Dime cuánto cobran tus padres y te diré cómo estás de salud

Diversos estudios muestran cómo la renta de los hogares y de los barrios afecta directamente a las condiciones de salud de los niños.
Varios niños y niñas en un patio de colegio de Madrid, en febrero de 2022.
Varios niños y niñas en un patio de colegio de Madrid, en febrero de 2022.
Isabel Infantes/Europa Press via Getty Images

La igualdad es un derecho reconocido por la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU y por la Constitución Española. Sin embargo, a día de hoy es una utopía. También la Constitución de 1978 garantiza el derecho a la protección de la salud. Y esa es otra utopía. Se ve en la calle, en las noticias y en los datos. No todos partimos de base con las mismas papeletas para una buena o una mala salud (entre otras cosas).

Hace ya cinco años, la revista científica The Lancet publicó un macroestudio en el que constataba que la pobreza acorta la vida más que la obesidad, el alcohol y la hipertensión. Ahora la Organización Mundial de la Salud acaba de publicar su informe europeo de 2022 sobre la obesidad, en el que señala que uno de cada tres niños y casi dos de cada tres adultos tienen obesidad o sobrepeso en Europa, y que su prevalencia ha aumentado durante la pandemia. Los factores que favorecen el exceso de peso son varios, pero hay uno sobre el cual la OMS insta a prestar “particular atención”: el de las “desigualdades de renta y socioeconómicas”.

Un informe publicado esta semana por la organización Save the Children sitúa en un 28,1% el porcentaje de los menores de 18 años que tienen obesidad o sobrepeso en España. Este estudio también conecta el exceso de peso de niños y niñas con las condiciones de pobreza de sus hogares. Ya no es ninguna sorpresa que una cosa influye sobre la otra, pero de nuevo hay datos actualizados que lo corroboran.

“Vivir en un hogar con renta baja dispara la probabilidad de sufrir obesidad o sobrepeso en la infancia”

“Vivir en un hogar con renta baja dispara la probabilidad de sufrir obesidad o sobrepeso en la infancia”, señalan los autores del informe de Save the Children. Así, en los hogares con menores ingresos hay un 32,5% de probabilidad de que los niños, niñas y adolescentes tengan exceso de peso, mientras que en hogares más acomodados ese porcentaje baja hasta el 19%, según el estudio realizado mediante una encuesta a más de 2.000 padres y madres en septiembre de 2021.

Los motivos detrás de los datos

¿Por qué esta disparidad? Por falta de dinero para hacer compras saludables y equilibradas, pero también por falta de tiempo para poder preparar esas comidas, por falta de posibilidades para apuntar a los niños a actividades extraescolares, para acceder a un ocio no sedentario, para tratar trastornos de conducta alimentaria o patologías bucodentales, y también por culpa del entorno que, de algún modo, predispone a ello.

El último informe de la OMS sobre el tema recoge un estudio que apunta que vivir en un barrio de ingresos bajos tiene incluso más influencia en el sobrepeso de los niños que el estatus socioeconómico de su familia. De vuelta a nuestro país, un estudio publicado en 2019 por investigadores de la Universidad de Alcalá revela que, en Madrid, alrededor de los colegios de barrios de menor renta hay hasta un 62% más de establecimientos de alimentación no saludable que en zonas de renta media o alta.

“Existen obstáculos específicos que impiden que los niños con menos recursos puedan disfrutar de los mismos servicios y niveles de salud que los niños de hogares ricos”

- Alexander Elu, Save the Children

Las cifras de Save the Children lo reflejan así: uno de cada dos niños en hogares de renta alta consume fruta a diario, pero solo uno de cada tres lo hace en hogares de renta baja; el 18,1% de los niños y niñas de hogares con ingresos más bajos consume a diario dulces, mientras que ese porcentaje baja al 10% en las familias acomodadas; por otro lado, más del 71% de los hogares con ingresos altos practican actividades deportivas regularmente pero solo un 41% de los hogares de renta baja lo hace.

“Existen obstáculos específicos que impiden que los niños y niñas de familias con menos recursos puedan disfrutar de los mismos servicios y los mismos niveles de salud que los niños y niñas de hogares más ricos”, explica a El HuffPost Alexander Elu, especialista en pobreza y protección social en Save the Children.

Un círculo vicioso que va más allá de la alimentación

Manuel Franco es epidemiólogo de la Universidad de Alcalá de Henares especializado en cómo afectan los factores socioambientales en la salud, y autor de numerosos estudios sobre el tema. Cuando se le pregunta, directamente, cómo influye la renta de las familias en la salud de los hijos, enumera diversos factores. “Tiene que ver con la alimentación, el descanso, la actividad física, pero también con la salud bucodental –normalmente de pago–, o con algo tan simple como poder tener acceso a extraescolares, a vacaciones o a la cultura”, responde. “Cuando no tienes eso, tienes horas de televisión, de móvil o de tablet. Y esto afecta a la salud física y a la salud mental”, añade.

“El círculo de la pobreza te atrapa”

- Manuel Franco, Universidad de Alcalá

Lo que plantean los datos y corrobora el propio Manuel Franco es que la desigualdad y la salud se entremezclan de tal manera que las malas condiciones de vida de una persona tienden a perpetuarse a lo largo de su trayectoria y a transmitirse de forma intergeneracional en una especie de círculo vicioso. “Es el círculo de la pobreza, que te atrapa”, ilustra el epidemiólogo. “Los estudios muestran que la pobreza infantil tiene un efecto sobre la salud de los niños, pero también sobre su capacidad educativa. Esto lleva a tener peor formación, peores ofertas de trabajo, y así esa pobreza se perpetúa, probablemente también hacia tus hijos”, señala.

Qué diferencia a un barrio rico de un barrio pobre

Manuel Franco es uno de los autores de un estudio de 2022 que revela que la prevalencia de la obesidad y la diabetes es mayor en barrios con menos instalaciones deportivas, así como de la investigación de 2019 que mostró que en barrios pobres de Madrid había hasta un 62% más de locales de comida insana en un radio de 400 metros alrededor de centros educativos. Para los investigadores, estos resultados fueron “alucinantes”.

“Si vas a un colegio en Pinar de Chamartín, tienes muchas menos tiendas de comida basura que las que puedes tener en Vallecas”

“Ya sabíamos que había un gradiente social de la obesidad, y de la enfermedad en general, entre familias ricas y familias pobres; lo que no sabíamos es que había un gradiente urbano. De modo que si vas a un colegio en Pinar de Chamartín, tienes muchas menos tiendas de comida basura que las que puedes tener en Vallecas”, cuenta Manuel Franco. “Vimos que había barrios con un centenar de estos establecimientos en el radio de cinco minutos a pie del colegio”, destaca. Es lo que la OMS define como “entornos obesogénicos”.

Madrid, abril de 2022.
Madrid, abril de 2022.
Xavi Lopez/SOPA Images/LightRocket via Getty Images

Franco, que ha trabajado con familias de ingresos bajos para realizar muchas de sus investigaciones, comenta las situaciones con las que se encontraba normalmente. “Si no tienes dinero y tienes muy poco tiempo para cocinar, ¿qué va a comer tu familia? Comida hiperbarata y preparada”, resume. “Un kebab por un euro es algo fantástico; si llego de trabajar a las 10 y media, mi hijo lleva toda la tarde a su bola y a mi pareja a lo mejor ni la veo, por tres euros tenemos la cena debajo de casa. ¿Cómo va a ser eso malo? Esa es la realidad de mucha gente”, describe el epidemiólogo.

“Si no tienes dinero y tienes muy poco tiempo para cocinar, ¿qué va a comer tu familia? Comida hiperbarata y preparada”

Pero, de nuevo, no es solo la comida. “Es muy importante insertar el tema de la obesidad dentro de un conjunto más amplio de hábitos saludables”, recalca Alexander Elu; “en primer lugar porque la obesidad es una cuestión multifactorial, en segundo lugar porque no podemos caer en la estigmatización”, apunta el experto.

Por ejemplo, según el último estudio de Save the Children, la gran mayoría de niños, niñas y adolescentes que en 2021 pasaban nada o menos de una hora al día frente a una pantalla vivían en hogares de renta alta (el 79,6%); en cambio, casi la mitad (el 46,3%) de quienes dedican más de cinco horas al día frente a un móvil u ordenador residen en hogares de renta baja. “Probablemente no se pueden permitir otro tipo de fórmulas de ocio”, señala Elu.

Para mejorar la situación, impuestos a productos insanos e IMV

¿Qué debería hacerse ante este panorama? El abanico de propuestas es amplio. Con respecto a la crisis nutricional, la OMS propone como medidas más efectivas gravar con impuestos las bebidas azucaradas y los alimentos ultraprocesados, prohibir la publicidad de productos insanos para menores y limitar la proliferación de establecimientos de comida rápida en barrios de rentas bajas; pero también mejorar las condiciones sociales, culturales, económicas y urbanísticas de los barrios y de su población.

“Potenciar la infraestructura de transporte activo y el acceso a zonas verdes puede influir de forma positiva en la salud al incrementar la actividad física de la población”, señala en su último informe la organización. La OMS cita también como elementos positivos la aplicación de políticas sociales de protección, “como la renta mínima universal”, para mejorar “los niveles de empleo, educación, estado socioemocional y de bienestar” en los países.

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