árboles, árboles de todas clases y en todos los lugares posibles (si no fuera por los árboles, la ciudad sería invivible y tendríamos que exiliarnos). ¿Alguien ha escuchado quejas de Parcs i Jardins? Señal que la cosa funciona. Cada vez que hay cambios en el Ayuntamiento, aguanto la respiración a ver qué pasa. Su modo de actuar debe ser tan sólido, lógico y evidente que imposibilita revertirlo. Que dure este año que empieza y por muchos más.

 

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