Boric desliza un posible cambio de gabinete, mientras las calles de Chile festejan el "rechazo"

"Hacer frente a estos importantes y urgentes desafíos requerirá prontos ajustes en nuestros equipos de Gobierno para enfrentar este nuevo período con renovados bríos".
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El presidente chileno, Gabriel Boric, dejó entrever esta madrugada que emprenderá una remodelación de su gabinete en los próximos días tras el contundente triunfo del “rechazo” en el plebiscito constituyente.

“Hacer frente a estos importantes y urgentes desafíos requerirá prontos ajustes en nuestros equipos de Gobierno para enfrentar este nuevo período con renovados bríos”, dijo en cadena nacional al poco de conocerse el resultado.

La posibilidad de un cambio en el Gobierno planeaba desde hace unas semanas ante los pronósticos de las encuestas, que desde hacía meses vaticinaban una victoria del “rechazo”, y por los errores cometidos por algunos de sus ministros.

Pese a debutar con más de un 50 % de aprobación, el Gabinete de Boric empezó a tener algunos tropiezos los primeros días, especialmente su ministra del Interior, la médico Izkia Siches. El propio Boric aseguró durante un consejo de gabinete al cumplirse un mes de su toma de posesión en abril que habían “despegado con turbulencias”.

Siches, la primera mujer en ocupar la poderosa cartera de Interior, fue uno de los grandes activos de Boric durante la campaña, pero para muchos expertos se ha terminando convirtiendo en uno de sus grandes lastres, sobre todo tras su accidentado viaje a la sureña Araucanía y luego de que acusara a la Administración anterior de deportaciones irregulares, unas declaraciones por las que luego pidió disculpas.

El ministro de la Secretaría General de la Presidencia (Segpres) y mano derecha de Boric, Giorgio Jackson, es otro de los nombres que ha recibido críticas por su gestión de la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo por parte de la oposición y del sector moderado del oficialismo.

Otro foco fue el agravamiento del “conflicto mapuche” y la escalada de violencia en la zona, que es uno de los temas más complejos con el que tiene que lidiar Boric y la semana pasada se cobró la primera baja en su gabinete.

La ya exministra de Desarrollo Social Jeannette Vega presentó su renuncia un día después del arresto de Héctor Llaitul luego de que se filtrase que una de sus asesoras contactó con el líder mapuche en mayo.

Celebración en las calles

En paralelo a las palabras del dirigente, miles de chilenos con banderas nacionales salieron a las calles de la capital y otras ciudades del país para celebrar el aplastante triunfo del no. ”¡Chile es, y será, un país es libertad!”, fue una de las consignas más repetidas esta noche en los barrios más acomodados de Santiago de Chile, donde jóvenes, ancianos y niños tomaron plazas y carreteras, a bordo de vehículos, entre gritos de júbilo, oraciones, fuegos de artificio y descorche de botellas.

Desde un exclusivo hotel en el corazón de la comuna de Providencia, uno de los municipios con más recursos de todo el país, el comando del “Rechazo” recibió en pantalla gigante los contundentes resultados del Servicio Electoral (SERVEL), desatando la alegría pero también la sorpresa en el lugar, por la holgura de la victoria.

Como en otros países de Latinoamérica, el llamado “voto evangélico” ha protagonizado una arremetida política considerable en las últimas elecciones chilenas, y el cierre de esta fase en el proceso constituyente no fue una excepción.

En medio de las celebraciones del comando, Elena Ossadón, una de las coordinadoras de una organización evangélica, festejó con un corazón de papel en mano y una bandera chilena al grito de “estamos felices porque hemos informado a los cristianos del por qué rechazar esta Constitución”.

“Gracias a todas las oraciones de todos los cristianos vemos la respuesta de Dios sobre el favor de Chile. Esta propuesta venía a levantar la muerte, nosotros estamos contra el aborto y la eutanasia”, agregó Elena en medio de la fiesta del “rechazo”.

“Ni de derecha ni de izquierda”

Entre las bocinas, la caravana de automóviles y motocicletas que desfilaron fuera del hotel capitalino pasadas las ocho de la tarde, cuando la tendencia ya había cristalizado en un resultado irreversible, se coló el himno nacional entonado fuerte por los activistas del “rechazo”.

“Es un resultado transversal en todo Chile. El país habló. Hoy nos tenemos que reorganizar y ver con las organizaciones civiles cuál es el mejor proceso. Nos interesa llegar a acuerdos amplios, ni de derecha ni de izquierda, sino que represente a todos”, dije a Efe Jaime Eyzaguirre, de 44 años, líder del espacio “LDCxChile”, un grupo que de derechas hace trabajos de comunicación.

En el comando del “rechazo” se personaron además exfuncionarios de la administración de Sebastián Piñera (2018-2022), entre ellas la exsubsecretaria de Salud Pública, Paul Daza, y su exvocera de Gobierno, Karla Rubilar.

“Tenemos que recoger el mandato ciudadano y ponernos de acuerdo. La gente quiere unidad, cambios, paz y seguridad. Mañana tenemos una segunda oportunidad para hacer las cosas bien porque llega un nuevo proceso constituyente, pero tenemos que llegar a una nueva Constitución que nos represente a todos y a todas”, afirmó Rubilar.

Cambio, pero otro

Con este resultado, se mantiene la ley fundamental actual, escrita durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) y reformada parcialmente durante el Gobierno de Ricardo Lagos (2000-2006).

Solo el 38,1 % -un porcentaje muy inferior al que pronosticaban las encuestas- apostó por aceptar la nueva Carta Magna, que consagraba un nuevo abanico de derechos sociales en un país con la mayoría de sus servicios básicos privatizados, incluidos los derechos de agua.

En Plaza Italia, lugar simbólico de la capital que fue el epicentro de las protestas de 2019, empezaron a llegar los primeros grupos de simpatizantes de la opción perdedora, pero el espacio fue copado temprano con presencia policial que cercó el emblemático sitio.

Las principales calles y plazas también se llenaron en ciudades como Concepción y Temuco, en el sur del país.

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