POLÍTICA
22/05/2019 07:36 CEST | Actualizado 22/05/2019 07:36 CEST

Cómo vive una campaña electoral un pueblo de 1400 habitantes

En la España rural (y casi vacía) las preocupaciones son claras: trabajo, industria, ayudas... lo que sea, pero que los jóvenes no se vayan.

CARLOS BEIZAGA
Vista de Alcolea de Calatrava.

Si una mañana de sábado buscas gente en Alcolea de Calatrava, ve al comedor de mayores. De los 1455 habitantes que tiene este pueblo ciudadrealeño, “cincuenta y pico” son usuarios de este servicio, que ofrece menús de lunes a sábado para jubilados y pensionistas por una cuota de 75 euros al mes. 

Todavía no son las dos de la tarde y por allí ya han pasado Nemesio, María José, Celia, Elena, Julio y Olga, que recogen el menú (con primer plato, segundo y postre) para llevárselo a casa. De ellos el único jubilado es Nemesio, de 89 años, pero los demás tienen padres, madres, suegros o abuelos usuarios del comedor. Falta sólo una semana para las elecciones municipales, autonómicas y europeas del 26 de mayo, y son conscientes de ello, aunque no todos llegan a la cita electoral con la misma ilusión. En lo que sí coinciden es en la forma de votar: aunque la ideología cuenta, “en las municipales se vota sobre todo por la persona”. 

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Nemesio Robles, después de recoger su comida en el comedor.

Nemesio, que se describe como “el socialista más antiguo del pueblo”, tiene muy claro a quién va a votar. “Yo no varío”, dice con una sonrisa. Reconoce que está contento en el pueblo y que no echa nada en falta. “Ya va habiendo ambiente”, comenta. “Coño, que antes decían que en Alcolea tenían que hacer una báscula [para pesar aceituna]. Pues ya la tienen”. 

Lo que le falta a este pueblo es gente joven.Olga, 48 años

“La gente se va a la ciudad a ver si trabaja y esas cosas, pero se está aquí mejor”, sostiene Nemesio. Aun así, sabe que no todo el mundo piensa igual: “Algunos dicen que echan de menos un polígono industrial. Que todos los pueblos tienen y este no”.

“Lo que le falta a este pueblo es gente joven”, opina Olga, de 48 años. Y no está equivocada: en los últimos 18 años, Alcolea ha perdido 189 habitantes o, lo que es lo mismo, casi el 13% de su población. “La gente joven tiene claro que quiere volar, aunque luego vuelva”, señala María José, de 49 años. Ella, que tiene dos hijos, explica que a su hija “le gusta más el pueblo”, pero “se va a ir a Ciudad Real porque allí hay más oportunidades y se ha cogido un piso”. “Lo bueno que tiene Alcolea es que cuando se trabaja fuera, Ciudad Real pilla a un paso [17 kilómetros]”, afirma. Con todo, la gente se va.

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María José Ortiz y Celia Poblado.

“Mis hijos están en Ciudad Real, el pequeño está estudiando y el mayor está trabajando en el hospital, así que les salía mejor cogerse un piso allí”, cuenta Elena, de 53 años, a la salida del comedor social. Ella está contenta en Alcolea —“aquí tengo mi trabajo y estoy muy bien, no necesito coche”—, pero al mismo tiempo es consciente de que al pueblo le falta vida: “Si no hay nada aquí, ¿qué van a hacer? La gente joven se hace a la ciudad, tienen su trabajo y aquí tampoco hay mucho para divertirse. Ya ves tú lo que tenemos aquí...”.

El eterno dilema. “Reto” es la palabra que más se repite en Alcolea de Calatrava cuando se habla de despoblamiento rural. Y los primeros que sacan a relucir este término son los propios políticos: desde Ángel Caballero —alcalde del PSOE desde hace 36 años— hasta Santiago Coello —candidato del PP desde hace cuatro legislaturas—, pasando por Eduardo Plaza, que se estrena como candidato del PSOE a la alcaldía. 

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Eduardo Plaza, candidato del PSOE a la alcaldía, en la panadería de su familia, donde trabaja.

Con dos campañas electorales en menos de un mes, Eduardo se ha curtido a marchas forzadas. Pero no le ha costado mucho tomar el pulso de la calle, como dicen en política. “Todo el mundo te da la enhorabuena, te dicen que te van a votar, aunque sabes que algunos no, te paran, te saludan, te piden cosas…”, cuenta el candidato. ¿Qué es lo que más le piden? “Lo obvio. La gente joven se va y la población está muy envejecida”, responde. “Ángel [Caballero] lo ha hecho muy bien, ha hecho mucho hincapié en la formación, en la preparación, en que la gente estudie. Pero después de haberse formado, la gente busca trabajo donde puede”. Y el trabajo no siempre —casi nunca— está en Alcolea.

Los jóvenes como yo no tenemos curro por ningún lado.Julio, 28 años

“El pueblo está genial”, afirma Julio, alcoleano de 28 años. “En unos 20 años ha mejorado muchísimo: centro social, ayuda a domicilio, comidas, lavandería, residencia de día para mayores, todo. El problema es laboral más que de infraestructuras. Los jóvenes como yo no tenemos curro por ningún lado. Si sigo viviendo aquí es porque tengo suerte y mi trabajo —de mozo de almacén en una fábrica— pilla cerca, en Piedrabuena [a 8 kilómetros]”.

“Desde las grandes ciudades y desde el gobierno no se está haciendo nada para evitar la pérdida de población”, denuncia el joven. Y propone: “Aquí habría que montar cooperativas, dar vida de nuevo al campo, retomar lo de antes”.

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La plaza del pueblo, con propaganda electoral.

Para lograr el objetivo de “fijar población”, Eduardo Plaza es consciente de que “se necesitan políticas más amplias de las que pueda llevar a cabo un Ayuntamiento”. Pero él insiste: “Quiero que si una pareja o una persona joven decide irse de Alcolea, que sea por motivos que se escapan de nuestro control. Porque en Ciudad Real haya más luces o más zonas de ocio, pero que no sea porque echan algo de menos para ellos o para sus hijos”.

Entretanto, dos clientes interrumpen (sin querer) la entrevista con el candidato. Eduardo es panadero y no puede dejar descuidado el negocio. ¿Es fácil compaginar la panadería con la candidatura? “Para empezar, es difícil ser persona y ser candidato. Porque tienes que seguir limpiando la casa, haciendo la comida, yendo a comprar, llevando al gato al veterinario... Es complicado. Y más si le sumas que mi trabajo es un poco peculiar, porque me levanto a las 3 de la mañana”, explica. Sus compromisos políticos en campaña son varios, ya sea acudir a reuniones, montar el programa electoral o acompañar una tarde a las señoras que rezan a diario en las cruces de mayo, una tradición muy popular en Alcolea.

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Tres mujeres bajan de rezar el rosario en la ermita de la Santa Cruz.

Basta darse una vuelta rápida por el pueblo para entender que, efectivamente, la población está envejecida y que el horizonte no pinta bien: cuando hace diez años en las aulas de la escuela había unos 20 niños por curso, ahora apenas llegan a la decena y ya hay clases que juntan dos niveles.

De hecho, si hay algo en lo que se ponen de acuerdo el PP y el PSOE de Alcolea es en esto. “Fijar la población es el mayor reto del pueblo ahora”, ratifica Santiago Coello, candidato del Partido Popular a la alcaldía. “Hemos creado un problema: hay muchas infraestructuras y muchos servicios y ni siquiera hay gente para mantenerlos”, apunta. 

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Vista de la plaza con propaganda electoral.

Para ello, su equipo apuesta por “fomentar la familia” y “bajar los impuestos”. “En el Ayuntamiento no puede haber superávit”, señala. “El dinero público está para gastarse”. Dar ayudas y bonificaciones a las familias, e incluso “atraer a población de otros países”, son algunas de sus propuestas para estimular la natalidad.

Otro punto en el que coincide con su contrincante es en la idea de que “la política no es un medio de sustento, es una responsabilidad”. Por eso Santiago Coello agradece tener una “profesión liberal no sujeta a horarios” —la abogacía— que le permite estar en la oposición y escuchar “a la gente que no comulga con el equipo de Gobierno o se siente indefensa o minusvalorada”. “Puedo compaginar el atender a mis clientes con hacer oposición, ir a las comisiones y a los plenos”, detalla.

La política no es un medio de sustento, es una responsabilidad.Santiago Coello, candidato del PP a la alcaldía

De comisiones y plenos sabe mucho Ángel Caballero, quien, después de 36 años como alcalde, dejará el bastón de mando en los próximos días. En todos estos años, sus funciones han pasado de consistir en “firmar los papeles de los chicos que tenían que ir a la mili y cambiaban el turno” a gestionar “la empresa más grande del pueblo”. “Si alguien se hubiera ido hace 30 años del pueblo y volviera ahora no lo reconocería. Todas las infraestructuras son nuevas, todos los edificios públicos se han cambiado, igual que se ha mejorado el pavimento, el alumbrado público, el saneamiento, el agua, las instalaciones deportivas”, enumera. “Ha cambiado radicalmente. Y creo que ha sido sobre todo gracias a la llegada de la democracia y de las Autonomías, ahora que se cuestionan tanto”, indica.

CARLOS BEIZAGA
Ángel Caballero

Caballero deja el cargo satisfecho, pero con la espinita de no haber superado el “reto” del que hablaban los candidatos a sucederle: el despoblamiento rural. “El problema no es de hoy, aunque sea ahora cuando se empieza a percibir”, asegura. Él se llevó el “susto” cuando se casó su hermana, hace 27 años: “De nueve parejas que se casaron, ocho se fueron del pueblo”.

“Nosotros [el Ayuntamiento] hicimos pequeñas cosas: subvencionamos la licencia de obra de la primera vivienda, al que mantuviera la casa bonita le dábamos para que pintara la fachada, dábamos ayudas para quien se compraba un equipo informático, en su momento dimos el cheque bebé… Ha habido pequeñas medidas, pero el problema del despoblamiento no lo arregla un Ayuntamiento, creo que ni siquiera una Comunidad Autónoma, y no sé si lo puede arreglar Europa”, predice. “Esto es un tema cultural. Hay casos en los que se ha puesto una fábrica en un sitio y la gente no se va a vivir allí. Hay quien dice que el problema es que tenemos muy buenas carreteras”, bromea.

El problema del despoblamiento no lo arregla un Ayuntamiento, creo que ni siquiera una Comunidad Autónoma, y no sé si lo puede arreglar Europa.Ángel Caballero, alcalde desde 1983

“Por desgracia, creo que esto es imparable. Me da una pena tremenda, porque todo el esfuerzo que ha supuesto y todo el dinero que se ha invertido en construir los pueblos en estos 30 años no va a ninguna parte”, lamenta.

¿Aún queda esperanza? Quizá en casos como el de Celia, de 34 años, que pese a ser de Ciudad Real se vino al pueblo hace diez años porque su marido es alcoleano, y ahora no se imagina su vida en la ciudad. O como el de Pedro, de 76, que después de 40 años trabajando en Madrid en el Hospital Militar Gómez Ulla se volvió a Alcolea de Calatrava a disfrutar su jubilación. Pedro, que es de los pocos usuarios del comedor que prefiere comer allí antes que llevarse los tuppers a casa, reconoce que de vez en cuando echa de menos la capital porque allí “hay más vida, hay teatros, hay cines, restaurantes…”, pero luego las raíces le pueden. En Alcolea tiene su casa y su tranquilidad. “Hay más calidad de vida, no hay tanta contaminación, hay más armonía, más paz…”, dice. Y eso, ahora, no lo cambiaría por la ciudad.

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