¿Es positivo contar cada positivo? Dónde poner el foco en los datos del covid

¿Es positivo contar cada positivo? Dónde poner el foco en los datos del covid

De la decisión de Extremadura a un posible sistema de vigilancia centinela.

Test de antígenos.DBenitostock via Getty Images

A finales de enero Extremadura ejecutó una decisión inédita al convertirse en la primera comunidad autónoma en dejar de publicar los datos diarios de positivos por coronavirus, algo que quizá tiene más que ver con una visión de en qué datos fijarse a estas alturas de pandemia que con el secretismo.

Extremadura ni ha dejado de registrar los positivos ni de notificarlos al Ministerio de Sanidad —su cifra de contagiados, al igual que la del resto de autonomías, figura en los informes diarios del departamento de Carolina Darias—, sino que ya no los ofrece en la web del Servicio Extremeño de Salud, donde sí refleja la incidencia a 7 y 14 días.

  Captura de pantalla de la web donde el Servicio Extremeño de Salud informa de la situación epidemiológica: no publica los casos positivos pero sí la incidencia a 7 y 14 días.SERVICIO EXTREMEÑO DE SALUD

″¿Se tiene que seguir midiendo la incidencia? Sí. ¿Se tiene que seguir midiendo la incidencia caso a caso, persona por persona, en lugar de centrarse en redes de vigilancia que detecten la enfermedad grave, las variantes que están circulando y la incidencia global? Yo creo que no”, justificó entonces en rueda de prensa el consejero de Sanidad y Servicios Sociales, José María Vergeles, en rueda de prensa, como recogieron EFE y medios locales. Aunque rechazó el término de “gripalizar” la covid, abogó por “no obsesionarnos tanto por el positivo”, algo “necesario desde el punto de vista de la salud mental”.

Estos planeamientos dividen a los expertos entre quienes ven necesario un paso hacia otras maneras de medir la pandemia en un contexto tan distinto al de cuando no había vacunas y entre quienes piden cautela.

“La vigilancia está acordada a nivel nacional. Por lo tanto, en realidad no es que se deje de vigilar y no tengamos el dato. A mí me parece que si lo tienes, por transparencia, lo suyo es publicarlo”, señala Ignacio Rosellespecialista en medicina preventiva y salud pública de la Universidad de Valladolid. “Otra cosa distinta es cómo se enfoque de titulares, o de que pueda sentirse la obsesión por la información. Yo creo que un dato que se tiene hay que darlo”, recalca.

Yo creo que un dato que se tiene hay que darlo
Ignacio Rosell

Daniel López Acuña, epidemiólogo y exdirector de la Acción Sanitaria en Crisis de la OMS, se muestra contrario a la medida: “La información tiene que ser transparente, la ciudadanía tiene que estar al tanto de lo que ocurre”. En su opinión, lo que hay que construir es “una adecuada narrativa para explicar a la ciudadanía qué es lo que está pasando” y así hacer entender que “las medidas de incidencia, de presión asistencial o de mortalidad nos van indicando cómo tenemos que actuar”.

No comparte esa postura la biotecnóloga y divulgadora Lucía Almagro, conocida en redes sociales como Diario de una científica. “Veo bien no tener que estar publicando estos datos diarios de contagios a la gente de a pie porque no es relevante para nosotros. No tomamos decisiones en base a cuántos contagios hay ese mismo día o el anterior”, explica.

A su juicio, el decidir poner el foco en la incidencia a 7 y 14 días puede ser útil “para ver si es muy alta” y, en consecuencia optar por “reducir los contactos sociales”. “El número de contagios diarios para mí es irrelevante y creo que tiene que estar en poder de los profesionales que, al final, son los que toman decisiones y tienen conocimiento sobre esto”, subraya.

Incidencia... pero en la salud mental

Almagro, por su propia experiencia, defiende que ese bombardeo diario de datos “hace mucha mella en la salud mental”: “Lo veo en mis seguidores a diario, sobre todo cuando hay oleadas es cuando más consultas recibo... tengo capturas de pantalla de textos de personas que están realmente mal, que no salen de casa, que no tienen relaciones, consecuencias con sus hijos y con sus familiares bastante graves ”.

“Si pensamos recurrentemente sobre algo de manera negativa, al final afecta fisiológicamente a nuestro cerebro y puede tener efectos negativos. Librar un poco a la sociedad de esta información continua que es como un martillo diario puede aliviar y recuperar un poco la vida normal de las personas, dentro de lo que es la pandemia”, argumenta la divulgadora.

Librar un poco a la sociedad de esta información continua que es como un martillo diario puede aliviar y recuperar un poco la vida normal
Lucía Almagro

Rosell, defensor de que “la información hay que proveerla”, separa entre el hecho de que “la administración que tiene un dato lo facilite “y “el eco mediático o la orientación que se le quiera dar a este dato”. “Es evidente que después de dos años de pandemia que hay mucha fatiga y eso produce seguro una sobrecarga en la salud mental de algunas personas, la sensación de que no vamos a salir nunca de esto, etc”, admite, aunque recuerda que hay “alguna lectura optimista de la situación”, principalmente por las vacunas y las nuevas variantes.

En clave un tanto irónica, desmonta el argumento alegando que “igual no tendríamos tampoco que sacar los datos de los registros de cáncer o la mortalidad que da el INE cada año”.

“Todos estamos preocupados por el impacto que pueda tener sobre la salud mental la pandemia pero ese impacto no se elimina por eliminar la información”, sentencia López Acuña. Bajo su punto de vista, lo que hay que hacer es “construir el apoyo necesario en términos de salud mental y de información a la ciudadanía”.

“Creo que todos estos argumentos de que por la salud mental nos tenemos que quitar la mascarilla cuando todavía hay riesgo de infección o que debemos acortar las cuarentenas la verdad es como tirar al niño con el agua con el que se le baña”, agrega el epidemiólogo.

Dónde poner el foco

Acerca de si la cifra de positivos debería ser la protagonista cumplidos ya dos años de pandemia, López Acuña recuerda que “la incidencia no es el único factor que nos debe guiar”, como muchos expertos vienen diciendo desde hace tiempo.

“Es una medición importante porque mide la frecuencia de contagios y el grado en el que el virus circula y contagia, pero en estos momentos no le estamos prestando atención a una información que es fundamental y que está dando resultados muy negativos: las muertes. La mortalidad por covid en los últimos dos meses ha subido considerablemente y hemos tenido 5.000 defunciones en España”. Como lamenta, “estamos teniendo entre 150 y 200 muertes diarias en España”, y cree “que no hemos puesto a la luz pública el análisis adecuado de esa mortalidad”. No se olvida de que es necesario tener “información sobre ocupaciones hospitalarias y ocupaciones de UCIS, igual que deberíamos de tener una información mayor sobre el grado de saturación de la atención primaria”.

Estamos teniendo entre 150 y 200 muertes diarias en España y creo que no hemos puesto a la luz pública el análisis adecuado de esa mortalidad
Daniel López Acuña

Almagro se muestra partidaria de cambiar “la forma de detectar los positivos”: “La gente se ha quejado mucho del autodiagnóstico pero al final es la vía por la que vamos a tener que ir para poder convivir con este virus, porque económicamente esto no se sostiene”.

A su modo de ver, aunque la palabra gripalizar está “bastante mal dicha porque nada tiene que ver un virus con el otro”, cree que pasada la sexta ola sería el momento empezar a pensar en replantear la medición: “Para la próxima temporada pensamos que este virus será estacional. Durante el verano la transmisión no será tan alta por el modo de vida que tenemos y se podría plantear ya una estrategia de cara a la siguiente temporada gripe-covid”.

¿Hacia una vigilancia centinela?

La propia ministra de Sanidad, Carolina Darias, se mostró partidaria de “comenzar a valorar la adaptación a un nuevo sistema de vigilancia y control de la covid” una vez pasada la sexta ola. Rosell concuerda en que se podría plantear un nuevo abordaje, “pero no todavía con la enorme cifra que tenemos en esta sexta ola que vemos ya en descenso”. Así, en lugar “de la vigilancia diaria de cada caso”, pasar cuando sea razonable a vigilar “los casos que ingresan en los hospitales, los brotes en residencias, o los casos que son especialmente graves o llamativos”. Puede ser el siguiente paso, pero “más adelante”.

Otra alternativa que plantea sería mantener sistemas centinelas como se hace con la gripe. Con esa red no se vigila a toda la población pero sí se tiene a “unos médicos o enfermeras centinelas que cubren partes del territorio” que vigilan “nominalmente los casos graves” y están pendientes para alertar si detectan subidas de casos en su muestra.

“El cambiar al sistema de vigilancia centinela no será un problema cuando la dinámica de la epidemia de lo permita”, asegura López Acuña, pero lo descarta en estos momentos por las “responsabilidades de información internacional” y la “magnitud” de la pandemia.

“Será adecuado cuando tengamos una mayor endemicidad y lo que tengamos que ver sean tendencias generales y proyecciones más que número absoluto de casos, pero en estos momentos es totalmente prematuro”, ahonda.

Como explica, todo dependerá de la evolución de la sexta ola, si se produjeran más o surgieran nuevas variantes que escapen a las vacunas. “Creo que se pueden ir haciendo estudios que comparen en una misma región la eficacia de contar únicamente con una vigilancia centinela en contraste con la contabilización de todos los positivos. Si todo indica que esto puede darnos los elementos para mirar tendencias y detectar posibles picos epidémicos, se podrá ir adoptando dentro de varios meses”, sostiene. Sin perder de vista que, según el epidemiólogo, “esto no es un tema inminente”.

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