POLÍTICA
23/02/2021 07:03 CET

José Bono: "Tuve miedo a perder la vida el 23-F"

El expresidente del Congreso recuerda cómo vivió en el Hemiciclo esa jornada: "Aquellos 37 impactos son 37 reliquias de la sinrazón".

Carlos Pina
José Bono

“Pensé en mi mujer, que estaba embarazada de mi hija Amelia. ¿La llegaría a conocer?”. José Bono recuerda aquellas interminables horas en el Hemiciclo en el Congreso durante el intento de golpe de estado del 23-F. Se cumplen cuarenta años ahora. Siempre en su memoria: “Los disparos de los golpistas dejaron su huella en el techo y en el recuerdo de los españoles”.

“Aquellos 37 impactos son 37 reliquias de la sinrazón”, asevera el exministro de Defensa y expresidente del Congreso de los Diputados. Tuvo miedo a perder la vida y también, subraya, a lo “irracional y a lo inesperado”. Y saca lecciones de aquel día tan triste: “Todos aprendimos algo. Los políticos de aquella hornada aprendimos a llevarnos mejor, a no descalificar siempre, a valorar alguna vez al adversario”.

Se para en la figura del rey emérito y su papel en esas trascendentales horas: “Se puso de parte de su pueblo y eso es evidente”. Un episodio del pasado, pero que hay que recordar para el futuro: “El miedo a los golpes militares ya no forma parte del paisaje democrático español. Nuestros peligros proceden ahora del populismo y de los secesionistas”.

¿Cómo recuerda aquel día? ¿Qué sensaciones tenía dentro del Hemiciclo?

Son recuerdos para toda una vida. Viví en primera persona acontecimientos que tuvieron en vilo a toda España. Pensé en mi  mujer, que estaba embarazada de mi hija Amelia, ¿la llegaría a conocer? También sufrí pensando en mi padre, sin tener noticias mías, allí en el pueblo, viudo, solo…Una noche triste y a la vez imposible de olvidar. Sentí rabia e indignación: otra vez al pozo de la historia en ese macabro juego de la oca al que nos querían someter.

Una noche triste y a la vez imposible de olvidar

¿Temió por su vida? 

Si, también tuve miedo. Miedo a perder la vida. Miedo a lo irracional, a lo inesperado. Le vi la cara a un miedo que aquella tarde se vistió con tricornio y empuñando una pistola como entendederas.

¿Cuál es la imagen que se le quedó grabada para siempre?

Los disparos de los golpistas dejaron su huella en el techo del hemiciclo y el recuerdo de los españoles. Aquellos 37 impactos son 37 reliquias de la sinrazón. Por ello, cuando se trató si debían eliminarse, me opuse en 1981 cuando era el último de la fila, el secretario cuarto del Congreso, y cuando años más tarde fui presidente de la Cámara.

EFE
23-F

¿Qué grandes lecciones se deben aprender del 23-F?

Todos aprendimos algo. Los políticos de aquella hornada aprendimos a llevarnos mejor, a no descalificar siempre, a valorar alguna vez al adversario.  El ejemplo más evidente fue Adolfo Suarez, al que la prensa, sus adversarios y sus correligionarios habíamos descalificado.

 Pues bien, ’el tahúr del Mississippi’, como le llamó Guerra, esa noche no se echó al suelo, defendió con valentía su honor como presidente del Gobierno y quizá por ello llegó a concitar la adhesión emocional de la inmensa mayoría de los españoles. Desde luego, la mía y la de muchos socialistas

El rey Juan Carlos se puso de parte de la ley y de los españoles

¿Cómo valora el papel del rey Juan Carlos cuarenta años después?

El rey, tras el asalto al Congreso, se puso de parte de su pueblo y eso es evidente. Si hubiese dudado o se hubiese mostrado tibio, estoy seguro de que los militares en altísimo porcentaje hubieran seguido a los golpistas. Juan Carlos, al contrario que habían hecho sus antepasados, se puso de parte de la ley y de los españoles. Alfonso XIII apoyó, cometiendo perjurio constitucional, a su dictador de cabecera Primo de Rivera y Don Juan de Borbón se ofreció a Franco para luchar contra la República en plena guerra civil.

Viendo lo que ha pasado en el Capitolio de Estados Unidos, ¿podría pasar otro 23-F en España? ¿Se nos ha olvidado proteger a las democracias?

En España también hay locos. Trump no es un ejemplar exclusivo de la geografía norteamericana, pero por el momento el poder en España de los enemigos de la Constitución y de la democracia parlamentaria es muy reducido.

Aquí hicimos bien los deberes durante la Transición para que el sometimiento a la Constitución no admitiera excepciones. Los gobiernos de Felipe Gonzalez, singularmente, supieron acabar con el ruido de sables en los cuarteles. El miedo a los golpes militares ya no forma parte del paisaje democrático español. Nuestros peligros proceden ahora del populismo y de los secesionistas, pero ni unos ni otros deben olvidar que saltarse la ley tiene consecuencias y que poner en peligro la convivencia y la igualdad de oportunidades que la Constitución garantiza a todos los españoles no les saldrá gratis a quienes lo intenten.

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