Carta a una madre en duelo

El 15 de octubre es el Día mundial de concienciación sobre la muerte gestacional y perinatal.
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Querida mamá,

Si tu bebé acaba de fallecer quiero que sepas que lo siento. Lo siento de veras.
Que la única cosa que te puedo decir es que te entiendo, que sé lo que sientes, que es una PUTADA con mayúscula y que de veras me gustaría poder tener palabras de consuelo, pero creo que no las hay.

También me gustaría decirte que te abrazo en la distancia. Que llores hasta que te quedes seca. Que todos los sentimientos que tienes y tendrás son válidos. Que la pena que te ahoga y el vacío y la ansiedad que sientes te están diciendo que te duele, mucho, que tu hijo/s o hija/s hallan fallecido. Que la culpa que pesa es nuestra peor enemiga y te recomiendo afrontarla. Que el dolor del cuerpo y el corazón refleja que nos hemos roto y que de alguna manera nosotros también hemos muerto. Que la noche oscura que vives por momentos tiene sentido, aunque asuste. Que tener unas ganas tremendas de volver a ser la de antes y no sentirte mal es lícito. Que sentir que tu vida se ha parado y que no sepas como continuar también lo es. Que hacer como si no pasase nada y no darte por enterada es un mecanismo de defensa ante el dolor que este tsunami a todos los niveles provoca en nosotros. Que la gente te dirá muchas frases poco acertadas que, lejos de consolar, quizás te harán más daño. Que por momentos, por días te sentirás mejor o peor porque irás tomando conciencia de lo ocurrido. Que darnos y pedir lo que necesitamos a los demás es necesario. Que te escuches, que permitas tu sentir, tu dolor, tu apartarte de lo que ahora no puedes soportar porque exponerte es como echar sal en la herida.

Sé que probablemente ahora veas todo oscuro y es normal que sea así pero también me gustaría decirte que existe esperanza. Que cuando te permites sentir el dolor y le das espacio, puedes digerirlo, abordarlo e incluso transformarlo en nostalgia. Que puedes usar el enfado como impulso hacia adelante. Que la envidia es una emoción sana de por sí y solo trata de decirte que te habría gustado que las cosas fueran de otra manera. Que puedes sanar la herida y te quedará la cojera, pero puedes disfrutar de esa vida que no habías planeado. Que puedes maternar en el corazón.

Que la ausencia puede ser presencia. Que debajo del dolor encontrarás el amor de tu hijo/a y le darás valor al tiempo compartido y a su presencia en tu vida. Que hay un camino opcional al dolor y al sufrimiento y si decides tomarlo puedes aprender a caminar de nuevo desde el amor y en el amor.

Ojalá puedan servirte mis palabras y al menos te sientas entendida y acompañada.

Un fuerte abrazo,

Eirene