INTERNACIONAL
22/06/2019 11:54 CEST

Boris Johnson, el histriónico ambicioso aupado en el Brexit para tocar poder

En su mano lo tiene todo: la llave para triunfar y para hundirse. Una popularidad insólita, una enorme capacidad de influencia y, también, una lengua muy larga.

POOL New / Reuters
Boris Johnson, hace dos años, cuando aún ejercía como ministro de Exteriores de Reino Unido. 

Es popular, influyente, tan decisivo como divisivo, carismático, contradictorio, mezcla de bufón y campechano y, sobre todo, tremendamente ambicioso. Boris Johnson, el favorito para suceder a Theresa May al frente del Partido Conservador y del gobierno del Reino Unido, tiene en su mano la llave de su posible triunfo y, también, la clave de lo que sería su sorprendente derrota: todo lo por venir depende de sí mismo, de sus apuestas, pasiones y meteduras de pata. Si se contiene, Jeremy Hunt, su oponente, el otro candidato que debe conquistar los votos de los 160.000 militantes tories, no será rival. 

Alexander Boris de Pfeffel Johnson, de 55 años, es un niño bien que ha ido de díscolo por la vida, periodista, historiador y finalmente político que aspira a lo más alto, a premier, tras haber ocupado dos de los más altos cargos en su país: el de alcalde de Londres (2008-2016) y el de ministro de Exteriores (2016-2018). El asalto lo plantea a lomos del Brexit, del que ha sido uno de sus máximos defensores, junto a Nigel Farage. Quiere irse de Europa, quiere incluso hacerlo sin acuerdo si no arranca a Bruselas las concesiones que cree necesarias y se niega hasta a pagar la factura que pasa el club comunitario. Lo tuvo claro desde el principio y su carisma sumó no pocos votos en el referéndum que dijo sí al divorcio, en 2016. Un brexiteer de libro. 

Hijo de Stanley Johnson, diputado conservador, funcionario del Banco Mundial y las instituciones europeas, y de la pintora Charlotte Johnson Wall, BoJo, como se le conoce popularmente, nació en Nueva York, aunque poco después su familia regresó a Reino Unido. De pequeño iba por ahí diciendo que quería ser “el rey del mundo”. Hizo la secundaria en el elitista Eton y luego la carrera de Estudios Clásicos en la Universidad de Oxford. Ya entonces se hizo conocido en el campus por las fiestas (y destrozos) de su sociedad de estudiantes. 

Comenzó su carrera como periodista a lo grande, en The Times, pero apenas duró un año. Lo echaron por inventarse una cita. Era el año 1987. Luego lo contrató el Daily Telegraph, que lo mandó a Bruselas de corresponsal. Ya estaba familiarizado con la capital belga, de los tiempos en los que acompañaba a su padre. Dicen que nunca le gustó el entramado comunitario y que ya entonces mandaba crónicas en las que ridiculizaba las regulaciones que iba imponiendo la UE. No inventaba, exageraba, pero siempre contra Europa, dicen sus colegas de AFP. Lo llamaban “el periodista favorito de Margaret Thatcher”. Aguantó hasta 1994. 

A su vuelta al Reino Unido, dedicó su tiempo a escribir ensayos y colaborar con diferentes medios. Entró en política en 2001, obviamente con los conservadores, cuando ganó un puesto como diputado por Henley-On-Thames, uno de los territorios más derechosos del país. Empezó a ascender, a ocupar puestos intermedios, llevando cuestiones educativas en el Parlamento y luego en el Gobierno de David Cameron -compañero de club en Oxford-, conquistando al personal. Ya entonces su pelo casi blanco era ingobernable y acudía a la Cámara en esa bicicleta que hoy sigue empleando, aunque con escolta.

Eddie Keogh / Reuters
Boris Johnson, en febrero de 2015, presentando una carrera ciclista en Londres. Las bicicletas son su pasión. 

En mitad de una crisis enorme y necesitando renovación, los tories se la jugaron ofreciéndole en 2007un caramelo irrechazable: la candidatura a la Alcaldía de Londres. No sólo ganó, sino que revalidó el cargo a los cuatro años, con una enorme aceptación popular y el mérito, muy aplaudido, de haber conducido con éxito los Juegos Olímpicos de 2012

Cuatro años más tarde, la consulta popular convocada por Cameron para ver si sus conciudadanos querían o no Brexit acababa en sí, en “queremos divorcio”, y el mandatario dejó el 10 de Downing Street. Johnson se veía de primer ministro, quería entrar en la carrera por suceder a su amigo, pero no tenía aún todas las cartas necesarias. Hubo pesos pesados que se opusieron y le boicotearon. “No tiene las cualidades necesarias para liderar la tarea que se nos avecina”, dijo Michael Gove, ahora ministro de Medio Ambiente con May. Gove se ha quedado ahora tercero en las votaciones para relevar a la premier. Las vueltas que da la vida... 

Boris no se quedó, pese al frenazo, chupando rueda, sino que aceptó ser ministro de Exteriores con May. Dimitió del cargo a los dos años, por culpa del Brexit. Su primera ministra le parecía una blanda y estaba cansado de pelear contra una UE a la que detestaba. Es uno de sus rasgos más definidos: no le gusta la Unión y no se cansa de decirlo. Como afina la Agencia EFE, es un tory típico, “partidario del estado pequeño” y de la “mínima intervención estatal”. 

En su renuncia avisó de que el Reino Unido corría el riesgo de convertirse en “una colonia” si aceptaba las exigencias de Bruselas y acusó a los leales a May de “decir una cosa en Bruselas y otra al electorado”. Un portazo cuyo eco resuena en su nuevo intento de ser primer ministro. Ahora él comandará la operación salida de la UE y, por ahora, sólo se sabe que quiere irse el 31 de octubre, en el plazo ampliado que ha dado Bruselas -en un primer momento era el 29 de marzo-, y que lo hará por las buenas o por las malas, con o sin acuerdo. No obstante, en los debates televisivos de estos días ha intentado eludir esa fecha. Queda mucho por aclarar.  

“No creo que tenga una opinión muy clara sobre el Brexit, pero tiene una opinión muy clara sobre sí mismo. Lo único en lo que Boris Johnson cree es en Boris Johnson”, ha dicho a AFP el exdirector general de la Organización Mundial del Comercio (OMC) Pascal Lamy, que conoce a la familia Johnson desde que Boris era un muchacho que estudiaba en la Escuela Europea de Bruselas. “Una vez que llegue (al poder), querrá quedarse. Creo que el Brexit será algo secundario a su estrategia para seguir siendo primer ministro”, agrega. 

Machista, racista, obsceno... De todo le han dicho

Su tiempo como ministro fue de enormes patinazos diplomáticos -más deliberados que despistados- que causaron un enorme revuelo doméstico. Lo mismo escribía poemas sobre el turco Recep Tayyip Erdogan sodomizando a una cabra que decía que el ruso Vladimir Putin se parecía al Dobby de Harry Potter, “un tirano despiadado y manipulador”, así, con su acento de las clases altas del Reino Unido. A la UE la comparó con Hitler y Napoleón. Y de África, “ese país” (sic), señaló que el problema que arrastra no es del colonialismo pasado, sino de que “ya no estamos nosotros a cargo”. 

Si con eso se ganó críticas de negrero y racista -como cuando también dijo que una mujer con burka era como un buzón de correos-, las de machista vinieron a cuento de la norteamericana Hillary Clinton, a la que comparó con “la enfermera sádica de un hospital mental”; manifestó que le gustaría que llegara a la Casa Blanca para que regresara su esposo, Bill, y eso que se ha declarado seguidor y admirador de Donald Trump. ¿Qué razón tenían entonces sus palabras? “Si puede lidiar con Hillary, seguro que puede lidiar con cualquier crisis mundial”, dijo. De machista para arriba lo pusieron en las redes sociales. 

También dijo que era un “despilfarro” gastar cantidades “tremendas” en investigar casos de abusos sexuales a menores cometidos hace mucho tiempo, que mejor dejarlos estar. Nunca ha rectificado. 

 

 

David M. Benett via Getty Images
Stanley Johnson y sus hijos Rachel, Boris Johnson y Jo, en Londres en 2014, en la presentación de un libro del aspirante a primer ministro. 

Otra saga familiar a la que seguir

Los Johnson no son los la familia real, pero conforman una saga importante en el Reino Unido. Boris no es el único famoso ni excéntrico ni de un clan que tiene hasta el punto exótico de un bisabuelo procedente del Imperio Otomano. Al padre político y la madre pintora se suman unos hermanos inclinados al periodismo y que políticamente le llevan la contraria, por más que lo adoren. 

Stanley, el progenitor, apuesta por quedarse en Europa, pero a la vez se deja ver en actos de campaña de su vástago -la sangre tira-, entre aparición televisiva y aparición televisiva. Ha participado hasta en realities. La misma línea defiende su hermano Jo, antiguo periodista económico y diputado, y su hermana Rachel, que ha intentado salir de europarlamentaria en el 26-M por Gibraltar, en un partido antiBrexit, conocida presentadora y tertuliana. Leo, el tercero, tiene un programa en BBC radio sobre la felicidad y de política no habla. Pasa. Todos los Johnson, en lo físico, se parecen como gotas de agua. 

El candidato a liderar Reino Unido se casó dos veces y se convirtió en padre de cuatro hijos con su segunda esposa, una consejera de la reina Isabel II llamada Marina Wheeler. Tras años de infidelidades, incluso de demandas por paternidad en relaciones extramatrimoniales, se separaron el año pasado después de que trascendiera que Johnson tenía una relación con una empleada del Partido Conservador, 24 años menor. Hoy sigue junto a ella, Carrie Sydmons, la mujer que, dicen los tabloides, le está haciendo morderse la lengua (un poco), perder peso y pasar el estrés de la pelea con yoga en vez de con alcohol. El que puede ser el hombre más poderoso del planeta es para ella su “osito borrachín”

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