INTERNACIONAL
23/05/2020 09:10 CEST

Ni Italia ni España: Brasil es ahora el epicentro de la pandemia

El negacionismo (y la incompetencia) de su presidente, el ultraderechista Jair Bolsonaro, ha dado lugar a un previsible aumento de los contagios.

ANDRE COELHO VIA GETTY IMAGES
Varias personas lloran durante un entierro en un cementerio el 19 de mayo de 2020, en Manaus, Brasil.

La epidemia de coronavirus en Brasil alcanzó este martes niveles catastróficos cuando el país registró 1.179 muertes por COVID-19, un récord diario para una nación que cuenta con más de 270.000 casos detectados.

El pasado fin de semana, Brasil adelantó a Italia y a España en la lista de países con más casos de coronavirus, y el lunes superó los datos de Reino Unido. Actualmente, solo Rusia y los Estados Unidos tienen más (aunque los investigadores sostienen que las cifras de Brasil pueden ser mucho mayores, debido a escasez de pruebas en el país).

Hay muchos factores que determinan la dirección que toma la epidemia en un país, pero un rasgo que comparten las tres (o cuatro) naciones que copan el ranking es que sus líderes de derechas han restado importancia a la severidad de esta crisis y dado alas a extravagantes teorías de la conspiración, con lo que el brote epidémico en su país se ha vuelto peor de lo que debería.  

En Brasil, la laxa respuesta del presidente Jair Bolsonaro ante el coronavirus ha hecho trágicamente inevitable que el país se convierta en el epicentro de la emergencia. 

“Todo el mundo que ha seguido el caso de Brasil, que ha ido viendo cómo crecían las cifras día tras día, semana tras semana, sabía que el país iba directo a esta situación”, señala Anya Prusa, asociada del Instituto Woodrow Wilson de Brasil en Washington (EEUU). “No es una sorpresa, pero sí una verdadera tragedia humanitaria”.

Todo esto es un desastre, pero no tenía por qué ser un desastre de semejante tamaño

Las profundas desigualdades sociales en una población ya vulnerable a enfermedades infecciosas suponían que Brasil necesitaba una respuesta agresiva si quería limitar la expansión del virus. En cambio, Bolsonaro tachó la pandemia de conspiración mediática y a la enfermedad de “pequeña gripe”, chocó con los gobernadores y los funcionarios de las regiones por las medidas de distanciamiento social, destituyó a un ministro de Salud y a otro lo llevó a dimitir… en pocas palabras, dejó a los brasileños solos ante el peligro, especialmente a los más pobres y vulnerables. 

“Brasil llegó a esta epidemia con un buen número de retos pendientes, que se han visto exacerbados por la respuesta del Gobierno”, explica Prusa. “Todo esto es un desastre, pero no tenía por qué ser un desastre de semejante tamaño”.

ANDRESSA ANHOLETE VIA GETTY IMAGES
Jair Bolsonaro

El desastre probablemente sólo empeorará en las próximas semanas, ya que Bolsonaro sigue restando importancia a la pandemia. El sistema de salud pública de Brasil está llegando a su límite. Las poblaciones indígenas han advertido de que la lenta respuesta del Gobierno les ha puesto más en peligro. Los brotes en algunas de las comunidades más pobres de Brasil se han abordado con violentas y mortales redadas por parte de la Policía en lugar de con una fuerte respuesta sanitaria.

En el momento en que Brasil se acerca al punto álgido de la epidemia, el país no tiene ministro de Salud, ya que el oncólogo que ocupaba el cargo hasta ahora dejó el puesto el pasado 15 de mayo, sólo 28 días después de tomar posesión, y tras negarse a apoyar los esfuerzos de Bolsonaro por fomentar el uso de hidroxicloroquina, un fármaco contra la malaria cuyos efectos contra el coronavirus no están demostrados.

Las predicciones más sombrías sobre el rumbo de Brasil en esta pandemia se han cumplido, incluida la que hizo el anterior ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, que ya avisó de que el virus podría inundar rápidamente los hospitales y el sistema de salud pública.

Las fotos de los entierros masivos en la región de la Amazonía se han difundido por todo el mundo, y el virus ha colapsado la sanidad de los estados más pobres. El lunes pasado, el alcalde de São Paulo, Bruno Covas, advirtió de que los hospitales públicos de esta ciudad ―la más grande y rica de Brasil― podrían llegar al máximo de su capacidad a finales de mayo

Joenia Wapichana, la primera mujer indígena electa para el Congreso, contó en abril a la edición estadounidense del HuffPost que el virus podría expandirse rápidamente por las tierras indígenas. Pero, pese a estas advertencias, las agencias gubernamentales tardaron demasiado en ayudar a los grupos indígenas o en proteger sus tierras, según informó The Associated Press esta semana.

Las redadas ilegales de mineros y taladores y el interés de las empresas agrarias han aumentado, pese a la regulación estatal de evitar las tierras indígenas. La pandemia y el rechazo de Bolsonaro al cumplimiento de las normas han conspirado para limitar la vigilancia de las agencias medioambientales.

Al menos 38 tribus indígenas han tenido algún caso confirmado de coronavirus, según la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB), la mayor organización tribal del país. El virus ha acabado con la vida de 89 indígenas brasileños de la región amazónica, según ha confirmado esta asociación, que asegura que el número real de infectados y fallecidos es mucho mayor del documentado de forma oficial. 

Los líderes indígenas también han manifestado su preocupación por que la pandemia alcance pronto a los grupos más aislados de Brasil ―aquellos que no tienen ningún contacto conocido con comunidades externas― después de que un miembro de los Awá Guajá atacara a un cazador de otra tribu la semana pasada, según informan los Guardianes de los Bosques, una asociación de líderes tribales que protegen la selva amazónica de incursiones ilegales. El ataque se produjo probablemente a consecuencia de la creciente amenaza que sienten los Awá Guajá por parte de invasores externos, lo que por error les llevó a atacar a un miembro de una tribu pacífica. Así lo han explicado los Guardianes de los Bosques en un comunicado difundido por la organización sin ánimo de lucro Survival International.

“Si no ponen fin a las invasiones de nuestro territorio, la tribu aislada de los Awá Guajá morirá”, advierte el comunicado. “Una vez más, avisamos al Gobierno de Brasil y a la comunidad internacional de que los Awá Guajá están sufriendo un genocidio”.

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Dos ambulancias de un seguro sanitario privado asisten a la llamada de los residentes de Paraisópolis, una de las mayores favelas de Sao Paulo, el 29 de marzo de 2020.

Los otros potenciales focos en Brasil son sus densos núcleos de pobreza: las favelas de ciudades como Río de Janeiro y los barrios de la periferia de São Paulo y otras regiones metropolitanas. Llevan mucho tiempo sufriendo el abandono y el estigma del Gobierno y muchas de estas comunidades ni siquiera tienen acceso a una higiene y sanidad básicas, lo que, sumado al hacinamiento en sus pequeñas viviendas, les convierte en más vulnerables ante los brotes de enfermedades infecciosas.

Pero los habitantes de las favelas apenas han recibido ayuda del Gobierno mientras la pandemia no hacía sino agravarse. 

“La palabra favela no ha salido de la boca de ningún miembro del Gobierno”, denunciaba Gilson Rodrigues, un líder de las favelas de São Paulo, en un directo que hizo en marzo por Facebook, según el medio Americas Quarterly. “Tenemos que organizarnos y protegernos nosotros mismos”. 

Habitantes de favelas de todas partes de Brasil se han organizado para fabricar su propio desinfectante de manos, controlar la salud de sus miembros y crear aplicaciones de noticias para combatir la creciente desinformación sobre el coronavirus. 

La palabra favela no ha salido de la boca de ningún miembro del Gobierno. Tenemos que organizarnos y protegernos nosotros mismos

La respuesta de Gobierno, al menos en algunas partes del país, ha consistido en intensificar su letal guerra contra la droga.

En Río de Janeiro, donde el gobernador Wilson Witzel, al igual que Bolsonaro, promueve duras medidas de seguridad pública, la Policía no ha dejado de organizar redadas en barrios de favelas para acabar con los narcotraficantes que operan en su interior. La Policía de Río de Janeiro, que se encuentra entre las fuerzas policiales más letales del mundo y a menudo recurre a la fuerza extrajudicial, ha acabado esta semana con la vida de al menos 10 personas en una sola operación, según activistas locales. En una operación realizada este martes, abatieron a tiros a un niño de 14 años. 

“El mundo necesita saber qué está pasando en Río de Janeiro. El estado de Río de Janeiro, gobernado por Witzel, está aprovechando el aislamiento de la pandemia para realizar acciones policiales violentas”, denunció el martes en Twitter el activista Raull Santiago, del Complexo do Alemão. “La OMS dice que para vencer al coronavirus debemos llevar a cabo un aislamiento social, pero la Policía no ha dejado de realizar operaciones violentas en los barrios marginales y poniéndonos en peligro de sufrir una muerte violenta”. 

Estas operaciones han exacerbado el enfado y el miedo de multitud de residentes, que se oponen a la forma de proceder de una Policía que el año pasado mató, de media, a casi cinco personas cada día.

“En Brasil, la pandemia ha provocado muertes, sed, hambre y dificultades extremas”, dice Santiago en un tuit posterior. “Nuestros líderes siguen incentivando las acciones violentas de la Policía. Se están violando muchos derechos humanos”. 

Bolsonaro ha forzado a los estados y ciudades del país a abandonar las medidas de aislamiento social y a reabrir negocios para reactivar la economía, básicamente porque la pandemia ha provocado que muchos brasileños se enfrenten a serios problemas de abastecimiento de comida y no les quede otra opción que seguir trabajando.

Si no logra contener el brote del virus, da igual qué medidas económicas ponga en marcha

Sin embargo, si Brasil no contiene la epidemia, poco efecto van a tener sus medidas para incentivar el crecimiento económico. “Si no logra contener el brote del virus, da igual qué medidas económicas ponga en marcha”, advierte Prusa. 

Líderes de países vecinos como Argentina y Paraguay han manifestado abiertamente su preocupación por cómo afectará a sus países la negativa de Bolsonaro a actuar, ya que ellos sí que han puesto en marcha medidas agresivas para frenar el brote. Por otra parte, la tasa de deforestación de la selva amazónica ha seguido sufriendo un enorme aumento durante la pandemia, lo que ha sembrado el miedo de que Brasil sufra una temporada de incendios incluso peor que la de 2019, cuando los fuegos descontrolados y las políticas de Bolsonaro de destrucción del medio ambiente lo convirtieron casi en un proscrito dentro del panorama internacional. 

Bolsonaro ha seguido ignorando la devastación. Este martes, se reunió con los presidentes de dos de los equipos de fútbol más importantes de Brasil para debatir sobre cómo reanudar la liga de fútbol.

Más tarde, fue entrevistado por un conocido periodista. Horas después de que el ministro de Salud de Brasil informara de más de 1.100 muertes por coronavirus, no se le ocurrió otra cosa que bromear sobre la hidroxicloroquina.

Este artículo se publicó originalmente en la edición estadounidense del HuffPost y ha sido traducido por Daniel Templeman Sauco y Marina Velasco Serrano

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