Carlos San Juan, el septuagenario que hace reflexionar a los bancos: "No es justo ni humano"

Se queja de la excesiva digitalización que hay en la banca y de los problemas que tienen las personas más mayores.
Carlos San Juan, la voz de los pensionistas contra los bancos.
Carlos San Juan, la voz de los pensionistas contra los bancos.
Carlos San Juan

“Soy mayor, pero no idiota”. Este es el eslogan de una reivindicativa campaña contra la digitalización de los bancos a la que ha puesto voz Carlos San Juan, un médico jubilado de 78 años, y que ya ha conseguido más de 285.000 firmas en la plataforma Change.org.

Defiende en su escrito que en los últimos meses ha visto como se han cerrado sucursales y se ha prescindido de trabajadores con el objetivo de ir hacia un sistema digital alejándolo del modelo presencial. Sin embargo, no todo el mundo está acostumbrado a las tecnologías y, directamente, no todo el mundo tiene un ordenador en casa.

“Esto no es ni justo ni humano. Antes entrabas en la caja y hacías un pago o cualquier otra gestión. Pero cada vez más, para trámites sencillos, te exigen usar tecnologías complejas que muchos no sabemos utilizar. Muchas personas mayores están solas y no tienen nadie que les ayude, y otras muchas, como yo, queremos poder seguir siendo lo más independientes posibles también a nuestra edad. Pero si todo lo complican y cierran las oficinas, están excluyendo a quienes nos cuesta usar internet y a quienes tienen problemas de movilidad”, denuncia.

San Juan empezó a pensar sobre el cambio que estaba viendo hace unos meses, tras tener un incidente en su banco, con el que ya lleva 51 años. Al poner la tarjeta, el cajero se la tragó y, cuando preguntó a un trabajador si se la podían devolver, le dijeron que al final de la jornada.

Por suerte, otro trabajador se la entregó y no tuvo que quedarse hasta el final, pero recuerda que se la dio de malos modos hasta el punto de que reconoce que se sintió “humillado”. Aunque le pidieron disculpas tanto presencial como telefónicamente, “de una manera casi robotizada”, comenzó a darse cuenta de que mucha gente mayor tenía el mismo problema que él estaba sufriendo.

“Observé que alrededor mío había situaciones mucho más dramáticas que la mía. Personas con problemas de movilidad que venían desde más de un kilómetro porque les habían cerrado su sucursal y no les atendían. Les decían de forma paternalista que fueran con sus hijos o nietos y les enseñaran la aplicación, que si no venían tenían menos posibilidades de coger el coronavirus”, relata.

San Juan, que padece parkinson y asma, señala que la mayoría de los bancos están haciendo los mismos movimientos. “Nos limitan el horario y si llegas un minuto más tarde de las 11 no te atienden, los cajeros son complicadísimos y conseguir una cita previa por internet casi requiere un máster...”.

Además, niega cuando le justifican que esta digitalización se debe al coronavirus. “Después del confinamiento y hasta hace no mucho podías ir con cita previa y te atendían cumpliendo las normas sanitarias”, explica.

Él en todo momento deja claro que no se opone al progreso, sino que únicamente pide que se haga a dos velocidades: una para los nacidos tecnológicamente hablando y otra para los que no lo son. “Tienen que comprender que los jóvenes están dotados física y mentalmente mientras que yo tengo la meten bien, pero sufro mis patologías, no estoy tan acostumbrado y me siento más indefenso ante una agresión exterior. Lo único que quiero es ser independiente y no sentirme un trasto”, sentencia.

San Juan argumenta que los bancos operan como servicio público e, igual que ocurre con la sanidad, deberían estar al alcance de todos de una manera sencilla: “Lo son porque las nóminas las cobramos por ahí obligatoriamente, se pagan las multas, los recibos, etc. No se pueden poner estas dificultades de limitación de horarios, de acceso para las personas con dificultad motora o para las personas que viven en medios rurales”.

Pone de ejemplo que una persona mayor que cobre 900 euros de pensión pueda verse con un pago inesperado de 50 ó 100 euros: “En ese momento necesita un trato personal no restringido y que se pueda pedir fácil y que no sea de manera telemática”.

Además, reflexiona con que de esta forma la sociedad entera se está convirtiendo en trabajadores sin remunerar de los bancos. “Hacemos nuestros trámites, no les damos trabajo, manejan nuestro dinero, tienen beneficios de cifras casi obscenas y encima les rescatamos”.

El Banco de España como objetivo

El fin de toda esta iniciativa, describe San Juan, es que el Banco de España les escuche y les ayude ante las entidades privadas.

“La idea sería la de hacernos oír y que nos escuchara el banco de España con el objetivo de ampliar y restablecer una atención personal fácil para que nos expliquen las cosas”, detalla.

Sin embargo, no termina de confiar en que los presidentes de los bancos les hagan caso: “Por un lado pienso que no creo que tengan el corazón de piedra y que no les remueva o no entiendan la situación, pero luego oigo que no atienden ni a los medios así que como para atender a unos ancianos”.

San Juan acaba resumiendo en pocas palabras todo lo que está viendo: “El tema del coronavirus les ha venido para establecer un sistema de hacer el trabajo de ellos y además pagar. Es una situación paradójica e inhumana”.