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05/09/2021 10:09 CEST | Actualizado 05/09/2021 10:09 CEST

Carta al Sr. Otegi

Los Múgica no perdonamos ni olvidamos ni nos vemos afectados de humillación

EFE
Otegi.

He introducido Sr. en el título de la misiva por una cuestión de educación, de la que usted siempre careció al conculcar el derecho primigenio, el derecho a la vida. Deduzco que usted ha participado o amparado algunos de los 379 asesinatos de ETA sin resolver. Propone la cifra el Parlamento Europeo, que enviará una comisión a esclarecer tan fatídico número. Lo hace sabiendo de la incapacidad del Sr. Sánchez para buscar la verdad que no busca destapar; él y usted se dedican a los bailes de salón sobre el suelo donde moran los muertos del terrorismo. Mi certeza hacia su actitud criminal nace de su funesta historia, la de un cobarde.

En 1977 huye a Francia. Usted es un activo de ETA durante los años de plomo. Pongo la mano en el fuego: seguro que señaló y propuso asesinatos. Lo contrario sería improbable. En aquella década de sangre y explosiones cientos de vascos, chivatos, señalaban a ETA futuros velatorios. Usted, al ser miembro de la organización, decidía qué existencia segar.  Está demostrado que fue autor de robo de bancos, de extracción de vehículos a mano armada, del asalto al gobierno militar de San Sebastián y de un secuestro. Cierto que en 2012 dio sus más sinceras (mentira) disculpas a las víctimas de ETA y aclaró que sentía de corazón haber añadido un ápice de dolor, sufrimiento o humillación a las víctimas del terrorismo. Las víctimas del terrorismo no queremos su compasión, aspiramos a su desaparición cívica, menos aquellas que, atacadas del síndrome de Estocolmo, se han acercado a la abyecta dirección de su partido, a las que respeto. Las disculpas, las sinceras, no se dirigen a un colectivo, están destinadas a la persona maltratada con perfidia y alevosía. Pida perdón a la familia de Luis Abaitua, al que secuestró. Solo entonces los demócratas le escucharemos, eso sí, apretando los dientes. La protección que le brinda el presidente del Gobierno siembra una sombra de duda en la calidad democrática del último, abundada al indultar a aquellos que persiguen romper la patria.

Usted engaña a gran parte de su electorado. Exprese lo que no reconoce y asume, hay sobradas encuestas, que la mayoría de los vascos estamos en contra de la independencia. Los que habitan Euskadi saben que semejante entelequia les privaría del Concierto, lo que afectaría a sus bolsillos. Usted siempre fue un mentiroso y desde hace años un maniqueo, la peor ralea de la política de la que usted es un aprendiz, ya que se ha ganado el liderazgo de Bildu gracias a su capacidad de ser un lobo con piel de cordero. En una mesa de debate con cabezas políticas, no los presuntos profesionales que ignoran las voces de la calle, usted dudaría lo mismo que un pastelito de nata en una merienda. Con alguien de pocas luces, la secretaria del Partido Socialista de Euskadi, resulta fácil acordar la estupidez.

Esta semana ha declarado que le gustaría discutir de humillación. Hay demasiadas víctimas del terrorismo que se sienten humilladas cuando usted y sus balasarras celebran la excarcelación de un terrorista. Gran parte de la sociedad vasca se percibe humillada; otro tipo de terror ha regresado a las aceras, el acostumbrado, aunque sin atentados, el del silencio. Casi nadie habla en público de política en Euskadi, a la mesa de un restaurante o chiquiteando, y menos de su pandilla de alcahuetes que maridan miedo y convivencia. 

Condeno desde aquí a parte de la judicatura que hace la vista gorda al delito de enaltecimiento del terrorismo, que usted encabeza al ordenar que se reciba con música a los etarras que salen de la cárcel.

Los Múgica no perdonamos ni olvidamos ni nos vemos afectados de humillación, sentimiento que sustituimos por el empeño en el combate democrático. Nos guía la bendita bandera de la libertad, bajo la cual usted caerá rendido, despojado de discurso y parabienes; no de vida, una de las muchas que mandó quebrar.

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