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06/04/2021 07:28 CEST | Actualizado 06/04/2021 07:28 CEST

Biden, Merkel, Macron… y otros comunistas del montón

Los líderes de Estados Unidos, Francia y Alemania deben de haberse convertido en peligrosos comunistas enemigos de la libertad para el ayusismo.

Getty
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, el presidente de EEUU, Joe Biden, y la canciller de Alemania, Angela Merkel.

Las encuestas, sobre todo las publicadas por los medios de la derecha, predicen una abultada victoria de Isabel Díaz Ayuso en las elecciones plebiscitarias regionales del próximo 4 de mayo, adelantadas ad hoc ante la posibilidad de que la moción de censura en Murcia fuera el inicio de una operación global de acoso y derribo que agrupara a la todo dios contra el PP: al PSOE, Más Madrid, Podemos… y a Ciudadanos también.

Pero Ciudadanos ya había advertido que esa estrategia no existía, si bien como dice el famoso refrán italiano al ayusismo la verdad real le trae sin cuidado porque “si non e vero e ben trovato”, que es lo mismo que sostenía aquella asesora de Trump con sus delirantes “realidades alternativas”.

No era una novedad en la política, naturalmente, porque la mentira siempre ha existido en este mundo de claroscuros donde se juega el poder, y a través de él otras muchas cosas como, por poner un ejemplo, las que se dirimen estas semanas en la Audiencia Nacional sobre la supuesta ‘caja B’ del PP y un montón de historias de sospechosas donaciones y aparentes cohechos y otras trapisondas nada decentes.

Sin duda el adelantamiento electoral ha sido una jugada maestra. Cuando el PP está en su peor hora; cuando su regeneración con el liderazgo de Pablo Casado está en duda; cuando hasta las gaviotas van a abandonar la sede de Génova 13, cambiando algunas cosas para que todo siga igual… se ha recurrido a la clásica cortina de humo. Muy espesa, por cierto, porque eso es fundamental para ocultar que en realidad no hay fuego. Ah, y con marchas wagnerianas.   

Lo importante en este lance a todo o nada es, como enseña la historia en casos similares, evitar el estallido incontrolado. La Comunidad de Madrid no ha sabido gestionar la pandemia cuando ya existía suficiente evidencia científica sobre los aspectos fundamentales para combatir la covid19. Desde las dudas y titubeos de los seis primeros meses, poco a poco se fueron desentrañando los misterios del coronavirus.

Tomaron carrerilla las primeras vacunas, fue formándose un amplio consenso científico, fue demostrándose en la práctica que incluso en tan trágicas circunstancias la derecha politizaba el problema como antes había politizado la lucha contra el terrorismo, cuando Aznar la dejó de considerar una “cuestión de Estado” como hasta entonces.

Los hechos a veces, como ahora, no importan. Para cocerlo y aderezarlos están las declaraciones a la prensa, que dan un titular cada día, aunque al siguiente se desmienta; pero es una regla de oro del artificio que a los desmentidos, ni agua; las redes sociales, hervidero de cuentos y paritorio de conspiraciones, los titulares del periodismo de partido, los argumentarios congelados que convierten en coloridos loros y marionetas de los gurús de apoyo a los políticos más encumbrados…

Madrid ha gestionado tan mal la pandemia que horroriza a otros Gobiernos populares que se han visto obligados a marcar distancias

Díaz Ayuso desde el principio no le ha dado importancia a las consecuencias de no darle importancia a la gestión. Madrid ha gestionado tan mal la pandemia que horroriza a otros gobiernos populares que se han visto obligados a marcar distancias. Pero la presidenta está en otra onda que no es la de los demás gobernantes que anteponen la responsabilidad a las triquiñuelas de partido. Unos, sean los de Castilla y León o los de Andalucía, hablan de vidas y UCIS y no de bares y copas. Es una seria diferencia. Un Madrid de juerga, abrazos “y tal” frente a todas las demás ciudades de España… y del mundo, que imponen restricciones cada vez más duras ante los síntomas de nuevas olas. Hoy día casi no hay diferencias entre los gobernantes, con las excepciones ya famosas, y mortíferas, como la de Bolsonaro. Trump está callado y Boris Johnson se ha alineado con el sentido común sanitario dejando atrás sus escarceos con la excentricidad posimperial.

Decía George Orwell, pero hablando del periodismo, que “si la libertad significa algo será sobre todo el derecho a decirle a la gente aquello que no quieran oír”. La he empleado mucho a lo largo de algo más de medio siglo de oficio.

Díaz Ayuso no ha mostrado interés, al menos eso me parece, por anteponer las  vidas humanas a cualquier otra circunstancia, fabricando además un falso dilema entre la economía y la salud con un motivo espurio: justificar en todo tiempo y lugar y sea cual sea la política estatal una frontal oposición al “Gobierno social comunista”.

Esto le ha permitido compartir el liderazgo del partido con Pablo Casado, para comérselo mejor, echar a córner a los demás barones que le hacen sombra — muy merecidamente, por cierto, pues los hechos demuestran que es un riesgo dejarla sola—, discutirle el espacio a VOX, con algún éxito, todo hay que decirlo… y convertirse, ya veremos como acaba todo, en una alternativa trumpista a un  Casado desconcertado para las generales y, mutatis mutandis, a Sánchez.

El grito de guerra antes de la penúltima pirueta de Pablo Iglesias (bis) fue convocar elecciones bajo la advocación de “socialismo o libertad”. Una dicotomía absolutamente falsa a estas alturas. La Tierra da una vuelta sobre su eje cada día, para disgusto de los terraplanistas y demás trastornados. Recordar la Transición, la recuperación de las libertades, y quién puso a España en el mundo en los años 80 basta a un cerebro de mediana capacidad y actividad para despejar cualquier confusión al respecto. Luego, cuando Iglesias decide abandonar la Vicepresidencia segunda del Gobierno de la nación y desembarcar en la campaña madrileña como candidato de Podemos… hubo una pequeña variación en la consigna azul: “comunismo o libertad”. Dicha así, escuetamente, sin matizaciones, tampoco tiene cabida en la Europa 2021…

Cuando el ayusismo habla de libertad la ciñe a las medidas de contención de la mortífera pandemia dictada por la evidencia científica

El problema es que cuando el ayusismo (porque solo hay que ver y oír a Isabel Díaz Ayuso para entender que tiene ayuda) habla de libertad la ciñe a las medidas de contención de la mortífera pandemia dictada por la evidencia científica (insisto), en un desgraciado seguidismo de las primeras locuras de Vox con sus caceroladas. Imponer las mascarillas, aplicar la distancia interpersonal de seguridad de dos metros, declarar el estado de alarma, imponer toques de queda nocturnos, buscar el consenso en la Comisión Interterritorial frente a la rebeldía adolescente de la madrileña… todo eso son para  ella “ataques a la libertad”.

Sin embargo, el tiempo pasa, aunque algunos y algunas se nieguen a aceptar esta circunstancia terráquea universal y eterna, por lo menos en los próximos cuatro o cinco millones de años. La Comunidad de Madrid sigue sin presentar una gestión mínimamente decente, en viviendas sociales, en concreto, que en miles siguen ilegalmente en manos de fondos buitre; en salud pública, en medios médicos (que no son lógicamente médicos partidos por la mitad); en educación, universidades y ciencia… en material ‘antinevadas’… con las perras escuchando la conversación, claro… Mientras se le desmorona el castillo de arena, o de naipes, edificado solamente sobre el coronavirus.

Y se le desmorona porque en todo el mundo, salvo algunas excepciones merecedoras por cierto de análisis psiquiátrico o para tesis doctorales explosivas, se impone un pensamiento único con mínimas variantes: Francia endurece el confinamiento y cierra los colegios. Muchos franceses van a Madrid “porque esto es una fiesta”, cuentan en televisión. El presidente Macron, como la canciller alemana Merkel, que ha advertido a algunos länder díscolos con aprobar una ley federal para meterlos en cintura; o como el italiano Mario Dragui… como… etcétera, deben de haberse convertido en peligrosos comunistas enemigos de la libertad de la noche a la mañana.

Macron, Merkel o Draghi deben de haberse convertido en peligrosos comunistas

O como Joe Biden, cuyo plan de vacunación es un modelo de eficacia y determinación tras la locura del mandato de Donald Trump; y a su vez está determinado a acabar con la falacia de Reagan de que el mejor Estado es el estado mínimo. Con ese estado florero EEUU ha perdido el liderazgo mundial. El plan para la recuperación del presidente demócrata revive un sano intervencionismo federal como motor nacional, con billones de dólares para invertir en salud, educación, ciencia e investigación, modernas infraestructuras… Y volver a poner los impuestos a las grandes compañías y fortunas que quitó su antecesor.

Aquí la gran incógnita es averiguar si los madrileños creen más en los cuentos de hadas y en las teorías de las conspiraciones que en las evidencias de la ciencia y de su propia experiencia. Hay mucho lobo con piel de cordero… de todos los colores de la peletería. Como último recurso para alejar la tara y el error les queda mirar lo que hay por ahí fuera. 

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