INTERNACIONAL
01/08/2019 10:00 CEST

Bolsonaro reabre las heridas de Brasil al cuestionar los crímenes de la dictadura

De un “presidente que flirtea con el autoritarismo", como dicen los analistas, es lo que se puede esperar...

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, volvió a abrir heridas de la dictadura después de que minimizara desapariciones y muertes perpetradas por agentes del Estado durante el régimen militar del país (1964-1985), periodo en el que se torturó a más de 20.000 personas y asesinó otras 434.

Desde que el pasado lunes Bolsonaro ironizase sobre el paradero de Fernando Augusto de Santa Cruz Oliveira, un activista contra la dictadura militar (1964-1985) cuyo cadáver sigue desaparecido, el dirigente ha sido blanco de una oleada de críticas.

El presidente igualmente deslegitimó los trabajos llevados a cabo por la Comisión de la Verdad, instaurada para investigar los crímenes perpetrados durante el régimen militar, y calificó los documentos oficiales sobre la ejecución de militantes en ese periodo de “mentiras”.

“Esa suerte de declaraciones reabre muchas heridas en la sociedad brasileña porque se trata de un jefe de Estado que actúa completamente fuera de lo que se espera de un presidente”, expresó a Efe Felipe Santa Cruz, hijo del blanco de los ataques de Bolsonaro y actual dirigente de la Orden de los Abogados de Brasil (OAB).

El dirigente de la OAB consideró que la postura de Bolsonaro es un “paso atrás” en la batalla por el reconocimiento y reparación de los crímenes cometidos durante la dictadura y alertó de los riesgos que suponen a la democracia un “presidente que flirtea con el autoritarismo”.

”Él tiene una agenda que es autoritaria en las costumbres que claramente está flirteando con el autoritarismo y una ruptura democrática”, analizó. Por eso, Santa Cruz presentó este miércoles ante la Suprema Corte un pedido formal para que Bolsonaro preste esclarecimientos.

Incluso la propia Fiscalía brasileña reprobó al mandatario tanto por “la fricción con el decoro ético y moral” como por “sus implicaciones jurídicas”, y le urgió a compartir cualquier información que tenga sobre desapariciones forzosas o paradero de víctimas.

Bolsonaro, un antiguo capitán en la reserva, tiene un controvertido historial. Defendió a uno de los mayores torturadores del periodo y atacó a varias víctimas del golpe de Estado de 1964. En el juicio político que despojó a Dilma Rousseff del poder en 2016, el entonces diputado dedicó su voto a Carlos Alberto Brilhante Ustra, uno de los jefes del aparato represivo de la dictadura y a quien calificó como el “pavor de Dilma Rousseff”, quien fue torturada por el coronel.

Asimismo, durante su campaña presidencial para los comicios del pasado octubre, Bolsonaro minimizó el asesinato del periodista Vladimir Herzog, ocurrido en 1975 y reconocido por el propio Estado brasileño años más tarde sin efectos judiciales.

“La gente practica suicidio”, dijo, en alusión a un respaldo a la versión oficial presentada por las autoridades militares a la época.

Para el hijo del periodista, Ivo Herzog, Bolsonaro ha puesto “el dedo en las llagas” al revivir “dolorosas memorias” de muchas familias que tuvieron “parientes que han muerto de manera cínica y vil”. “No me sorprende. Bolsonaro siempre ha sido una persona cruel, fría y mala, que niega la historia del país”, recalcó en declaraciones a Efe.

Una afrenta

Para las ONG las declaraciones de Bolsonaro son una afrenta: “El derecho a la memoria, justicia, verdad y reparación a las víctimas, supervivientes y sus familias debe ser defendido y promovido por el Estado Brasileño y sus representantes”, instó en una nota la directora de Amnistía Internacional en Brasil, Jurema Werneck.

Por su parte, el director de Human Rights Watch (HWR) en América Latina, José Miguel Vivanco, destacó que las declaraciones de Bolsonaro son “irresponsables, crueles y merecen absoluto repudio”. 

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