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15/12/2019 10:07 CET | Actualizado 15/12/2019 10:07 CET

Quién va a ser el jefe de gabinete de Pedro Sánchez

El hombre que lleve el día a día del presidente va a tener que ser un artista de las relaciones y el florete.

EFE
Pedro Sánchez e Iván Redondo.

A ver quién es capaz de lidiar con tres vicepresidentes de dos partidos distintos, con ministros con intereses encontrados y barones que se sienten en peligro.

La figura del jefe de Gabinete del futuro Gobierno PSOE-UP será clave para saber de qué va el asunto, si para cuatro años o para cuatro meses. Se busca al mítico Leo McGarry de El Ala Oeste de la Casa Blanca, aunque aquí la cosa tiene poco que ver.

“Estamos en una situación inédita, la de un jefe de gabinete en una coalición”, advierte Carlos Aragonés, quien ejerció el cargo con José María Aznar. Aragonés acaba de regresar al Congreso y es uno de los influyentes en el entorno de Pablo Casado desde que ganó las primarias. Advierte de que el futuro Ejecutivo será una coalición que, además, gobernará en minoría.

La figura del jefe de Gabinete de Pedro Sánchez será pieza clave en el futuro Gobierno. A medida que avanzan las dudas entre los ministros para saber quién se queda y quién se va, surgen otras sombras tan importantes para la configuración del futuro Ejecutivo. El nombre de la persona que lleve el día a día del presidente va a tener que ser un artista de las relaciones y el florete cuando va haber un mínimo de tres vicepresidentes y, al menos uno de ellos, apunta a que se llamará Pablo Iglesias.

“Habrá una tensión constante a punto de saltar por los aires. Hay que presentar unos Presupuestos. Si se dispara el gasto, los organismos internacionales hablarán de catástrofe. Iglesias no admitirá que su presencia no se traduzca en medidas para la gente. Los tres vicepresidentes van a hacer un castillo de su área de competencias, con el agravante de que Iglesias —que es más listo que Pedro— exigirá que su interlocutor sea el presidente”. Así de negro pinta el panorama un exjefe de gabinete reciente.

Estamos en una situación inédita, la de un jefe de gabinete en una coalición

Y es que los que han ocupado ese puesto tienen claro lo complejo que es el papel a desempeñar. José Luis Ayllón, el último que estuvo en el cargo con Rajoy, que fue también asesor en tiempos de Aznar en Moncloa, asegura que “mientras otros cargos tienen unas obligaciones más claras, el jefe de gabinete depende del modelo que tenga en mente el presidente”.

Ayllón, que no puede estar más de acuerdo con las palabras de Sánchez cuando dijo que Iglesias más que un gobierno de coalición perseguía una coalición de gobiernos, considera que, en un esquema así, es fundamental la capacidad del vicepresidente político y del jefe de Gabinete.

“En un gobierno de un único partido —añade Ayllón— ya hay bastantes polémicas e intereses diversos. Cuando los ministros del PSOE se sienten con los de Podemos habrá que coordinar mucho para que no se les vaya de las manos. Además de tener capacidad de interlocución con el propio partido para cuando un dirigente territorial no sepa si tiene que comulgar —o no quiere— con la medida de un ministro de Podemos”. Aunque el hombre del PP no los menciona, ahí están, de nuevo, los últimos días del presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, y el de Aragón, Javier Lambán.

Al propio Ayllón le precedieron otros responsables de Gabinete que jugaron con otro talante. Jorge Moragas, con un perfil más diplomático, fue el primero que salió de las sombras hasta que llegó Iván Redondo. “Hasta Redondo se llevaba el jefe de Gabinete que es consejero político en la sombra o versado en gestión de la Administración. Con Iván llega el externo contratado que no es persona de partido ni de la administración”, apunta un ex alto cargo de los tiempos en que se aplaudía la invisibilidad de la figura.

Un presidente de Gobierno necesita una pulsación más lenta, de ciclista de montaña, y mirar a lo alto en vez de a los fotógrafos

Sólo José Enrique Serrano, jefe de Gabinete con dos presidentes socialistas, y Carlos Aragonés se acercaron a la mítica e influyente figura de McGarry en El Ala Oeste, una serie con la que se llegaron a hacer chistes sobre el daño que había hecho en La Moncloa a todos los que la vieron estando en Moncloa. Fue Serrano, el más citado junto a Carlos Aragonés, quien más cultivó la imagen del jefe de Gabinete invisible. Serrano y Aragonés mantienen amistad e incluso intervienen como pareja de hecho en algunas conferencias. El primero era jefe de Gabinete cuando Zapatero —ya lo había sido de González— creó tres vicepresidencias: Elena Salgado, Teresa Fernández de la Vega y Manuel Chaves. A Chaves había que buscarle un sitio para dejar hueco a Griñán en Andalucía y se le asignó el área territorial. Esa fue la primera vez.

“La definición de lo que es una jefatura de Gabinete, de verdad, se hace en 1982 con Felipe González, aunque existía desde Suárez con Carmen Díez de Rivera —esencial en la Transición— y Alberto Aza, que despachaban directamente con el presidente. Carmen actuaba como ella y Suárez entendían, sin mediadores. Y Alberto Aza no tenía nada más que otro ayudante y dos secretarias. Cuando llega Alfonso Guerra, se define el gabinete que tiene el mismo marco normativo de hoy. González solo tenía un vicepresidente, Alfonso Guerra, y Roberto Dorado —el jefe de Gabinete— despachaba con Guerra”, explica Serrano.

Todos los ex jefes de Gabinete consultados coinciden en señalar que esa figura es lo que el presidente quiere. Y en la actualidad, el perfil del futuro personaje que defina Sánchez estará condicionado a si se piensa en un Gobierno duradero o en elecciones. No es lo mismo gestionar el medio plazo que el corto. “Un presidente de Gobierno necesita una pulsación más lenta, de ciclista de montaña, y mirar a lo alto en vez de a los fotógrafos. Sobre todo en la jornada diaria del gobernante, bajo la especulación informativa y la ultrapersonalización del mensaje”, especifica Carlos Aragonés. En sus tiempos, era regla de oro tener la virtud de ser comedido y no sobresalir nunca más de lo necesario.

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Sánchez e Iglesias sellan su preacuerdo con un abrazo.

Esa parte narcisista del brillo de las candilejas que atrae a Iván Redondo, es la que menos gusta tanto en el PSOE como en el Gobierno en funciones. Cómo se gestionó el abrazo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, con las urnas aún calientes como dicen algunos, dejó helados hasta a una parte esencial del numeroso equipo que hay ahora en La Moncloa. “La política tiene que ser algo más que un jefe de Gabinete trate de salvar el pellejo después de haberse equivocado empujando al presidente a convocar nuevas elecciones, provocando la foto del abrazo en 48 horas. ¿En qué lugar quedan los cinco meses de negociaciones? Cómo no va a pensar la ciudadanía que es una tomadura de pelo”, señala una fuente del Gobierno.

Sin embargo, Pedro Sánchez continúa sin dar un paso sin Redondo y, aunque muchos consideran que su papel como profesional de la comunicación ya no se precisa en la nueva andadura, otros creen que seguirá al lado del presidente con un perfil más político del que ha tenido hasta ahora. Como mediador ante los conflictos que van a surgir. No en vano está su buena relación con Pablo Iglesias, conocida hace tiempo, antes de que Redondo llegara al lado de Sánchez. Tampoco han caído en saco roto las elogiosas palabras de Pablo Gentili, el ex jefe de Gabinete de Iglesias que acaba de marcharse a Argentina para entrar en el Gobierno de Alberto Fernández.

Sea quien sea el hombre elegido por Sánchez —si al final forma gobierno con Podemos— habrá una forma de conocer el verdadero poder del futuro elegido. Una de las competencias más deseadas es la de la comisión de secretarios de Estado, que se celebra religiosamente todos los miércoles y en la que se marca la agenda y los asuntos del Consejo de Ministros de los viernes. Aquí se evidencia el poder. Habrá que ver en manos de quién queda en el nuevo Gobierno. Hasta ahora estaba en las de Carmen Calvo, aunque el carácter de la legislatura era más electoralista que político. El obligado cambio de rumbo, con ambición de que la legislatura dure lo máximo posible dadas las circunstancias, hará mucho más golosa la presidencia de esta comisión.

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